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El Ayuntamiento de Santander rechazó inicialmente las escolleras de la Magdalena

20 de noviembre de 2018. POR

Escolleras de La Magdalena (Foto: Carlos Atienza)

El Ayuntamiento de Santander rechazó inicialmente la alternativa elegida por la Demarcación de Costas para la construcción de las escolleras de la Magdalena.

Lo hizo en 2013, en la fase de consultas a otras instituciones, en un informe técnico de los Servicios de Urbanismo al que ha tenido acceso EL FARADIO, ratificado íntegramente el 5 de agosto en un acuerdo de la Junta de Gobierno Local (PP)  y remitido de vuelta a Costas en el marco de la tramitación del Proyecto de estabilización de las playas de la Magdalena y Los Peligros.

Dicho informe, que firma el Arquitecto Jefe del Servicio de Urbanismo, Eugenio Neira, describe que la alternativa seleccionada, la que se ha ejecutado parcialmente hasta la suspensión temporal e indefinida ordenada por el actual Gobierno de España, se impone «por escaso margen» a la opción de construir un dique exento en paralelo a la playa que hubiera tenido «menor impacto visual».

Por una diferencia de 8,43 puntos frente a 8,60 de la alternativa finalmente ejecutada, la opción del dique exento se rechazó  «aunque su integración en el entorno era mejor que la elegida», por tener un coste «ligeramente superior», de 1.392.000 a 1.539.600 euros, un 10% más caro y porque implicaba más volumen de aportación de arena (de 50.000 a 65.000 metros cúbicos).

El informe técnico consideraba que “no parece suficientemente justificada la conclusión alcanzada” e incidía en el “valor paisajístico e histórico” del entorno, al señalar «la inmediatez de las actuaciones” con el Conjunto Histórico-Artístico de El Sardinero y el Monumento Histórico-Artístico del Palacio de la Magdalena, declarados Bien de Interés Cultural por sendos reales decretos de los años 1986 y 1982.

UN SISTEMA DE PUNTUACIÓN QUE NO FUE «ECUÁNIME»

En el documento, el arquitecto municipal argumenta una posición, asumida por el Ayuntamiento de Santander, que propugnaba «la revisión y ampliación del estudio realizado» en términos como el sistema de puntuación de las alternativas y por un análisis paisajístico insuficiente.

Así, en primer lugar rechaza el sistema de puntuación y ponderación, que «no parece ecuánime con la relevancia de los mismos».

«No parece razonable (…) que el aspecto de integración en el entorno tenga un peso de la decisión final de sólo un 12%, mientras que los otros dos aspectos determinantes en la decisión, el coste económico y el volumen de aportación de arena suman un 40% (20% cada uno)», afea el arquitecto jefe del servicio de Urbanismo del Ayuntamiento de Santander.

A su juicio «no parece lógico» que «deban determinar para siempre la elección de la alternativa con menor integración en el territorio» por «una diferencia tan pequeña en aspectos circunstanciales y que van a tener lugar una vez en el tiempo», en alusión al coste económico y al aporte de arena.

COSTAS REDUJO EL IMPACTO VISUAL EN LA PLAYA DEBIDO A LA «ESTACIONALIDAD»

Además, el técnico municipal rebate la calificación del impacto paisajístico de la alternativa que se impuso, la de las escolleras.

De esta manera, cuestiona que no se tuviera en cuenta «el tiempo de observación y exposición» de cada uno de los potenciales espectadores de la actuación.

Paradójicamente, en un proyecto que se define conceptualmente (proyecto de estabilización de las playas) y se defiende actualmente, desde el equipo de Gobierno del PP, por la necesidad de mantener la playa durante todo el año, el análisis paisajístico de Costas reducía el alcance a un «impacto medio» en el conjunto de las playas «debido a la estacionalidad del uso de las playas».

Así, los servicios de urbanismo municipales no consideran «razonable» esa calificación y recuerdan a Costas que «no debería olvidar el uso permanente de las playas a lo largo del año mediante el paseo a nivel de playa».

En comparación con el impacto paisajístico alto con el que se califica al paseo de Reina Victoria, el informe técnico pedía ampliar el estudio teniendo en cuenta «no sólo el número de observadores en cada zona sino el tiempo de exposición y permanencia», que es «muy superior» en las playas respecto a los «paseantes» de Reina Victoria.

E instaba a «ponderar» que el impacto visual desde las zonas altas es «menor que el de las vistas a nivel de tierra del usuario de las playas, donde la actuación tiene mayor capacidad de limitar el campo visual para contemplar la belleza del paisaje existente».

LAS INFOGRAFÍAS NO DABAN «IDEA DEL IMPACTO REAL»

Finalmente, el informe critica que el proyecto no tuviera un «estudio infográfico comparativo de las dos alternativas», mientras que aportaba «solo un reportaje infográfico de la solución adoptada«, además «desde puntos de vista ligeramente elevados respecto al nivel de las playas«, que «no daban idea del impacto real de la actuación«.

Frente a esto, instaba a que se incluyeran «vistas comparativas de las dos alternativas desde cada una de las zonas desde donde serán visibles» y «desde puntos de vista críticos», como «el nivel de una persona sentada en la playa», que es «el punto de vista mayoritario».

Como resumen, subrayaba que la alternativa descartada (2-B) era la de «menor impacto visual», porque se hubiera percibido por el usuario de las playas “en escorzo”, “muy reducido por la perspectiva salvo en el tramo del Balneario”.

Además, esa opción hubiera mantenido «la percepción continua del arenal», mientras que la adoptada “interrumpe bruscamente” dicha continuidad  y “divide en dos el sistema de playas existente, con lo que vaticinó que se percibiría «de frente y en toda su magnitud” desde cualquier punto de vista.

Por último, el informe añadía que los terrenos ganados al mar pasarían a formar parte del término municipal y deberían incorporarse al planeamiento urbanístico mediante una modificación del plan vigente.

INTERÉS PRIVADO

El equipo de Gobierno del PP, que entonces lideraba el exalcalde, Iñigo de la Serna, y en el que era su número 2 la actual alcaldesa, Gema Igual, ratificó íntegramente el informe técnico en Junta de Gobierno Local, el 5 de agosto de 2013.

Pero en la actualidad el Ayuntamiento presiona al Ministerio de Transición Ecológica para que finalice las obras, pendientes de concluir con el espigón de Los Peligros.

Como publicó EL FARADIO, en las obras de las escolleras se hizo con uno de los lotes la empresa del marido de la alcaldesa y una sentencia de 2016 revela el interés privado de la familia García-Botín y Pérez-Maura por la contención de la arena de la playa que desaparece por los temporales de invierno, llegando a afectar al muro que delimita su propiedad, al pie de La Magdalena.


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