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Los motivos de las que no hacen huelga (pero querrían)

7 de marzo de 2018. POR

En La Vorágine han ofrecido el último acto antes del 8 de marzo, en una semana que ha estado cargada de motivos para que el movimiento feminista abrace la huelga convocada para el Día de la Mujer Trabajadora.

Este paro internacional es el primero que se plantea a gran escala, después de que el 2017 sirviera para testar el ánimo de la calle.

Acto en La Vorágine por las que quieren a la huelga pero no pueden.

Ya lo dijimos en El Faradio que el 2018 sería el año del feminismo, con el crecimiento de colectivos entre las más jóvenes, como Ijanas, el movimiento estudiantil que protagonizará los actos desde las 11 de la mañana en el Interfacultativo. O con más colectivos organizados como La Castaña, Mujoca o Las Gildas.

Pero esta huelga tiene muchas caras, como la de aquellas mujeres que querrían secundarla pero no pueden. Ya no hablemos de las amas de casa, ese gran colectivo ignorado y maltratado cuya jornada laboral no acaba nunca y sale absolutamente gratis.

También hay muchos sectores profesionales que no se lo pueden permitir o se lo ponen realmente difícil. Mención especial a las autónomas, muchas de las cuales, pese a todo, se han comprometido con la huelga. Pero también trabajadoras del hogar, de ayuda al domicilio y del sector de la hostelería.

Muchas de ellas son ejemplo de que no todas podemos permitirnos elegir hacer huelga por su situación laboral (jornadas parciales, contratos temporales, bajos salarios, presión de la empresa, etcétera).

En este último acto antes del Día D, La Vorágine les ha puesto el foco para que expliquen sus motivos y den a las que sí pueden los motivos por los que la injusticia e desigualdad que deben cambiar.

La mesa redonda, moderada por Patricia Ruiloba, ha contado con la presencia de Nancy Verastegui, empleada de hogar que actualmente combina con estudios de dependencia, Conchi Lastra, que precisamente es trabajadora de ayuda a domicilio, y con Ana, una de las dependientas que La Gallofa despidió tras las últimas elecciones sindicales y que tuvo que readmitir tras declarar la justicia que era un despido nulo.

Ellas han relatado sus experiencias en estos sectores, que son feminizados, con las que no hay lugar a dudas de que la precarización del mercado laboral tiene nombre de mujer.

Contratos a tiempo parcial, temporales, con cotización de pocas horas y con unas condiciones que empeoran todo lo demás. Buen ejemplo de ello son las cuidadoras, que este lunes tomaron la palabra en la sede de la ONCE.

En muchas ocasiones sus trabajos requieren traslados, en el caso de Conchi de largas distancias que, por supuesto, no se incluyen en la jornada laboral. Además, ella debe poner el coste del coche y la gasolina; así como también en muchos empleos se exige tener ordenador porque las interacciones son vía email, y tienen que pagar también sus facturas telefónicas laborales.

A Conchi no le permiten hacer huelga, recordándole que son “servicios esenciales”, aunque lamenta que no se considerara así cuando se privatizó en 2011 y se ha seguido maltratando y precarizándose en todos estos años, con el cambio de convenio, el abaratamiento de los salarios y el aumento de la precarización.

“HAY MUCHA GENTE QUE COGERÍA EL TRABAJO SI NOS DESPIDIERAN”

Pero es que, además, se responsabilizan de esos trabajos por encima de ellas mismas. Ahí coinciden Nancy y Conchi. “Si yo no voy, ¿quién los va a cuidar?”. En el caso de Nancy habla de niños, de una familia con la que ella se siente “cómoda” y la tratan “bien” (y le han recordado que eso no debería ser de agradecer). Y en el caso de Conchi, se da la circunstancia de que la mayoría de las que perciben los cuidados son mujeres y, en muchos casos, solo las tienen a ellas.

Ana y Nancy tienen en común la hostelería porque, antes de trabajar de empleada de hogar, la segunda pasó por el sector donde cotizaba cuatro horas y trabajaba diez. “Hay mucha gente que cogería el trabajo si nos despidieran”, se lamentaba Nancy al comienzo de la charla.

Las empleadas del hogar es un sector que no está sindicado ni protegido pero, aunque la hostelería sí lo está, de poco sirve.

Que se lo digan a Ana, que unas elecciones sindicales fueron el comienzo de su infierno particular, que aún hoy continúa un mes después de tener que ser readmitida. Ahora sufre un gran atosigamiento por parte de la empresa que busca hasta el más mínimo detalle para apercibirla y sancionarla. Y no es la única.

En este punto el debate giró hacia los responsables. Porque los hay. ¿Son los sindicatos, los partidos políticos, los propios compañeros?

Ana y Conchi son testigos de cómo en muchos casos los sindicatos no han hecho lo suficiente para ayudarlas y que las compañeras a veces han buscado antes el beneficio personal al colectivo.

“Ande yo caliente, ríase la gente”, reza un dicho antiguo. Lo decían nuestras abuelas y sus madres. La pregunta que se han hecho entonces es, ¿por qué la sociedad está involucionando? Por el momento no ha habido respuestas.

Comentarios

  1. Creo que otro gran reto que tenemos los trabajadore/as es terminar con el miedo que nos ha metido desde la reforma laboral, los empresarios sin nosotros no son nada, somos los que controlamos los procesos productivos, cumplimos las obligaciones que nos asignan, cumplimos nuestra jornada y encima nos asfixian con horas extras que ni pagan ni descansamos y encima nos meten el miedo en el cuerpo para hacernos mas sumisos cada día, BASTA YA la única forma de quitar el miedo es organizarse, defender nuestros derechos, que se enteren de que sin nosotros no funciona nada, recuperar la unión , solidaridad y la lucha, sin lucha somos esclavos.
    TENEMOS QUE RECUPERAR LA ILUSIÓN Y NO DEJARNOS ENGAÑAR MAS.


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