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La globalización del terror

18 de Agosto de 2017. POR

||RAMÓN QU. PERIODISTA Y ESCRITOR ||

La barbarie recorre el mundo como un fantasma negro de sangre. El odio se ha hecho una segunda atmósfera y el miedo es la brisa que nos acompaña. El espíritu de venganza acampa en el horizonte y sabemos que la noche será larga.

Estados desarrollados imperialistas que violentan pueblos y naciones por intereses económicos y geoestratégicos; estados nacidos de la independencia colonial que torturan a sus propios súbditos para alimentar castas indecentes; estados fallidos: territorios de saqueo, crímenes y muerte.

La guerra de los señores del mundo con su insaciable sed de poder, recursos y mercados. Y los señores de la guerra que campean por la pobreza de sus propios pueblos, añadiendo más sudor al sudor y más sangre a la sangre.

Terror organizado de los estados imperiales para afianzar su poder neocolonial; terror organizado de los estado indígenas para asegurar a una casta de la propia nación los benéficos de la venta de materias primas; señores de la guerra que venden al mejor postor su capacidad de extender la muerte por territorios ahítos de dolor y pobreza; grupos terroristas que utilizan la violencia más extrema para imponer su criminal voluntad de poder, sus convicciones de clara raíz fascista.

Todas ellos caras de este poliedro de barbarie en que se está convirtiendo un planeta azul de miedo, odio y violencia.

¿Seremos capaces de romper esta espiral de sangre?, ¿podremos sesgar ese nudo gordiano que nos ata a lo más cainita de nuestra condición?, ¿el callejón sin salida del terror podrá dar lugar a una calle con bancos, farolas y triciclos?

Difícil muy difícil, porque hay que acabar con ese cuarteto del poder y el horror que desgobierna sobre las injusticias, desigualdades y crímenes del mundo, y cuyos componentes se combaten al tiempo que se alimentan mutuamente: las potencias imperiales y sus halcones, las potencias regionales y sus buitres, los señores de la guerra y sus chacales; los grupos terroristas y sus lobos en manada o solitarios.

Pero no queda otro camino si es que queremos que unos y otros, propios y ajenos, cercanos y lejanos, prójimos y extraños, al encontrarnos en las encrucijadas del azar y la historia, podamos volver a mirarnos a los ojos sin miedo, odio y deseos de venganza.

¡Víctimas del mundo, uníos!

 


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