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Aporofobia, el rechazo al pobre

1 de Agosto de 2017. POR

Los pequeños sitios crecen cuando en ellos nadie hay, / y deambulas entre las paredes, chocándote, /mirando hacia todas partes te parece escuchar / a la locura llamando no le dejes entrar. 

Cuando Nada, vale Nada era el grito de socorro del grupo Soziedad Alkoholika a una sociedad narcotizada por agujas clavadas en la córnea de la Indiferencia. Una indiferencia que habita en esos pequeños sitios, en esos lugares comunes donde tiramos la basura sin mirar si hay alguien más ocupando su lugar. Y dejamos la bolsa apoyada sobre su cuerpo sin darnos cuenta de quien late bajo los cartones, de que alguien habita ese pequeño lugar en el extrarradio de nuestras conciencias.

Con el pañuelo azul de fiestas atado al cuello admiramos deslumbrados la tormenta de fuegos artificiales que nos revienta los tímpanos. La sonrisa petrificada y los ojos boquiabiertos para no perder detalle de esa lluvia de colores, formas e imágenes que, por unos minutos, nos trasladan a un universo catatónico más allá de un horizonte levantado para que no veamos que se esconde debajo. Y entre los ruidos de fuegos artificiales,  petardos, carcajadas, gritos, música, fiesta y semana grande, no te vemos deambular entre las paredes de nuestra ciudad, chocándote con nuestras espaldas y sintiendo como el empujón de la indolencia te aparta de nuestro camino. Y, muchas veces, ni siquiera lo hacemos por desprecio o por odio, sino simplemente porque no te vemos. De una simpleza desgarradora. De una simpleza homicida.

Como a un anormal a ti te miran, / unas miradas sucias y esquivas, / muchos además se están riendo / ignorando tu miseria, / pero a ti esas sonrisas te hacen más daño / que mil agujas clavadas en los dedos, / despegando una por una cada uña de la piel / arrancando cada uña. / Tirado como un trapo en cualquier lado, / pasando noches entre cartones, / disfrutar de los sueños, / recompensa sobrevivir.

 

Porque el peor “delito” es no verles, es no hacer nada

 

Según HATENTO, el Observatorio de Delitos de Odio para las Personas sin Hogar, un 60% de los incidentes o delitos de odio por aporofobia cometidos por jóvenes de fiesta implican agresiones físicas y en un 40% insultos o trato vejatorio. Un 47,1% de las personas entrevistadas informan de, al menos, un incidente o delito relacionado con la aporofobia durante su historia de sinhogarismo. Un 81,3% de las personas sin hogar entrevistadas habría pasado por este tipo de experiencias en más de una ocasión. 1 de cada 3 ha sido insultada o ha recibido trato vejatorio y 1 de cada 5 ha sido agredida físicamente. (Fuente, datos de la noticia y más información en Hatento.org).

En palabras de Adela Cortina, autora de “Aporofobia, el rechazo al pobre”:

El problema es de pobreza. Y lo más sensible en este caso es que hay muchos racistas y xenófobos, pero aporófobos, casi todos. Es el pobre, el áporos, el que molesta, incluso el de la propia familia, porque se vive al pariente pobre como una vergüenza que no conviene airear, mientras que es un placer presumir del pariente triunfador, bien situado en el mundo académico, político, artístico o en el de los negocios. Es la fobia hacia el pobre la que lleva a rechazar a las personas, a las razas y a aquellas etnias que habitualmente no tienen recursos y, por lo tanto, no pueden ofrecer nada, o parece que no pueden hacerlo.

Y de ahí surge el término aporofobía construida a partir de la palabra de origen griego aporos (pobre, sin recursos) y, al igual que  “xenofobia” y  “homofobia” la dotamos de ese carácter connotativo  como respuesta a la necesidad de encontrar un nombre que identifique esa realidad de rechazo, de injusticia, tan cotidiana que corremos el riesgo de no verla, de normalizarla. De ahí la necesidad de nombrarla para visibilizarla, para darle un marco explicativo a nuestras acciones. Porque, como menciona la autora en su libro:

 Desgraciadamente, la vida cotidiana no puede entenderse sin poner nombre a ese mundo de fobias como las mencionadas que, como veremos, consisten en el rechazo a personas concretas por tener una característica que las inscribe en un determinado grupo al que se desprecia o teme, o ambas cosas a la vez, precisamente por gozar de esa característica. En ese mundo existe el rechazo al pobre, la aporofobia.

De ahí que esos  lugares no sean tan pequeños y sean nuestros zulos particulares para no llenar de sombras esos fuegos artificiales en los que, día a día, reventamos los tímpanos de nuestras conciencias.

Quizás, a partir de ahora, te vea. Quizás mire si habitas el lugar donde tiro la basura. Quizás ponga la mirada a la altura de tu horizonte. Quizás te reconozca a la entrada del súper, junto a la caseta de pinchos de feria, en el cajero donde rindo cuentas. Y quizás hable contigo, y quizás entre los dos busquemos una solución. Y quizás así deje de ser otro más de los que su vista apartó al pasar por tu lado:

De rodillas estás / rodeado de ropa sucia, / la mano que  tienes extendida, / nunca para de temblar, / no para de temblar, / de frío, de cansancio, y algo más, / las sombras se vuelven alimañas, / cuesta distinguir la realidad / cuando la vida no vale nada, cuando nada, vale nada ya. Perdóname porque yo he sido uno más, / yo he sido otro más, / otro más de los que su vista apartó al pasar por tu lado, / quise disimular, como si no fuera nada conmigo.

Nota: Los versos del artículo forman parte del tema  “Cuando Nada Vale Nada”  del grupo Soziedad Alkoholika (S.A).


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