Acobi, la asociación que cambia la vida a los niños bielorrusos

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La vida de Hanna está condicionada por el 26 de abril de 1986, el día del accidente de Chernóbil ocurrido en Prípiat (Ucrania). Hanna, de 13 años, reside en Malascovici, una aldea a 25 kilómetros de Klimovichy (Bielorrusia). Malascovici quedó afectada por la radiación de Chernóbil. Unos cinco millones de bielorrusos viven en zonas contaminadas por el accidente, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). La exposición a la radiación puede provocar varios tipos de cáncer, entre ellos de tiroides y leucemia. Hanna, gracias a Acobi Castro, es hoy una niña más saludable.

Niños y familias participantes en el programa ACOBI

La OMS afirma que los residentes de zonas contaminadas, especialmente los niños, se benefician de estancias en lugares no contaminados. Los niveles de radiación en el cuerpo se pueden reducir a la mitad, según confirman informes de la empresa Belrad. Las zonas rurales están más afectadas porque la tierra también está contaminada. Familias como la de Hanna cultivan productos para consumo propio y se exponen a la contaminación de la tierra.

“Hay niños que mueren de hambre en el mundo, pero en Bielorrusia los niños mueren por comer”, explica a EL FARADIO Nieves Sánchez, presidenta de la Federación Española de Acción Social con la Infancia Bielorrusa (FEDASIB).

Acobi Castro es una asociación sin ánimo de lucro que organiza acogidas de niños bielorrusos de entre siete y 17 años en familias de Cantabria. Los niños viven en zonas contaminadas y/o en familias desestructuradas y sin recursos. En su primer programa de acogida, en verano de 2016, siete familias recibieron a niños bielorrusos.

La asociación, que aunque nació en Castro trabaja para toda Cantabria, organiza dos campañas de acogida. La primera, en verano, tiene una duración de dos meses. La segunda es en invierno y dura un mes. Durante su estancia, las familias de acogida ofrecen a los niños hábitos de vida saludable. Además, tienen ocasión de conocer a niños de otras partes del mundo y de aprender castellano.

Acobi Castro nació en 2015 y proviene de la asociación Acobi, localizada en Vizcaya. De las familias socias de Acobi, tres vivían en Cantabria. Otras familias cántabras se interesaron por el proyecto y entre todas decidieron crear Acobi Castro, que toma el nombre de Castro Urdiales. Actualmente, la asociación está formada por 14 familias.

Participantes en el programa ACOBI Castro

Hanna viajó el pasado verano a Guriezo, donde vive su familia de acogida. Carmelo Pérez nos explica que Hanna es conocida como Ania entre sus amigos. Pérez y su mujer, Isabella Tonon, acogen a Hanna desde el pasado verano. Tonon conoció el proyecto de Acobi Castro a través de los medios y, tras meditarlo junto a su marido, decidieron acoger a Hanna.

Durante su primera estancia en Cantabria, Hanna participó en un campus de fútbol, en unas colonias y practicó el surf. El deporte y una dieta saludable son básicos para el saneamiento de los niños. “Hanna es una preocupación que me gusta tener”, explica Pérez.

Acobi Castro está formada por 14 familias, pero el proyecto lo iniciaron tres. Mireia Marcaida, cofundadora de Acobi Castro, forma parte de una de las tres familias que crearon Acobi Castro.

La asociación colabora con la escuela de Rodnia, en la provincia de Magilov (Bielorrusia), y con el proyecto Anastasia. Acobi Castro y Anastasia coordinan el envío de la documentación necesaria para acoger a los niños. Marcaida explica que el proceso burocrático suele durar un mes y medio.

Marcaida acoge a Vika y Lisa, dos hermanas que viven en una familia de acogida en la provincia de Vitsebk (Bielorrusia). Marcaida acoge desde 2013 y considera a las dos niñas como sus hijas. Además, explica lo que han aprendido de sus niñas bielorrusas: “nuestros niños no valoran lo que tienen”, afirma Marcaida.

Acobi Castro no es la única asociación española comprometida con los niños bielorrusos: la FEDASIB agrupa a las asociaciones españolas que organizan acogidas de niños bielorrusos. La federación, creada en 2009, otorga ayudas económicas y se ofrece como interlocutora para facilitar las acogidas. Además, FEDASIB vela por el cumplimiento del acuerdo entre Bielorrusia y España establecido en 2009. El acuerdo facilita la estancia de menores bielorrusos en España para mejorar su salud.

FEDASIB expone cada año sus objetivos en una asamblea general. Los objetivos actuales de la federación son tener proyección en España y conseguir financiación, según Nieves Sánchez, presidenta de la entidad. Igual que Acobi Castro, FEDASIB no recibe subvenciones.

“Aspiramos a llevar proyectos sociales a Bielorrusia”, afirma Sánchez. La vida de Hanna, como la de millones de personas, está condicionada por el 26 de abril de 1986. Gracias a Acobi Castro, Hanna, Ania para los amigos, tiene la oportunidad de mejorar su salud.

Además, puede conocer otras culturas y recibir el calor de las familias cántabras. “Darles cariño es más importante que lo material”, afirma Marcaida.

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