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Solos en el Mediterráneo: el día de los 500 rescates

7 de febrero de 2018. POR

Lo que más sorprende (o entristece, o cabrea, ya ni sabemos) al escuchar a gente como al rescatador cántabro Nico Calzada es que hay toda una rutina de los rescates a refugiados en alta mar.

Es decir, las ONGs con sus barcos tienen personal formado (normalmente profesionales de servicios de emergencias varios que acuden al Mediterráneo en sus períodos de descanso o vacaciones), que se mueven en el Mediterráneo localizando embarcaciones de la mano de ONGs como Open Arms y atendiendo a quienes van dentro.

Una rutina de la huida, una costumbre de la desolación.

Nicolás Calzada, Nico, cántabro, santanderino (le hemos tenido hoy en EL FARADIO DE LA MAÑANA de ARCO FM), es un profesional de esto. De Salvamento Marítimo, su trabajo. Y de los rescates a refugiados, desde hace más de tres años, ha estado en Lesbos.

Nicolás Calzada

 

Y aunque uno diría que el Mediterráneo es muy grande, lo cierto es que allí ya se conocen todos.

-Están ONGs como a la que pertenece, Pro Activa Open Arms, con un barco para rescates en alta mar.

-Están los barcos de la Armada, que cuando hacen rescates “son marca España”, “pero cuando los hacemos las ONGs creamos efecto llamada”.

-Están los guardacostas libios, que por la noche cobran a los refugiados por salir de su país y por el día les devuelven a sus costas, impidiéndoles salir.

-Y están, a bordo de los barcos, las mujeres libias, madres de piel negra con hijos de piel clara, “casi todos son hijos de violaciones”

-Están los gobiernos, “y un ente invisible llamado Frontex que debería estar patrullando”.

Antes había más embarcaciones velando por los rescates en el Mediterráneo, peor la “presión” de los guardacostas y de las autoridades europeas ha hecho que “baje mucho” y ahora sólo hay tres barcos “para muchísimas millas”. Y entre temas mecánicos o de tripulaciones, los tres no están operativos siempre. A veces no hay ninguno.

“EL DÍA DE LOS 500 RESCATES”

Hace nada, en la segunda quincena de enero (cuesta de enero, apuntarse otra vez al gimnasio), Nico estuvo, en sus vacaciones, en la zona de Libia, donde este profesional del rescate ha asistido al rescate más difícil de su vida. Fue al límite de las aguas libias, a doce millas, adonde llegaron desde el Puerto de Malta.

Normalmente es el Centro de Salvamento Italiano el que les avisa de que han localizado, desde el aire, “target” (objetivos), pero esta vez, cuando se dirigían en la lancha a la zona donde se hacen los rescates se encontraron, directamente el primer día, una embarcación con casi 500 personas. “Moribundas”.

Las embarcaciones llegan cargadas al Mediterráneo (Foto: Nicolás Calzada/Open Arms)

 

Había muchas mujeres (unas 150) y niños (75), y, sobre todo, hacía frío y había “muy mala mar”. Esto significa que a bordo se vomita, y se produce un “efecto ruleta”, que lleva a los demás a vomitar. Los vómitos producen deshidratación, hipoglucemia…, y el frío produce hipotermias. “Pierden fuerzas, eran las peores condiciones”.

Se sumaba otro factor: no son, ni mucho menos un crucero, pero en su interior hay clases. Y quienes no han podido pagar para viajar arriba están en el subsuelo, expuestos al agua del salitre que entra, a menos ventilación, a los ruidos del motor.

Los refugiados huyen de países donde se producen violaciones de los derechos humanos

 

Los tripulantes del barco de Open Arms tienen experiencia en rescates, no les hizo falta entrenamiento previo. “Pudimos hacerlo muy rápido, tardamos entre cuatro horas y media y cinco horas, es poquísimo”, relata Nico Calzada.

Ese “pudimos hacerlo” incluye sacar a los refugiados de las barcazas y, normalmente, llevarlos a un barco cercano, bien de la Armada o bien de alguna operación europea de rescate.

Los voluntarios de Open Arms les rescatan de las embarcaciones

 

Pero “el día de los 500 rescates” no fue así. Estaban “solos en el Mediterráneo”, no había otras embarcaciones a las que recurrir, así que les metieron en su propio barco, donde les asiste un equipo compuesto por un médico y dos enfermeras (una de ellas, cántabra).

“Tuvimos que darles los primeros auxilios, darles de comer, ropa… Hicimos lo que pudimos” y todo en un barco cuya función es hacer rescates y que no está adaptado a estos usos. Seguía la mala mar, los rescatados se mojaban con el oleaje.

“Tendremos que cargar con esto: es lo que verán nuestros hijos que permitimos”

“Empezó a ser un tema peligroso, el barco estaba sobrecargado y la gente, niños y madres, embarazadas, estaba moribunda. Pedimos ayuda y nadie nos la dio”, recuerda Nicolás Calzada en la entrevista.

Pidieron ayuda a un helicóptero para evacuar a un bebé y a su madre, pero les fue negada porque estaban en otro rescate. El bebé murió a las pocas horas.

Fueron “once horas sin parar”. Después, cuando llegaron a Sicilia, al puerto, tampoco les ayudó nadie. El bebé, “con ayuda, probablemente habría sobrevivido”. No fue el único bebé que murió ese día entre Libia e Italia (uno llegó ya muerto), ni siquiera el único niño en que no pudieron completar el viaje tres personas.

Lo peor es que ahora toca seguir“Vuelvo más enfadado que las otras veces. Esto es lo que vamos a tener que cargar, es lo que verán nuestros hijos que permitimos”.

(*Desde Cantabria, colectivos como Pasaje Seguro, Cantabria Actúa, La Castaña o Amnistía Internacional, entre otros, desarrollan acciones de concienciación y apoyo a refugiados y migrantes. La semana que viene podremos conocer experiencias de integración en colegios cántabros).

Escucha íntegra la entrevista y las primeras reacciones en la tertulia


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