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Adiós, Cholo

25 de abril de 2016. POR
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Mateu Lahoz, explicándole al Cholo Simeone los motivos de su expulsión.

El fútbol, como deporte, cada vez merece menos la pena. Lo creo así porque el arte del engaño gana a la deportividad por goleada. Piscinazos, penaltis injustos, equipos privilegiados, repartos económicos desiguales, salarios desorbitados, fraudes a Hacienda, regueros de comisiones, politización. Corrupción. Demasiadas rutinas que desatan crispación y desafección. Algo parecido a lo que le ocurre a la política, a los partidos y a las instituciones.

Pero dentro del mayor espectáculo, allí donde la teatralidad se impone al deporte, a veces suceden cosas que permiten creer.

Como la expulsión del entrenador del Atlético de Madrid, el Cholo Simeone, responsable último (y primero, vistas las imágenes) del lanzamiento de un segundo balón al campo con el objetivo de detener el partido en pleno contragolpe del adversario. Conducta antideportiva, poco ejemplar.

El árbitro, que señaló hace muchos años uno de esos penaltis injustos, surrealista, en el mismo escenario, el Vicente Calderón, en una semifinal contra el Racing de Santander en la que se inventó una pena máxima a cinco metros del área de castigo, Mateu Lahoz, este domingo estuvo sembrado: “Te voy a expulsar. Es segurísimo. Adiós, Cholo”. Contundente, ágil y elegante.

El sancionado tuvo que ver la segunda parte desde la grada, el mismo lugar que le correspondería a cualquier político o empresario que se haya comportado de manera poco ejemplar o indecente. Porque, ¿Cómo sería la vida pública de aplicarse la misma diligencia de Lahoz a la política o la economía?

Por ejemplo, si eres el presidente de un partido y demuestras conocer todos los procedimientos para la financiación irregular, cuando rodeado por las sospechas se publica un mensaje de texto al tesorero: “Luis, sé fuerte”. Qué bien hubiera venido un árbitro como Mateu en la Audiencia Nacional: “Te voy a expulsar. Es segurísimo. Adiós, Mariano”.

O cuando está documentado e instruido en los tribunales que la intervención de un Gobierno regional en un equipo de fútbol (para rescatar a dos empresas privadas) ha supuesto un quebranto patrimonial a las arcas públicas valorado en 43,8 millones de euros, los partidos de los investigados hubieran actuado: “Os vamos a expulsar. Es segurísimo. Adiós Gelo, Adiós Javier”.

O cuando una empresa recibe contratos públicos cuando ha sido condenada o multada por prácticas contra la competencia – contra el dinero de todos- o que directamente recibe adjudicaciones irregulares, si tuviéramos una administración que respondiera: “Os vamos a expulsar – por un tiempo-. Es segurísimo. Adiós (ponga aquí el nombre de la empresa de construcción o servicios que le venga a la mente)”.

Necesitamos más Mateus, porque aplicar bien la norma da motivos para creer en la Justicia. Y es lo que necesitamos algunos: creer en el fútbol o creer en la política. Da lo mismo.

Y más Cholos, que es un tipo coherente. Es canchero, no oculta que necesita de otras artes, de ese otro fútbol de pillos, al límite del reglamento, para estar al nivel del Madrid o del Barcelona. Y cuando es cazado no emprende huidas hacia adelante. “Está en el vídeo, poco más puedo decir”. ¿Diría lo mismo Pablo Iglesias si se confirmara la financiación de Venezuela o Irán?

Luego está Antonio Hernández Mancha, que no está confirmado pero podría ser vieja política, salpicado por los Papeles de Panamá. Bien podría haber hecho como el Cholo. “Está en los documentos que muestra La Sexta, poco más puedo añadir”.

Por el contrario, nos regala una sarta de excusas para no dormir. “Mi mujer se enamoró de un piso en Pintor Rosales; me han suplantado; el notario de Luxemburgo es tóxico, abrí esa cuenta en Suiza pero no entró ni un franco…”

Ahora necesitamos un Estado como Mateu, más maduro que el que ha permitido la evasión de capitales, que le llame a capítulo y le diga: “Te vamos a empurar. Es segurísimo. Adiós, Hernández Mancha”.

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