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Se hace camino al andar #pasajeseguroya

29 de febrero de 2016. POR

No dudes nunca de la capacidad de un grupo de ciudadanos conscientes y comprometidos para cambiar el mundo. De hecho, siempre ha sido así.” (Margaret Mead.)

Una llamada a la parte menos deshumanizada de la condición humana. Ese espacio común que el tiempo hace tan pequeño que acabamos convencidos de que nunca existió. Esa parte que no nos pertenece porque forma parte del principio que rige nuestra propia existencia: La Vida. Un principio tan básico que nadie cuestiona. Tan “incuestionable” que lo acabamos olvidando a medida que cubrimos de  mantas su cuerpo desnudo y muerto de frío.

Participantes en la marcha del sábado por un pasaje seguro

Participantes en la marcha del sábado por un pasaje seguro

La última manta es la que cubrirá tu cadáver. Y en ese instante nos damos cuenta de que tantos años de progreso son incapaces de evitar su último temblor, de arropar  ese frío que te cala hasta los huesos.

Cuando somos conscientes, leyendo a la filósofa y activista Patricia Manrique, de que tantos cambios no cambian el sentido de un último aliento. De que tantas armas no defienden esa “vida desnuda”. Que las balas no cierran las cicatrices, que las bombas de racimo no cosen las heridas, que las vallas de concertinas no abrigan. Que los pasajes a ninguna parte no son pasajes, sino condenas de muerte. Que las pateras y la luz de las patrulleras el único camino que muestran, demasiadas veces, es el del fondo del mar. Que ningún progreso, que se olvida de este principio tan básico, es progreso, sino un paso más  hacia una deshumanización, sin más valores que un “valor de cambio” demasiadas veces usado.

Mientras ayudo a mi vecino a descargar el tractor de leña, hablamos de todo un poco y acabamos en otro de esos lugares comunes.- ¿Y de qué  sirve? Si los políticos cada vez “mandan” menos y, los que mandan, lo hacen obedeciendo al único dios: el Dinero. Además Yo bastante tengo con lo mío. «No somos héroes», me dice con una media sonrisa al tiempo que descarga  el último tronco de leña.

Esa misma persona se levanta a las seis de la mañana y vuelve a casa a las diez de la noche. Esa misma persona con otro nombre, otro trabajo, otra vida diferente, o quizás no tanto, hace lo mismo en el puerto, en la fábrica, buscando trabajo durante horas, día a día, semana a semana. La misma persona, con diferente nombre, se tira diez horas todos los días subida en el andamio, fregando escaleras, trabajando en el supermercado, en la oficina, la escuela, el hospital, sacando adelante a sus seres queridos. Huyendo de un día a día que no tiene horas suficientes. La misma persona, espera, al otro lado de la valla.

Se hace camino al andar

Se hace camino al andar

No eres un héroe…le digo; y él sonríe de nuevo: -Ya me estás liando. La necesidad aprieta, me dice. Que no te veas en otra igual…recuerda a nuestros padres, y a sus padres antes.

Y, de repente, la medida de la distancia cambia, el desconocido no lo es tanto, porque su vida es ese pedazo de vida que nos podría haber tocado vivir a cualquiera de nosotros. Porque solo es cuestión de suerte haber nacido a este lado de la frontera. Porque eres consciente de que podrías ser tú. De que te podría pasar a ti.

-Espera un poco, me dice mientras entra en el garaje y saca de una vieja caja acartonada  un librillo de Bertolt Brecht. Mira:

¿Quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas?/En los libros figuran sólo los nombres de reyes. ¿Acaso arrastraron ellos bloques de piedra? /Y Babilonia, mil veces destruida, ¿quién la volvió a levantar otras tantas?/ ¿Quiénes edificaron la dorada Lima?,  ¿en qué casas vivían? / ¿Adónde fueron la noche en que se terminó la Gran Muralla, sus albañiles? /Llena está de arcos triunfales Roma la grande. Sus césares ¿sobre quienes triunfaron? /Bizancio tantas veces cantada, para sus habitantes, ¿sólo tenía palacios? /Hasta la legendaria Atlántida, la noche en que el mar se la tragó, los que se ahogaban pedían, bramando, ayuda a sus esclavos. /El joven Alejandro conquistó la India. ¿El sólo? / César venció a los galos. ¿No llevaba siquiera a un cocinero?/ Felipe II lloró al saber su flota hundida. / ¿No lloró más que él? /Federico de Prusia ganó la guerra de los Treinta Años. ¿Quién ganó también?/Un triunfo en cada página. / ¿Quién preparaba los festines?/Un gran hombre cada diez años. ¿Quién pagaba los gastos? A tantas historias, tantas preguntas. (Poema: héroes anónimos).

Saláh, arquitecto, hijo, padre, pareja,  profesor de universidad en Alepo, ciudad de casi cuatro mil años de historia. Su casa destrozada y sus vecinos muertos…su miedo…nuestros miedos. Su voz…nuestro silencio. Hasta hace solo unos días no sabía su nombre, su historia. Su vida cambió de la noche a la mañana.

Y cómo él miles. –A tantas historias, tantas preguntas-. Súper-vivientes anónimos que hacen camino al andar. Cada una con una historia en el reverso de un pasaje que no llega. Con una historia que pide asilo en nuestra conciencia. Tantas preguntas como historias, como nombres detrás de cada rostro anónimo. Como caminantes que no pueden mirar atrás porque no les dejan. ¿Y mirar hacia delante?

Algo pasa si reivindicar algo tan normal se convierte en extraordinario. #pasajeseguroya


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