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La diversidad como norma

28 de junio de 2018. POR

|| Belén Milán, secretaria de Feminismos y LGTBIQA de Podemos Cantabria ||

Jóvenes posan con la bandera arcoiris ayer en una concentración en Santander

Siempre hemos vivido en un mundo diverso, compuesto de millones de personas, con millones de historias que contar, con millones de características únicas e irrepetibles.  Hemos vivido en la diferencia, quizá en una diferencia que nos obligaba a adoptar formas que no eran propias, una diferencia que nos martirizaba en el instituto y por la que hemos luchado cada día el resto de nuestra vida adulta. Siempre hemos sido diferentes a pesar de que las normas, costumbres, tradiciones y demás corsés nos obligasen a mimetizarnos, a sufrir una suerte de metamorfosis obligatoria que nos homogeneizase  con el resto, ese resto que también es diferente.

Celebrar el Orgullo LGTB+ hoy, en occidente, es celebrar la diversidad, celebrar la vida y la convivencia, es ser conscientes de que el respeto y la libertad (son dos caras de la misma moneda), es mirar atrás y sentirnos orgullosxs de lo que hemos avanzado al  tiempo que cogemos impulso para derribar los estereotipos y las violencias con las que aun, paradójicamente, convivimos, como que las personas LGTBI sigan siendo las principales víctimas de delitos de odio según el Ministerio del Interior; que se siga patologizando las identidades trans;  que se expulse a las mujeres lesbianas y bisexuales de los métodos de reproducción asistida públicos o que la educación afectivo sexual sea la gran ausente en nuestros colegios.

Parece que ya nos hemos puesto de acuerdo en que la perspectiva de género, aquello que ya  pedía el legislador allá por el 2004 cuando instaba que las leyes y las políticas emanadas por los poderes públicos se realizasen teniendo en cuenta cómo éstas afectaban a mujeres y a hombres, es un requisito “sine qua non” para legislar y gobernar en el siglo XXI, máxime teniendo en cuenta que el  movimiento feminista está alerta, ha llegado a los despachos donde antes se le cerraba el paso, y  no está dispuesto a dejarse utilizar como instrumento electoral.  ¿Va a ser necesario vindicar de la misma manera la transversalidad que deben tener las políticas públicas en cuanto a la libertad sexual y de género? ¿Será necesario volver a unir las voces de dos movimientos hermanados para que esta vez la lucha por derechos y libertades, y la construcción de la igualdad real recoja todas las sensibilidades y necesidades?

Hoy nadie lo niega. La DIVERSIDAD es la norma, pongámosle el apellido que deseemos: diversidad cultural, étnica, funcional, sexual y de género…, todas ellas y muchas más que se me escapan son características que definen a nuestra sociedad. No reconocerlas, no ampararlas no protegerlas o garantizarlas, no difundirlas o valorarlas no debe ser interpretado como una afrenta  a un único colectivo sino a toda la sociedad,  pues se trata de nuestra identidad común, nuestra identidad social la que está en entredicho y la que se ve amenazada por el silencio de los márgenes. Adrienne Rich, conocida activista lesbiana decía: “en el mundo donde el lenguaje y nombrar las cosas es poder, el silencio es opresión y violencia”.

Por eso es incomprensible la decisión que ha tomado la Fiscalía de Menores al prohibir el documental Ellos también hablan”, donde niñas y niños conversan sobre sus familias homoparentales, al considerar  que “los menores salen perjudicados al hablar de estos temas”.  Es decir, entiende la Fiscalía que es posible que niños y niñas que nazcan y crezcan en familias homoparentales, puedan, desgraciadamente, recibir insultos, agresiones y vejaciones en el colegio por sus compañeros por pertenecer a un tipo de familia concreto, alejado de la tradicional con la que el patriarcado se siente cómodo, pero que es perjudicial para ellxs que lo expresen en primera persona sus experiencias y sentimientos. Una vez más, nos encontramos ante la incoherencia que reina en nuestras políticas públicas, visibilizar la realidad, las múltiples realidades que componen el día a día de este país es el único camino para conocer y respetar la diversidad de la que nos enriquecemos día a día. Quizás sean las niñas y los niños quienes nos enseñen a verbalizar lo que los adultos no sabemos (o no queremos). Sólo hablando, compartiendo experiencias y reflexiones podemos crecer como sociedad  responsable y libre.


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