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La angustia del PP o el día del primer discurso de Ruth Beitia

10 de enero de 2019. POR

Lo habréis visto o lo veréis. El vídeo de 20 segundos de Ruth Beitia en pleno atasco en el Hotel Santemar, en su presentación como candidata a la Presidencia de Cantabria, que no ha servido para que salgamos del shock por la imposición de su nombre desde Madrid.

El partido había pretendido rebajar la expectativa sobre el acto y se podía esperar que estuviera nerviosa, que leyera un discurso, que no mirara al frente y que la voz le temblara. Era su primera vez. Pero ha sido angustioso, un sufrimiento para cualquiera con un mínimo de empatía.

Ruth Beitia, en su primer discurso como candidata.

Con gestos a los que no estamos acostumbrados en formato mitin, como el de ese dedo llevado a la lengua para despegar los tarjetones de su discurso (como con la Qué me dices en la peluquería ¿Sabes?). Lo que pasa es que, cuando la saliva se seca, el efecto es de pegamento. “Esto de las tarjetas siempre falla, me vais a perdonar”. La escena ha sido patética.

La angustia de Ruth Beitia es la angustia del PP. Y la angustia del PP está en las encuestas y, para sus dirigentes, en el orden de las listas. Porque la angustia del PP es el emparedado de Ciudadanos y VOX del que Pablo Casado quiere salir contando que eso es el centro (de la derecha), porque para explicar lo de Andalucía dice que sabe pactar a izquierda y a derecha.

La imposición de Beitia desde la Calle Génova ha sido un aterrizaje forzoso en el año electoral. Dice demasiadas cosas, en muy pocos días. Y cuesta asimilar. Pero lo que hemos visto en la puesta de largo de las candidatas en el Santemar es que hay un PP de toda la vida que se había alejado por las irregularidades del Congreso y que ha vuelto a presenciar en directo la humillación a la presidenta, María José Sáenz de Buruaga.

Relegada a un plano tan secundario que ni siquiera ha intervenido, ha llegado en coche al garaje del hotel y de allí ha salido a pie, hacia la puerta de la sede, flanqueada por Javier Maroto y Pablo Casado. Anfitriona de los verdugos de sus aspiraciones a liderar la lista del PP en mayo. Lo que está teniendo que aguantar.

En la puerta de la sede esperaban las candidatas, y una nube de reporteros gráficos han buscado el saludo de María y de Ruth. Besos en las mejillas y mano de la presidenta al brazo de la saltadora. Marcando las distancias. En la viñeta de Ansola sería un beso de Ignacio Diego. La vendetta de la vendetta.

El saludo de Buruaga y Beitia.

En ese porche de entrada a la sede del PP había periodistas de teles nacionales preguntando a Casado por Andalucía y una nube de gráficos que ha tirado al suelo el teléfono que ha sacado esa foto desenfocada.

Estaba también Gema Igual, candidata a la Alcaldía, que está librando el shock del PP con un “qué movida, tía”. Y, comparativamente, un nivel alto de discurso público.

Gema Igual es alcaldesa pero no candidata a la reelección, porque recibió el bastón del exministro, Iñigo de la Serna, al que también habría que preguntarle cómo lo ve, cómo ha dejado el partido. “Lo fácil no es irse cuando los momentos son malos”, ha dicho la candidata. Y de repente ha sonado a su mayor fortaleza: la capacidad de gestión de una herencia envenenada.

EL NUEVO ORDEN POPULAR

De la sede del PP al Santemar hay un pasadizo interior y por ahí ha salido la parrilla de salida. Con Buruaga como safety car, y Casado y Maroto como jueces de carrera. A continuación las pole position de Santander y de Cantabria, Gema Igual y Ruth Beitia (con una moto GP que se le descontrolaba en cada curva).

Pero como la angustia está en las listas, en las cuotas de buruaguistas y de dieguistas, el orden del séquito es la segunda cosa más relevante que ha ocurrido en la presentación de las candidaturas (además de la angustia de Ruth Beitia).

Ahí encontramos a otro Diego, Movellán, el gran vencedor del Congreso Nacional. Amigo de Casado desde la etapa de Nuevas Generaciones. La sonrisa en el funeral de rueda de prensa sin preguntas de Buruaga después del Comité Ejecutivo Regional del martes. Su beso en la portada del Diario Montañés, comparado con el de Judas en los memes más aviesos.

Luego el núcleo duro del buruaguismo. Su secretaria general, María José González Revuelta. Su portavoz, Íñigo Fernández. Y Juan Corro, un liderazgo joven que hace mucho que cuenta en la Calle Génova y que también sonó para encabezar la lista regional. Cercano a Casado y a Movellán.

Beitia, Movellán, Buruaga, Fernández, González Revuelta y Corro. Seis, el número de la peor pesadilla electoral.

Una cremallera perfecta para un nuevo orden popular, que ni mucho menos tiene por qué ser la lista que presente el PP en mayo. Primero porque algunos de esos apellidos aspiran al Congreso. Y segundo porque Beitia necesita dieguistas de confianza en puestos de salida (alguien tiene mucho trabajo en esa campaña de aquí a mayo y no lo va a hacer sin garantías).

La reparación del dieguismo por parte de Casado ha devuelto la sonrisa a históricos como Santiago Recio, José Manuel Igual (el hermano de Gema, que no repetirá al Parlamento pero que amagó con repetir en Arnuero fuera del PP y ya no tiene necesidad), Kiko Rodríguez, Samuel Ruiz…

APLAUSÓMETRO VS. DISCURSOS

El tercer punto de interés en el Santemar ha sido el aplausómetro. De quiénes eran, con quién iban, todos esos que estaban casi llenando uno de los salones grandes del hotel-sede.  Buruaga ha ganado esa pelea. En afectos ha sido curioso, cómo la pequeña se hacía grande y la grande pequeña.

Los aplausos a Beitia han sonado a cortesía. Porque los dieguistas a quien han mostrado profundo agradecimiento ha sido al líder nacional, a Pablo Casado. De los reconocibles, el más forofo ha sido el exdirector general de Deportes, Javier Soler. “¡Presidente, presidente!”, ha vitoreado.

Casado, que ha estado a punto de decir que en Santander ha habido alcaldes del PP desde antes de nacer él, al tiempo que ni él ni Gema Igual han sido capaces de renunciar al significado de la victoria del PP en Andalucía, cuyo equivalente sería su propia derrota en Santander.

El ejercicio de imaginación consistía en cambiar San Telmo por Ayuntamiento de Santander. Y era lo mismo. Mismo partido, 36 años de gobierno, redes clientelares, abrir las ventanas, regeneración. Un tema complicado.

Ruth Beitia tenía un discurso, aunque nadie lo recordará. De Revilla ha cuestionado la “amalgama” de intereses que representa o los “escándalos” de su Gobierno. Y una apelación a los cántabros para que no se resignen, porque no tenemos que ser la cola de España. No estaba mal.

Pero su estreno no se recordará por eso; se recordará por la angustia de todos los presentes, que es la angustia del PP por los resultados de mayo.

Comentarios

  1. AlguienQueYaNoEsSocio

    Que no se preocupe Ruth Beitia, Jose Ramón Blanco tampoco sabía hablar en público, aún se recuerdan sus dificultades al recoger su preciada acta de diputado (la quiere más que a su propia dignidad), y al final ha sido capaz de hacer frases completas como “Te voy a escupir en la boca”, “Ojalá te mueras”, “El camino a casa en coche es muy largo”, “Voy a contratar a tres rumanos”.

  2. Maribel Ruisanchez

    Pero no es lo mismo, estar en el Parlamento que presidir la comunidad, no se puede comparar

  3. Sara Garcia

    Para cuando una manifestación en la que se exija ( a todos los partidos) politicos con nivel académico y profesional contrastado,limitación de mandato y responsabilidades de gestión.
    POBRE CANTABRIA Y POBRE ESPAÑA!!!

  4. Curi

    Uff, parece que esta chica es muy mediocre, pero supongo que dentro del partido lo habrán prefiero a la maldad,el trepismo y el peloteo de Buruaga…


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