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Tratamiento cordial

20 de noviembre de 2018. POR

“Quienes, pasadas las primeras sorpresas de la existencia, no se avengan con los acogedores ámbitos del fracaso, deberían ser condenados a vivir eternamente”. Así dice uno de los aforismos que componen “Disparos al aire”, de mi autoría (tentado estoy a denunciarme por haberme plagiado. Cuando me meta a político). No es de aplicación, el aforismo, para los personajes de la última novela de Juanma Brun, “Primero el corazón”, editado por Alas Ediciones, ese proyecto electoral de quienes, sin ánimo de lucro, van avanzando en su andadura, libro a libro.

Presentación de ‘Primero el corazón’, en la BlackBird

No, esos personajes morirán a su debido tiempo. Mientras, vivirán con toda su carga de frustración a cuestas, sabedores de que, de haber actuado de otra forma o que las cosas hubieran sido otras, el resultado habría sido el mismo: la decepción se compadece con el sentimiento, no tanto de haberse equivocado, como de haberse dejado, pasivamente, equivocar.

Los personajes de “Primero el corazón” son hombres que, concebidos originalmente como reyes de la creación, no llegaron ni a infantes a la de edad de ser príncipes. El autor los presenta con el desenfado de quienes se sienten capaces de tomar la vida, si no a broma, sí como algo que se puede llevar con cierta alegría, incluso con desparpajo. Los trata cordialmente, pues no es que la juventud sea una enfermedad que el tiempo cura, sino que el tiempo la mata, dejándola a la intemperie de la madurez, el corazón por delante. Los personajes ponen en común los resultados de lo que ya es más supervivencia que vida, a lo que han llegado cada uno por sus derroteros existenciales, con el denominador común de unas expectativas no cumplidas, sin que importen realmente los pasos dados por cada uno.

Lo dicho está revestido de un cierto halo dramático, y si no desemboca en tragedia, es porque el escritor abre la compuerta del humor, y consigue que el lector sonría consigo mismo, compadecido con las vicisitudes de los personajes, es decir, siendo consciente de que el asunto es serio, como la vida misma. Si Ortega y Gasset escribió que la claridad es la cortesía del filósofo, la escritura de Juanma Brun sigue estrictamente la sugerencia, en su tratamiento de un tema que tiene más que algo de filosófico. El lenguaje es el de todos, no exige interpretación, pero sí atención para no pasar por alto la importancia del asunto.

La estructura del libro es la de un guion cinematográfico, que a la hora de ser rodado no dejaría opción a la improvisación. Esa fue la intención del autor, declarada en el acto de presentación, que tuvo lugar el pasado 18 de noviembre en la Sala Black Bird, de Santander, ante un público, que llenó el local. De hecho, en el acto se simuló el rodaje de una breve secuencia de la novela.

Juanma Brun ha hecho literatura con unos comportamientos cotidianos, sin excluir la vulgaridad. Si en el aforismo del principio de estas líneas, la ironía subyace al texto, en esta novela el humor está a flor de línea en muchos de sus pasajes. A los lectores habituales no les digo que la lean, la habrán leído ya. A los que creen que no les gusta la lectura, les invito a leer “Primero el corazón”. Les gustará. La novela, seguro. Seguramente, seguir leyendo.


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