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Sobre la pobreza energética y el bipartidismo

30 de diciembre de 2016. POR

||por Antonio Hontañón Abad, Responsable Área Socio-sanitaria de IU Santander||

Hace apenas unos días hemos asistido al fenómeno de la contraprogramación televisiva trasladada al espacio de lo institucional. El mismo día en que la plataforma #NoMásCortesDeLuz convocaba a la ciudadanía a manifestarse bajo el lema “¡Acabemos con las tarifas abusivas y los cortes de luz a las familias sin recursos!”, el bipartito que gobierna y se vigila al mismo tiempo, ese PPSOE materializado finalmente, anunciaba a bombo y platillo el principio del fin de la pobreza energética.

Según explicaba el portavoz socialista, el incesante Antonio Hernando, tras la muerte el pasado 15 de noviembre de Rosa, una anciana de 81 años que se alumbraba con velas por no poder pagar la luz, algunos se “pusieron a trabajar y otros a protestar”.

El entrecomillado deja a las claras la catadura moral del personaje, retratado en los últimos tiempos de tal forma que no hace falta extenderse. En lo que sí merece la pena detenerse es en el trasfondo de esta operación mediática, más allá de las herramientas empleadas.

El bipartidismo y su hijo sietemesino, el bipartito, escogen el mismo día que la sociedad civil combativa con la poco disimulada intención de forzar el contraste entre lo estéril de la protesta en la calle frente al trabajo institucional, siempre que este trabajo lo protagonicen ellos.

Protesta en Santander contra la pobreza energética

Protesta en Santander contra la pobreza energética

Basta con que PP y PSOE se pongan de acuerdo para que un problema que lleva años de lucha detrás de su solución, vea llegar la hora del “principio del fin”. Uno de los grandes valedores del actual equilibrio de fuerzas titulaba así la noticia, “unos pactan contra la pobreza energética y otros se manifiestan”. La contraposición entre lo útil y lo accesorio, la política real frente a la política infantil de la izquierda de toda la vida. Naturalmente, sin tiempo que perder, se da rienda suelta desde las terminales mediáticas a la reflexión de destrucción masiva que se pretende inocular en la población; a la izquierda no le gusta que se termine con la pobreza energética si quien lo hace es el PP.

Es una mentira-matrioska, que funciona como las muñecas rusas del mismo nombre. Unas se superponen sobre otras, hasta formar un conjunto de apariencia única.

Si el PP quisiera haber terminado con la pobreza energética, tuvo numerosas oportunidades para hacerlo en la anterior legislatura, en la que cabalgaba desbocado a lomos de su mayoría absoluta. Yo voy a recordar una, en concreto fechada el 17 de diciembre de 2013. Ese día, en votación plenaria del Congreso de los Diputados, el grupo popular rechazó con 172 NO frente a 153 SÍ la Propuesta de Ley de medidas para prevenir la pobreza energética, presentada por el grupo parlamentario de la Izquierda Plural, en el que se encontraba Izquierda Unida.

Ese día, hace más de 3 años, el PP votó NO a una ley que iba mucho más allá de lo que irá su tímida aproximación al problema, rematando la faena con la intervención de su portavoz, que comenzaba así: “Señorías, quisiera comenzar mi intervención solidarizándome con todas aquellas personas que efectivamente, y más en estas fechas, sufren y tienen dificultades para mantener un hogar en condiciones básicas de habitabilidad, y son víctimas de lo que se ha venido a denominar la pobreza energética. Es cierto que desde el inicio de la crisis ha habido un incremento progresivo de personas con riesgo de pobreza y exclusión social, pero también lo es que el Gobierno está haciendo verdaderos esfuerzos por desarrollar e implementar todo tipo de medidas de carácter social con el objetivo de garantizar la sostenibilidad del Estado del bienestar.”

Quien hacía estas afirmaciones no era otro que Francisco José Flores Lamuza, diputado del PP, cuya relación con el bienestar social consiste en haber sido Presidente de la Autoridad Portuaria de Alicante entre 1996 y 2007, y fichado ese año por Francisco Camps, consejero de Infraestructuras y Transportes de la Generalitat Valenciana, cargo en el que se mantuvo hasta el 2011.

Cuesta encontrar entre los hermanos Dalton un currículum tan inquietante, y sin embargo ese era el perfil que escogía el PP para dar la réplica a nuestra propuesta de ley para terminar con la pobreza energética.

El señor Flores terminaba su intervención con estas palabras: “En definitiva, señoría, este proyecto de ley que se debatirá el jueves va a recoger esas inquietudes que tienen, se incluyen las directivas, se garantiza el suministro eléctrico a menor coste, se refuerzan los mecanismos de protección del consumidor actualizando la normativa de contratación de suministro y, sobre todo, se mantiene y se mejora la protección a los consumidores vulnerables. (…) le puedo decir que pueden estar tranquilos porque la preocupación y sensibilidad del Gobierno para buscar soluciones a cualquier problema de carácter social es más que patente, soluciones en las que se incluyen las iniciativas planteadas en esta proposición de ley sobre medidas para prevenir la pobreza energética que usted formula y, por tanto, no se considera justificada su aprobación, por lo que nuestro grupo votará en contra.”

Han pasado ya tres años desde estas palabras. La ley a la que hacía referencia el diputado del PP, esa que iban a debatir el jueves siguiente, y que iba a mejorar la protección de los “consumidores” vulnerables, es la misma que ahora reforman de urgencia con la colaboración del PSOE de la gestora. En un país en el que la pobreza energética origina más de 7.000 muertes al año, la frivolidad con que se instrumentaliza con fines bipartidistas un asunto tan grave debería dejar en el lugar que les corresponde a sus protagonistas.

En el año 2014, el suplemento de un medio tan poco sospechoso de amigo de la subversión como es El Mundo, publicaba una lista con los ex altos cargos del PP y del PSOE que formaban parte de los consejos de administración de las empresas eléctricas. De la lectura de esa lista se concluye que el PPSOE es una de las canteras más fructíferas de dichos consejos, con nada menos que 43 presencias.

Es por tanto comprensible que desde la izquierda observemos con escepticismo las medidas del PP contra la pobreza energética. Y con estupor la deriva del PSOE de la gestora, empeñado en continuar sumido en una especie de síndrome de Dorian Gray que incluye negación de la realidad y huida hacia delante, sin reparar en las consecuencias, ni en lo mal que envejecen los impostores.

 


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