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Gildas

18 de octubre de 2017. POR

Haciendo utopía desde lo cotidiano

No sé cómo será en otras partes, pero Aquí, a pocos metros de ti, entre esa cotidianidad, que a veces parece devorarlo todo sin dejar apenas espacio para respirar, sucede algo. Aquí se fabrican sillas y tristezas, tijeras y violines, transistores, diques, bromas y tazas,  poesía y pintxos.

Una partitura en la que cabemos todas, que no pide carnet, ni “vida laboral”;  solo las ganas de “hacer algo”. Donde no crecen brotes verdes, sino la “mala hierba” de una insurgencia hecha a golpe de domingo, de utopía pegada en la sartén de un fogón que no se apaga nunca, que arde en llamas reduciendo a cenizas tanto tópico y prejuicio. De pensamiento libre y emancipador transitando de arrugas y cañeros, de cicatrices y desvelos. De reinventar y repensar  lo cotidiano hasta hacerlo revolucionario. Y  horas, muchas horas, negociadas, luchadas, arrebatadas al “bastante tengo yo con lo mío”, al “no me da la vida para nada más”  o al “entre esto y lo otro no me queda tiempo “pa ná”. A tanto -“eso” es cosa de Hombres”.

Y, sin embargo, Ellas, cada una de ellas; las que empezaron, las que siguen, las que ya no están, las que se irán, las que llegarán, Ellas son Siempre, porque sacaron tiempo de donde no lo hay, porque lograron acumular instantes y recuerdos inolvidables en la retina de quien se para a mirar. De quien se para a pensar. De quien se para a sentir. Porque se arremangaron para construir futuro a golpe de presente. Para hacer un Nosotras cada vez más grande.

Porque entre el “esto” y lo “otro” consiguieron que hubiera de todo: Había pinturas, cinescopios, empanadillas, incluso pañuelos para lágrimas. Había música y arte, risas y delantales, apoyo mutuo y conciencia crítica. Había lamparones y libertad, de esa que se escribe con la minúscula de la mano anónima que echa una mano, que teje redes con puntadas de día a día, de paso a paso, de mes a mes, de año a año (y ya son veinte, y los que vendrán).

Puede que en otros sitios haya lugares así, aunque nadie los encuentre bonitos. Puede que los lugares dependan de las personas que los habitan, de sus ganas, de sus esfuerzos, de su compromiso, de su corazón. De personas comunes, con nombre de Mujer,  capaces de hacer cosas extraordinarias. De hacer real el efecto mariposa de la solidaridad y la justicia social y que un gesto cotidiano tenga su réplica, a miles de kilómetros, en forma de escuela, de proyecto de canalización de aguas, de  empoderamiento de la mujer como pilar básico de cambio en sus respectivas  sociedades. En el pellejo de quien se juega la vida día a día;  en su rostro, en su mirada, en su latido. En ese día a día que te da la vida y que te la quita.

 

Porque “20 años no es nada” pero, para mucha gente, lo han sido Todo. Gracias Gildas.

 

Y todo sucede en ese paréntesis, en ese “tiempo de nadie” donde no nos da tiempo a hacer nada. Y todo sucede en el espacio que queda tras el “que puede hacer yo”. En el espacio entre el “te entiendo pero…”. Todo sucede ahí, AQUÍ, en esa tierra de nadie que dejamos que muera de inanición. Y precisamente ahí, precisamente AQUÍ  es donde algo cambia, donde la hierba mala es hierba buena, donde la tierra yerma es Tierra, donde el surco de azada se enreda en las venas de quien se rebela frente a tantas frases hechas, a tantos lugares comunes de la indiferencia, de la intolerancia, construidos también desde lo cotidiano.

Ya, ya sé lo que estás pensando. Aquí no hay nada duradero, porque desde siempre hasta siempre está en manos de los elementos. Pero date cuenta: los elementos se cansan rápido y a veces tienen que descansar mucho hasta la próxima vez. Y sé qué más estás pensando. Guerras, guerras, guerras. Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas. Firmes -la gente es mala. Descansen -la gente es buena. A la voz de firmes se produce devastación. A la voz de descansen se construyen casas sin descanso y rápidamente se habitan. La vida en la tierra sale bastante barata. Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo. Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.[1]

Porque hay quien cree que lo duradero es seguir intentándolo, no rendirse. Que lo duradero está en cada instante que aprietas los dientes y te levantas, otra vez. Que es normal cansarse y agobiarse, debatir, incluso discutir.  Porque piel contra piel hace caricia y a veces también rasguño, es normal, es la vida.  Pero todo cicatriza, y esas cicatrices son diferentes, las miras con orgullo, las muestras desnudas porque nacen de sentir, de las ganas de cambiar el mundo de las minúsculas, ese que es verdaderamente grande porque no se olvida del nombre de nadie. Y, aunque para demasiados vivir sale demasiado caro, por los sueños, como dice Szymborska, no se paga ni un céntimo, por las ilusiones sólo cuando se pierden. Por eso son tan necesarias las manos que tejen esas redes que no dejan que ni una ilusión se pierda: Por eso son tan necesarias Las Gildas en cualquiera de sus formas, sexos  y colores. Porque, como ellas mismas dicen, 20 años no es nada. Aunque, gracias a Ellas, para mucha gente, es Todo.

Nota: El próximo Domingo  22 de Octubre, a partir de las 13 hrs,   Inauguración 20ª temporada de LAS GILDAS. Lugar: Bar Canela. Plaza Cañadío, Santander.

[1] Este extracto, al igual que el resto del artículo está inspirado y  “mezclado” con el poema  “AQUÍ” de  la poeta, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1996, Wisława Szymborska. Sus palabras, hechas verso,  transitan cada una de sus líneas, de sus puntos, de sus comas. El artículo, si tuviera dueño, la pertenece, es gracias a Ella.


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