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Los poderes de Santiago

25 de octubre de 2018. POR

Santiago Pérez Obregón nos dijo una vez que era una de las pocas personas que había pasado por los tres poderes de Estado. El Ejecutivo, porque llegó a ser (brevemente) consejero de Sanidad y Trabajo (1982-83, en el Gobierno presidido por José Antonio Rodríguez), en el legislativo (en el plano municipa, concejal en el Ayuntamiento de Santander, tras ser candidato a la Alcaldía por el Partido Socialista), y en el judicial, donde llegó a ser presidente de la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria.

Santiago Pérez Obregón, de blanco, en nuestra tertulia

Fue profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y ocupó diversos cargos en el Colegio de Abogados de Cantabria, colaborando en diversas publicaciones jurídicas donde se destacaron sus trabajos sobre la pena de muerte y la justicia gratuita.  Procedente del derecho –cuando se hablaba de Justicia, la voz se le volvía firme y segura–, tal vez era ese el mundo en el que más se manejaba y que le dio más titulares: comoabogado llegó a representar la acusación del expresidente Juan Hormaechea. Y desde el Poder Judicial, se implicó mucho en el proyecto ‘Educando en Justicia’, que permitió que cientos de escolares conocieran más de cerca el mundo el poder judicial. Le gustaba y lo disfrutaba.

Nacido en 1941 en Santander, fue hijo del incendio, niño en la dictadura, joven en los 60 y plenamente adulto en la democracia y la llegada de la Autonomía, en unos años convulsos en los que a las élites cántabras les costó quitarse ciertos tics.

Hoy le han recordado el Gobierno de Cantabria del que fue consejero, el Parlamento, su partido (el PSOE) y el Ayuntamiento de Santander en el que fue concejal, que ha decretado un minuto de silencio. Su velatorio está en el tanatorio de los Hermanos Nereo, en El Alisal. Su familia ha pedido que no haya flores, prefieren que se done el dinero que costarían a Cáritas. El funeral será a las seis de la tarde en Redentoristas (Canalejas).

Se ha marchado antes de tiempo, adelántadose para llegar junto a los mayores de esos años oscuros, los nacidos poco antes de la Guerra (José Hierro, Julio Maruri o Manuel Arce, hijos de los años 20, estos dos últimos fallecidos este mismo año).

En las tertulias a las que venía Santiago podía pasar de todo: que te leyera un poema, que te contara una anécdota de juventud, que cantara una canción o que le pidiera a un compañero de tertulia que le dedicara un libro.

Sobre todo, como saben los que coincidían con el en los pasillos de Salesas o sus compañeros de Dominó en el Marítimo, generaba buen rollo porque sonreía siempre. Si un tertuliano se estrenaba en nuestro programa de radio, le poníamos con él en lo que casi veíamos como un protocolo de habituación, ya que Santiago captó como pocos el tono distendido y conciliador que buscábamos. Los nervios se pasaban, la conversación fluía y el ambiente mejoraba. Ese era su superpoder.

 

 

Comentarios

  1. FelicianoPalacios

    Un gran narcisista pero con buen rollo. Me dio clase de política en el Instituto José Mª Pereda.


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