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La cultura de la violación

26 de junio de 2018. POR

¿Acaso no lo vemos? ¿Es tan normal que se ha vuelto invisible? Cuando se utiliza la palabra paradigma se hace para referirse a  una  forma de ver, de entender e interpretar el mundo, que es hegemónica en una sociedad. Así cuando nos referimos  a la cultura de la violación se hace para mencionar aquellas prácticas que hemos asumido como normales y que forman parte den imbricado tejido de normas, no necesariamente escritas, que dominas la sociedad pero que asumimos como naturales. Y esto no lo hacemos mediante grandes y complicadas teorizaciones, sino en los aspectos más rutinarios, en nuestra esfera cotidiana, personal, en nuestros comportamientos y formas de relacionarnos, de analizar o entender una cosa u otra, un gesto u otro. ¿Significa eso que somos violadores? No, pero sí que nacemos en contexto, en una estructura,  en el que se nos ofrecen espacios de impunidad que en última instancia podrían acabar en un portal violando a una joven. Así, el violador consciente se ve reforzado, quien quizás camina entre espacios difusos no ve, o no quiere ver la línea que une el silencio con el NO. Y cualquiera de esas posibilidades tiene la misma consecuencia: Una joven violada.

En su libro “la dominación masculina” el autor francés Pierre Bourdieu nos explica conceptos como Patriarcado, como paradigma hegemónico, como forma de entender el mundo las relaciones entre las personas, entre los hombres y las mujeres; en lo que significa ser un hombre y los roles o funciones que por su condición se le presuponen, y lo mismo sucede con la condición de mujer que se construye bajo la mirada del hombre, bajo un principio de jerarquía, de dominación. Ser hombre implica aceptar ese rol y ser mujer otro tanto de lo mismo. Si como mujer quieres romper esa dicotomía pareciera que solo te queda la opción de aceptar esa realidad e intentar ser aceptada en el club que marca la (hetero)norma. También, como hombre, debes asumir el rol que se te adjudica más allá que sientas que no encajas en él. Y, en cualquier caso, consciente o no, acabas normalizando esa forma de ver las cosas, de mirar, de pensar, de actuar. Y la interiorizas como algo natural, como si la biología, como “biologismo” que marcara las relaciones hombre-mujer.

 

¿Acaso no lo ven?

 

Hacer de la biología la norma social de conducta sería aceptar como natural que los instintos dominen a la razón, o que la razón y las emociones no medien entre los instintos y las conductas que tiene el ser humano. Si me apetece matar, mato, si me apetece follar, follo y si no quiere pues violo, no hay diferencia. Si me apetece…lo que a cada uno le venga en gana, siendo siempre y sin cuestión el Hombre como categoría, es decir, como expresión del orden natural de la biología heredada, quien marcaría el sentido de la “normalidad” y la “oficialidad”. Este principio de dominación que como hombre te aporta unos privilegios, los quieras o no, se da sin que tú decidas de antemano sobre él, por lo que acabas viendo como algo normal esos privilegios. El ejemplo de los blancos y los negros es muy significativo, las leyes hechas por y para los blancos partían de un principio que ni se cuestionaba de entrada. Eras blanco y era normal, no se entendía como un privilegio, sino como un “esto es lo que hay”. Darte cuenta de que no es así, y mostrarlo,  es visibilizar esa violencia simbólica y luego real que forma parte de nuestras vidas. Darte cuenta, ser consciente de ella, sería lo que el filósofo francés Jackes  Derrida mencionaba con “deconstruirte” es decir, desentramar aquellos procesos históricos, sicológicos, sociológicos, políticos etc… que han hecho que seas lo que eres, que piensen como piensas, y que el orden de las cosas sea el que es, hasta tal punto que creamos que es el natural, como un accidente geográfico, e inevitable, como un fenómeno atmosférico.

Según Bourdieu objetivamos, es decir, creemos que es neutra, una realidad que se construye de forma desigual, así que podemos caer en el delirio de creer como normal situaciones que para nada lo son. Formar parte de la cultura de la violación no significa ser un violador, ni formar parte del Patriarcado ser necesariamente una persona machista, pues el individuo puede  ser  más que sus circunstancias. Ser conscientes de ello, se convierte en el principal objetivo para evitar naturalizar aquello que nos deshumaniza. No querer serlo es formar parte del problema. Visibilizar lo invisible será el primero de los pasos para cambiar el paradigma hegemónico, para hacer saltar por los aires las raíces de esa cultura de la violación en la que vivimos inmersos. Sacarla de la esfera de lo privado, combatirla en el espacio público es tan urgente como necesario para cada uno de nosotros, pero también para quienes dictan sentencia sin mirar esa parte invisibilizada, negada, condenada al ostracismo. Para que vean que cinco hombres abusando de una joven en un portal es una violación. ¿Acaso no lo ven? ¿no lo quieren ver? No sé qué es más preocupante, que es más desolador, que es más indignante. Lo que sí sé  es que es es cualquier cosa menos normal.


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