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El ingeniero que tiende puentes

16 de julio de 2017. POR

Pablo Zuloaga junto a Pedro Casares

“¡Papá, es Papá!” Sentado en el regazo de su madre, Pablete no estaba acostumbrado a ver a su padre hablar con tanto protagonismo, interés y expectación como despertó en La Lechera. Tampoco los más viejos del lugar recordaban un ambiente socialista y a la vez tan cálido como el día que presentó en Torrelavega la alternativa para el PSOE de Cantabria. 16 de junio de 2017.

Cuando Pablo Zuloaga ganó el Ayuntamiento de Bezana, Pablete era aún muy pequeño como para recordar un vuelco histórico en un municipio cansado de ser ciudad dormitorio de Santander. Un municipio que es como la familia Zuloaga: ha crecido, tiene hijos. Incluso nietos. Cambian las necesidades, tiene otras prioridades que requieren de gestión municipal.

Zuloaga puede presumir de tener una vida profesional anterior a la política. Es Ingeniero Técnico en Obras Públicas, al igual que Bea, su mujer. Está muy bien valorado en su gremio por estos dos años de gestión municipal. El decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Quique Conde, vicesecretario también de CEOE-Cepyme, que está en plena batalla didáctica contra las bajas temerarias y los sobrecostes pone a Bezana como un Ayuntamiento de buenas prácticas.

No está nada mal percibido ni mal valorado en círculos empresariales. Y tiene interiorizado, lo verbaliza, que el paso por la dirección del partido o por el Gobierno es por el tiempo que decidan los militantes o los votantes.

EL ASCENSO DESDE EL MUNICIPALISMO

Zuloaga no ganó las elecciones pero rompió la mayoría absoluta de un PP caciquil en 2015. Sostuvo sus cuatro concejales pero mejoró el resultado en tres puntos, hasta un 22% frente al 14% del PSOE en las autonómicas aquella misma jornada. Obtuvo 251 votos más que en 2011, pese a la irrupción de nuevos partidos como Ciudadanos y Ganemos-IU.

Supo negociar: con los regionalistas, al tiempo que se fraguaba la reedición del pacto PRC-PSOE en Cantabria y con los independientes de Bezana, con Milagros Bárcena. Sin necesidad, porque le salían las cuentas, integró en el pacto a Ganemos-IU. PP y Ciudadanos se quedaban sólos en la oposición.

Así que Zuloaga tiene en su currículum una línea para su capacidad de diálogo y de entendimiento con Podemos, en un tiempo de acercamiento entre el morado y el rojo del PSOE.

En este mes y poco desde la tarde-noche de La Lechera, Pablo Zuloaga ha sabido llevar una agenda municipal coherente con sus mensajes en las primarias socialistas. Hizo una consulta popular sobre la ubicación de los mercados y se fotografió con el concejal de Podemos.

Una demostración de que sabe gobernar en coalición. Lejos de ser una concesión al adversario, se apropió de una idea compartida con un futuro aliado: la urna, la democracia.

LOS TELETUBBIES AL PODER

Las fotografías transmiten mucha información y Pablo Zuloaga pertenece a una generación de socialistas que lo entienden mucho mejor. Se afiliaron en los años de hegemonía del PP de Aznar, se echaron a las calles contra la Guerra o por el Prestige y han madurado en la escuela del municipalismo.

De hecho, se puede decir que la victoria de Zuloaga es por él (por los suyos) y por todos sus compañeros (los que se batieron con la dirección saliente en el pasado).

Pedro Casares, su aliado en esta victoria, fue la opción (oficialista entonces, respaldado por Gorostiaga) que apoyaba Zuloaga en el Congreso de Juventudes Socialistas de Unquera. Se veían ganadores frente a Antonio Bezanilla y la derrota fue una gran lección. “Nos quedamos así mirando como tontos, como Teletubbies”, explicaban entonces al que quisiera escuchar.

Durante mucho tiempo se autodenominaban Teletubbies para así subrayar su candidez. Una Inocencia que dejaron tiempo atrás. Aquello fue en el verano de 2007, ha pasado toda una década.

En la recta final de estas primarias inauguró un vial que conecta Bezana con el municipio vecino, Piélagos, gobernado por una compañera de partido, Verónica Samperio, tan joven como Pablo Zuloaga, pero en el lado opuesto en este proceso.

Aquel día no sólo trasladó lealtad institucional y normalidad democrática: en la recta final de la campaña recibió un impulso añadido: Miguel Ángel Revilla, a sus pies. Con todo lo que eso puede significar, en un partido con la moral minada, fagocitado electoralmente por el socio.

LA COMPLICIDAD DE REVILLA

Habrá quien lo vea como una anécdota, pero el presidente de Cantabria escuchando el discurso del alcalde de Bezana, ese día también candidato a renovar el PSOE, tenía significado en clave de partido. Por si quedaba cualquier duda sobre la estabilidad futura de la relación PRC-PSOE.

Es más, Revilla se encargó por activa y por pasiva de separar el proceso interno socialista, no sólo del pacto de Gobierno, alejando la duda que sembraban los adversarios de Zuloaga como último recurso para no perder el mismo sillón que les ha visto acomodarse. Incluso separó las primarias del PSOE, como un proceso positivo, de las crisis de PP, Ciudadanos o Podemos.

Revilla asumió el discurso de Zuloaga mucho más que el de sus socios de Gobierno y activó de paso otra clave: que a Pedro Sánchez le defendió más el líder del PRC que la dirección cántabra del PSOE, cuando sufrió el golpe palaciego del primero de octubre en Ferraz para facilitar una cómoda investidura a Mariano Rajoy.

Zuloaga, Pedro Casares y un grupo representativo de dirigentes municipales  supieron entender la gravedad del momento para el PSOE. Venían de pedir un voto a los suyos, en sus ámbitos, que significaba que “no es no”. Rechazaron compartir la traición a la militancia y a su electorado. Y cuando se abrió el tiempo de las primarias federales fueron valientes o cogieron la rueda buena, según se mire (si es lo segundo transmitieron inteligencia).

LA SEÑAL DEL SANCHISMO

Pedro Sánchez ganó en Cantabria con un 70% de los votos cuando los pesos pesados de la dirección del PSC-PSOE había señalado las otras dos opciones: Susana Díaz o Patxi López. Bonifaz no quiso reconocer nunca la lectura principal de aquella noche del 21 de mayo: se les habían revelado las bases.

De facto lo hicieron cuando esa misma noche de primarias salieron de forma coordinada a subrayar la lealtad de la federación cántabra con el secretario General del PSOE. Pero no era cierto. Eva Díaz Tezanos no había sido tan neutral: se puso de perfil en un momento histórico. Y todos sus ascendientes señalaron oficialismo en lugar del cambio que representaba Pedro Sánchez.

La siguiente muestra de que habían entendido el mensaje, pero no del todo, fue el intento de negociación de una candidatura unitaria para seguir mandando, con una concesión menor como era entregar el 60% de la Ejecutiva a los sanchistas; no lo entendieron del todo, porque lo que las bases querían es que se marcharan, un cambio de liderazgo, savia nueva para renovar y recuperar al PSOE de Cantabria.

Hubo negociación pero no pacto. “El futuro del PSOE no se decide entre dirigentes en un despacho; se decide por los militantes en una urna”. No se ha cansado de repetirlo Zuloaga. Lo cierto es que un grupo menos conocido de dirigentes municipales que estaba por el cambio terminó de convencer a Casares y Zuloaga.

Cuando el 6 de junio Díaz Tezanos anunció de forma precipitada que se presentaba a la reelección, los sanchistas cántabros replicaron que habría alternativa, cuando no se conocía quién la representaría. Y el mejor candidato iba a ser Pablo Zuloaga (aparte de la incorporación además de Pedro Casares a la Ejecutiva Federal de Pedro Sánchez en Madrid).

Es decir, el movimiento que ha destronado al aparato de Bonifaz es mucho más que unos Teletubbies que perdieron la inocencia en Unquera. Pedro y Pablo, los Picapiedra (¿La generación Little Rock?) tendrán que responder de la mejor manera posible a los cambios esenciales que les piden militantes y convencer antes de 2019 a los simpatizantes.

Las primarias han cambiado al PSOE para siempre. El rumbo del partido ya no se decide en un despacho ni entre barones territoriales. Pablo Zuloaga y cualquiera que aspire a liderar el PSOE tendrá que responder a los únicos deseos de las bases. Convencer. Consultar. Ganar o perder. Creer en la democracia. Y seguir.

Comentarios

  1. perry mason

    ¿pero estos no tienen segunda vuelta para que el aparato cambie el voto de los militantes a pucherazo limpio? ¿están tontos o qué?

  2. Viriato

    O sea, que no ha trabajado nunca.

  3. Joaquín Bonet Maza

    No estoy de acuerdo con algunas de las conclusiones que sacáis de la posición política de gran parte de la afiliacion, que en su día como decís mayoritariamente apoyo con avales y con su voto a Pedro Sánchez, y AFILIACION que está convencida de que hay que dar vuelta a un partido que cada vez se aleja más de la sociedad y de los trabajadores, pero eso no significa para nada que él no apoyar a Pablo Zuloaga significa no querer renovación, eso es lo que interesa decir con obscuras intenciones de asalto al poder, la agrupación de Santoña en la que milito, saca un alto apoyo a Pedro Sánchez en las Primarias, y ahora una parte muy importante ha apoyado a Eva, ¿que somos, proscritos, no renovadores, oficialistas?, no será que no creemos que sea Pablo Zuloaga el mejor en estos momentos para llevar la dirección del PSOE en Cantabria. No dudo que en un futuro pueda serlo, pero ahora mismo yo personalmente no lo veo, pero acató la decisión de la mayoría y Pablo Zuloaga es mi Secretario General. Pero lo mismo quiero que se respete el resultado de las Primarias y se forme un Comité Regional proporcional a los resultados, vigilante y trabajando por el bién común.
    De momento en mi Agrupación de Santoña ayer no se han cumplido con el resultado de las primarias y de un 11/6 a favor de EVA hemos pasado a un 10/7. Es mi humilde opinión.

    • Oscar Allende

      Es una opinión muy respetable que podías haber expresado sin tratar de deslegitimarnos con la alusión a “oscuras intenciones”, que entiendo que se vea como muy normal entre quienes se mueven en el mundo de los partidos y los medios clásicos. Estamos fuera de tu partido y de otros partidos, así que esas claves, más internas que del mundo exterior, francamente, no nos interesan ni nos parecen importantes.


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