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El diván del poeta

20 de abril de 2016. POR
VerS.O.S

VerS.O.S

«Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas

(«En el camino». Jack Kerouac)

Nunca sabes donde puedes encontrarte un clavo ardiendo al que agarrarte para seguir viviendo. La ciudad se nos muestra, muchas veces, como ese lugar inaccesible –rodeado de gente nunca estuve tan solo-.

Y deambulas sin saber a dónde vas. Te dejas llevar por el sonido del claxon de un taxi, por las prisas de un peatón, atrapado en el paso de cebra justo cuando el color cambia de sentido y no hay vuelta atrás. Por la indiferencia de los rostros tapizados por el plástico de las últimas rebajas.

O simplemente por el tintineo de una lluvia enroscada a tus zapatos. Siempre a punto de tropezar acabas dando un paso más. No hay final para un recorrido donde nunca hubo principios.

Pero existen estaciones intermedias, lugares de peaje donde parar a reposar el tiempo perdido. El sonido de una guitarra, un piano, unos versos disfrazados de poesía, un micro abierto, y voces que recitan como si no existiera un mañana. Porque el mañana no existe, porque siempre es hoy y ahora.

Y tus oídos, mal acostumbrados por tantos gritos de oficina, reproches cargados de estrés y facturas, demandas imposibles de satisfacer y urgencias que solo desaparecen con un billete de más…tus oídos se desperezan despertando al resto de tus sentidos: El tacto del verso, el gusto del verso, el olor al poesía, la mirada del poeta…

Decides entrar y te encuentras versos danzando como peonzas enloquecidas, interesados tan solo en girar y girar buscando un sentido al sinsentido de las cosas.

Y te encuentras bocas abiertas para paladares inquietos que se comen a mordiscos cada segundo de su existencia. Que gritan, susurran, guardan silencio y todo por separado y todo al mismo tiempo.

Te encuentras poetas ardiendo en llamas sobre los rescoldos de sus propias poesías inacabadas. Poetas que no son poetas porque son Poesía.

Últimamente se reúnen en varios sitios, uno de ellos es el Centro Gallego de Santander. Os mentiría si os digo que no bostezan,  lo hacen porque la vida a veces pesa.

Apoyados sobre “El Diván del Poeta” y con un micrófono, abierto a todas aquella personas con versos a flor de piel, se niegan a vivir bajo el dogma de la Indolencia, de la indiferencia, poniendo cada una de sus voces a servicio de “Los sin voz”. Si vas caminando sin rumbo fijo quizás los encuentres. Quizás seas uno de ellos y aún no lo sepas.

El Diván del Poeta es el nuevo espacio que dedica el restaurante del Centro Gallego de Santander a los poetas y la poesía en general. Una sesión de micrófono abierto en la que poetas, poetisas y declamadores podrán subirse al escenario a compartir sus textos con el público.

Este Jueves 21 de Abril  a partir de las 21 hrs, de la mano de Pilar Fernández y Carmen Sánchez Diezma, será dedicado a «Los que Más Sufren», -Los Niños-, en tránsitos migratorios o víctimas de la codicia humana actual, según sus propias palabras.

 

Comentarios

  1. Rangel Alvarez

    Una idea magnífica .
    Al fin hay un sitio donde se hable de las alegrías y penas del alma.
    Felicidades


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