Subir

Top

0

La Contracultura del 68 a debate

16 de mayo de 2018. POR

||por LUIS RUIZ AJA, autor del libro ‘LA CONTRACULTURA: ¿QUÉ FUE, QUÉ QUEDA?’||

Macron se ha negado a celebrar el 50 aniversario, y Sarkozy basó buena parte de la campaña que le llevó al poder en la demonización de la herencia de Mayo del 68, por su relativismo intelectual y moral, pérdida de las buenas costumbres, crisis del sistema educativo, introducción del cinismo en la sociedad y la política…

Mayo del 68

Este discurso catastrofista, coincidente con el que desplegó la revolución neo-conservadora de los 80, choca frontalmente con otro -también frecuente- basado en la exaltación de ‘aquellos maravillosos años’, en los que una oleada de romanticismo invadió los países industriales y todo se inundó de amor, paz, libertad y flores, mientras sonaba la mejor música de la historia del rock y todos los jóvenes hacían el amor y la revolución pacífica, como nos cuentan otra vez – parafraseando a Ismael Serrano- los muchos actuales papás que dicen haber estado en mayo del 68 (quienes triplican la cantidad de jóvenes que realmente lo hicieron).

Dicho discurso mitificador viene siendo aprovechado por las industrias de la moda, música, series de TV…, para lanzar periódicos revivals basados en aspectos estéticos y superficiales, en detrimento de otros importantes aspectos ideológicos/filosóficos que aportaron estos movimientos. Todo ello está dando lugar a un nuevo perfil social: el de los ‘jipiócritas’ o bo-bos (bohemios-burgueses), que se gastan verdaderas fortunas en adquirir los bienes materiales más ‘underground’ y ‘alternativos’ del mercado.

Esta primera controversia entre mitificadores y demonizadores del 68, se entrecruza con otra según la cual: unos defienden que estos movimientos fracasaron al desaparecer sin dejar nada alterado ni acceder al poder; mientras que otros (entre los que también hay defensores y detractores) consideran que sus repercusiones están siendo de vital importancia -positiva o negativa- en nuestra realidad actual.

A partir de ahí, y tras constatar la existencia de esos cuatro discursos, cabe cuestionarlos y preguntarse por qué -50 años después- esos movimientos juveniles siguen levantando tantos odios y pasiones. Mi opinión es que se tiende a sobredimensionar su importancia y magnitud (no olvidemos que solamente una minoría -privilegiada en lo cultural y económico- de los jóvenes los protagonizó); hasta el punto de que se les achaca virtudes y defectos de nuestra sociedad actual que, en realidad, se deben a fenómenos estructurales mucho más profundos, de los que la propia Contracultura del 68 sería un producto: globalización, desarrollo de la sociedad de la información, posmodernidad, secularización…

Por otro lado, tampoco se puede minimizar la importancia de aquellos movimientos, por los aspectos novedosos que introdujeron: Sincrónicamente, fueron muchos los países (USA, Francia, Holanda, Checoeslovaquia, Alemania, etc.) donde estallaron una serie de movimientos de protesta contra los valores establecidos, trabajando subterráneamente en la creación de formas alternativas de vivir, consumir y producir. No estaban protagonizados por sectores desfavorecidos, sino por jóvenes de alto nivel cultural y social, lo que sorprendió tanto a los marxistas, que no lograban explicarlos según la teoría de clases; como a liberales, que venían preconizando el fin del conflicto social, tras el ‘consenso de bienestar’ .

Philippe Grass retrató mayo del 68

Además, el hecho de que la Contracultura no alcanzase el poder no la deslegitima, dado que no era ése su objetivo, al no tratarse de una revolución política, sino cultural, que consiguió dejar huellas en las actitudes, valores, comportamientos, arte, ideologías y formas de vida actuales, acabando con muchos tabúes y convencionalismos. Aspectos tan actuales como la ecología, el pacifismo, el feminismo, la extensión de los derechos civiles, el orientalismo y la búsqueda de una espiritualidad no-institucionalizada, o de una gestión más participativa y comunitaria de las políticas públicas, tienen allí su germen.

En el campo socio-político, su legado es muy importante: Además de condenar todas las formas de represión (internas y externas) y totalitarismos (de izquierdas y derechas); también ha influenciado la aparición de Nuevos Movimientos Sociales (como el Alterglobalizador o el 15M), nuevos partidos (como los verdes) y ha extendido nuevas formas de protesta y organización ciudadana al margen de los partidos y sindicatos.

Por tanto, la herencia contracultural no es inexistente, pero tampoco es tan profunda como pretendía un movimiento que cayó en la ingenuidad de buscar un cambio de valores tan radical que alterase la injusta estructura social, creando un mundo mejor, y todo ello regado con las prisas e impaciencia juvenil ( « ¡Queremos todo y lo queremos ahora!» cantaban The Doors).

Sin embargo -tras una década- el movimiento se fue apagando y cayendo en la decadencia: la lucha pacífica degeneró en terrorismo, la liberación sexual en negocio pornográfico, de los ensayos de vida en comunas se aprovecharon muchas sectas destructivas, la búsqueda interior y misticismo derivó muchas veces en drogodependencia… y la Contracultura en general se convirtió en una moda.

En dicha crisis influyeron muchos aspectos del hostil entorno: el tremendo poder de banalización y absorción que tienen el Marketing y los Medios de Comunicación; la dura -y sucia- represión que sufrió el movimiento por parte de los poderes públicos; la crisis del petróleo; la ‘revolución conservadora’ que surge en los 80 como reacción a los valores contraculturales…

Pero también a debilidades internas: falta de pragmatismo y exceso de visionarismo, negativismo (dificultad para pasar de la crítica a las propuestas en positivo), gusto por la provocación y lo extravagante …Todo ello produjo un choque generacional muy fuerte -entre unas propuestas contraculturales demasiado avanzadas para su época y una sociedad aún demasiado rígida y puritana- los ecos del cual aún siguen vigentes.

Considero, para acabar, que el principal legado de la Contracultura fue su labor de ‘Pepito Grillo’. Frente a visiones autocomplacientes y etnocéntricas, que se vanagloriaban de vivir en el mejor de los escenarios posibles; la Contracultura nos mostró las contradicciones de la sociedad de consumo, recordándonos que ‘otro mundo es posible’. Por ello, creo conveniente tratar de trascender el dilema entre mitificadores y demonizadores, y echar una nueva -y serena- ojeada al ideario contracultural.

Así advertiremos que, junto a una parte del movimiento frívola e inmadura, condenada a su auto-destrucción, convivía una vertiente más creativa, de importantes críticas y propuestas que podrían ser muy útiles ante la crisis de legitimidad de nuestras democracias y la necesidad de replantear las instituciones y formas socio-culturales existentes, con el fin de transformar sus aspectos más autoritarios, burocráticos y tecnocráticos.

 


logo_escena_miranaque

Empresas Amigas