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Escenarios sin fronteras: el teatro, cargado de futuro

6 de julio de 2017. POR

||por RAMÓN QU||

Dicen que el teatro es el arte cívico por excelencia, el ágora privilegiada donde los ciudadanos se enfrentan a sí mismos. En los escenarios, la ciudadanía contemplaría hechos voz, gesto y movimiento, sus deseos y frustraciones, sus virtudes y sus defectos, sus amores y odios, sus conflictos y sus esperanzas. Espejo trágico o cómico, el teatro nos mostraría la verdad que habita en nuestras sociedades y corazones.

UN TEATRO DEL MUNDO LLENO DE FRONTERAS

Un momento de la representación

Sin embargo no todo el teatro es así, ni siquiera la mayoría de las obras que se representan responden a este ideal.

El teatro dominante en nuestra cultura, como prácticamente todo en ella, es el teatro espectáculo.

Un teatro que busca más el entretenimiento y la distracción que la reflexión y la crítica. Un teatro enfocado más a seducir, que a inducir a pensar. Un teatro que simula y disimula, en vez de mostrar y demostrar.

En definitiva, un teatro válvula de escape lejos de esa plaza pública donde ficción y realidad habrían de maridarse para representar y dar vida a las inquietudes, miedos y anhelos de los ciudadanos.

Como en los continentes y países, como en las civilizaciones y culturas, como en los grupos y en los corazones, en este teatro espectáculo también hay fronteras. Fronteras entre lo representado en los escenarios y lo vivido en la calle, fronteras entre los personajes de ficción y las personas de la existencia real, fronteras entre el dentro y el afuera, entre el nosotros y el vosotros, entre el público y los actores, entre las candilejas con techo y las farolas sin hogar.

Es romper todas estas fronteras que separan, marginan y empobrecen lo que pretende “Un escenario sin fronteras”

UN NUEVO TEATRO DEL OPRIMIDO

Quien pasease el pasado 24 de noviembre por la Plaza Porticada vería llamada su atención por una pequeña aglomeración de personas. Puede que entonces se acercase a comprobar que ocurría y que, al verlo, exclamase: “¡Vaya, teatro de calle!”. Y acertaría… pero solo en parte. Y acertaría solo parcialmente porque aquella representación callejera no estaba protagonizada por actores profesionales o aficionados, sino por los protagonistas reales de las escenas que se representaban. En efecto “aquello” era teatro sin techo, sobre gente sin techo, representado por las propias personas sin techo.

Y es que, pocas fechas antes, Cáritas había pedido colaboración a la Agrupación Escénica Unos Cuantos para hacer una representación callejera en el “Día de las personas sin hogar”. Ni corto, ni perezoso, el director de Unos Cuantos, Juan Manuel Freire, se dirigió a la Cocina Económica e inició los ensayos con los marginados y sin techo que quisieron colaborar. Nacía así un nuevo compromiso en el comprometido grupo teatral: el teatro del oprimido protagonizado por las propias víctimas de la opresión.

En palabras de la presidenta de la Agrupación Teatral Unos Cuantos, Isabel Tejerina: “El origen de esta experiencia es que, como Unos Cuantos no podemos atender a toda la demanda de los colectivos sociales que nos piden que actuemos para ellos, hemos decidido iniciar este laboratorio teatral de la vida: dirigir a quienes resisten, animarles a la denuncia desde la escena, invitarles a convertir en teatro su propia existencia. Son pequeñas escenas de mimo y expresión corporal, sencillas, sin apenas texto. Se meten en ellas de inmediato”.

Sin embargo esta no era la primera vez que Unos Cuantos hacía este particular teatro del oprimido. Anteriormente había colaborado con la asociación ACCAS (Asociación Ciudadana Cántabra Anti SIDA). Y de nuevo sería con ACCAS, o más exactamente con su proyecto Dínamo de inclusión social, con el que establecería una nueva “alianza teatral” que ha dado lugar a “Un escenario sin fronteras”

POR UN MUNDO SIN FRONTERAS, UN ESCENARIO SIN FRONTERAS

“Un escenario sin fronteras” es un montaje teatral que presenta el Taller de Inserción Socio-laboral Dínamo con la colaboración de la Agrupación Escénica Unos Cuantos que presta guiones, dirección y apoyo técnico.

La obra la protagonizan los propios miembros del Taller de inserción social y algunas trabajadoras del mismo. Una verdadera “ONU”, una auténtica bandera arco iris, una macedonia de culturas vital y refrescante, compuesta por toda una gama de acentos, tonos y colores: subsaharianos, marroquíes, colombianos, argentinos, españoles. Doce actores y actrices que cuentan cuentos, miman, leen, actúan por primera vez…

Representarán cuatro escenas:

-Escena 1: “A todos nos contaron cuentos…”
Escucharemos cuentos de otras culturas y naciones relatados por aquellos que nacieron con ellos y cuya infancia transcurrió entre sus personajes y peripecias.
-Escena 2: “Una persona a quien nadie ve”
La invisibilidad como forma dolorosa de manifestarse la marginación y la exclusión.
-Escena 3: “Un tazón de caldo”
A veces quien da no sabe que está recibiendo. Independientemente del color de la piel.
-Escena 4: “La cruzada de los niños”
Un texto de Bertolt Brecht de hiriente actualidad.

La obra se representará el sábado 8 de julio, en la Casa de Cultura Genoz, de Cacicedo de Camargo.

En palabras del director de la obra y de Unos Cuantos: “Dirigir, con la ayuda de Isabel Tejerina, el grupo que se formó en el Taller de Inserción Socio-laboral DÍNAMO está siendo una de las mejores experiencias teatrales de mi vida. Ensayamos, si hace frío, en un cuarto; y si no en el espacio que deja libre una furgoneta de reparto, en el interior de una nave dedicada al reciclado y elaboración de papel ecológico. Ha ido avanzando nuestro trabajo actoral en medio de complicidades y risas, de dedicación y esfuerzo. Entre voces que hablan el español con acento de Camerún, de Argentina, de Colombia, de Marruecos; de España también. Qué bien suena esta armonía, forjada a partir de la diversidad”

Dar voz a los que no tienen voz, pero no con la voz prestada de actores y actrices profesionales o aficionados, sino con su propia voz, gesto y presencia es lo que hay en el fondo de este teatro del oprimido, de este escenario sin fronteras. Nadie es más que nadie, decía Antonio Machado, y eso mismo vienen ellos a decirnos: con otras voces y una mímica que, a fuer de expresiva, se vuelve palabra.

Si puedes, no te quedes sin escucharlos.

 


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