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Blanco enmarca en un «contexto» de «traición» los insultos en que se basaron las acusaciones

21 de enero de 2019. POR

El diputado José Ramón Blanco ha enmarcado los insultos que se publicaron en octubre y que originaron las denuncias internas contra él, que han derivado en el actual conflicto judicializado de Podemos en Cantabria, en un «contexto» de «traición» de la entonces trabajadora de prensa, que era entonces de su «máxima confianza».

En la primera entrevista que concede desde que estalló la polémica, conjuntamente a El Faradio y a eldiario.es, el actual diputado del Grupo Mixto ha asegurado que abandonará la política la próxima legislatura y sólo dimitirá en la actual si se tiene que sentar en el banquillo de los acusados porque se abra juicio oral en alguna de las denuncias que están en el TSJC.

EL CONTEXTO DE LOS INSULTOS

Además del contexto de “traición” en el que ha enmarcado la conversación en la que se produjeron los insultos a la periodista, que en ningún caso cree que se puedan considerar acoso, también ha rechazado las “mentiras” y “barbaridades” en las denuncias de la diputada Verónica Ordóñez, a quien considera “capaz de hacer cualquier cosa con tal de lograr sus objetivos”.

Y en relación a la tercera denuncia, la de la secretaria general de Podemos en Santander, ha rechazado las acusaciones públicas de violencia de género, por las que, según ha anunciado, ha presentado una denuncia judicial contra el partido y los instructores de las denuncias en el Comité de Seguridad y Salud Laboral.

Blanco ha admitido que tuvo una relación con Alegría, pero ha asegurado que las discrepancias fueron de carácter político, en concreto sobre la estrategia para las próximas elecciones a seguir por Podemos en la capital cántabra (cita para la que la secretaria general se ha postulado como precandidata).

“La propuse que fuera generosa para que fueran otras personas (de fuera del partido) las que lideraran la candidatura en Santander y ella entiende que yo la quiero apartar y por eso empieza un enfrentamiento contra mí cuando era todo lo contrario porque quería que Lydia Alegría pasara a la historia como la persona que hizo el cambio, un cambio que nos desbordara a Podemos y a toda la confluencia”, ha explicado.

Blanco no había desmentido todas las acusaciones hasta la fecha. “No me encontraba con fuerza para dar la cara ni para dar una entrevista. Me generó todo esto un dolor que me ha costado digerir”, ha asegurado.

LA REUNIÓN DE CAYÓN Y UNA GRABACIÓN SACADA DE CONTEXTO

José Ramón Blanco en los estudios de ARCO FM CANTABRIA || Foto: Carlos Atienza

Blanco ha argumentado que los insultos en aquella conversación con la periodista, que fue “en un contexto muy determinado” y de la que sólo se publicaron fragmentos, se debieron al «sentimiento de dolor» y a la «traición».

Así, según ha mencionado, Blanco le contaba a Lucía Reguilón, la responsable de prensa, «cosas íntimas» y «estrategias» que, después, ella le trasladaba a «una tercera persona», en referencia a su adversaria política interna, Verónica Ordóñez.

Y así fue hasta que tuvo conocimiento de una reunión en Cayón en la que Ordóñez, la secretaria general de Santander, Lydia Alegría y la periodista «ridiculizaron» a la entonces secretaria general, Rosana Alonso, afín a Blanco, además de hacer «comentarios despectivos» del anterior líder, Julio Revuelta, o del mismo diputado.

Frente a lo que aseguran las denunciantes, aquel contenido se trató en «una única conversación» por teléfono en el mes de julio, tras aquella reunión en Cayón, en la que perdió «un poco el control” por un “sentimiento de dolor y de traición a nivel personal muy fuerte».

Un «contexto muy determinado» que se omitió en las publicaciones que trascendieron y que provocaron su renuncia a las primarias y su dimisión – que nunca concretó- del Parlamento. «Me sentí desbordado, en una situación de shock y no supe reaccionar», ha justificado. «Mis compañeros empezaron a dudar de mí y hasta yo mismo dudé».

CAMBIO DE CRITERIO SOBRE LA DIMISIÓN

Pero los días posteriores a su dimisión ocurrieron «una serie de cosas». Muestras de apoyo, advertencias de que no dejara el acta y una llamada que le contó «muchísimas cosas” de cómo se había preparado todo y del objetivo, que iba “más allá de cargarse a José Ramón Blanco», por lo que decidió «esperar antes de renunciar al acta» hasta el interrogatorio del Comité de Seguridad y Salud Laboral.

Los instructores del partido que llevaban el caso le negaron, tal y como ha relatado, «absolutamente todo». No le dieron acceso a las denuncias que habían presentado las denunciantes, ni le permitieron que se tomara declaración a sus testigos.

Pero al día siguiente recibió un borrador de la propuesta de resolución, fechado el 8 de octubre, con las conclusiones que diez días después se harían definitivas, pero sin que se le hubiera tomado aún declaración al denunciado ni a los testigos de las denunciantes, los días 9 y 10 de octubre, en la visita de dos abogados del citado comité.

Tras una baja médica y un alta voluntaria (en el mes de noviembre), Blanco se ausentó un mes completo de la actividad parlamentaria, lo que justifica porque «tocó fondo» por un cuadro de ansiedad y por una recaída «por las noticias sobre todas estas acusaciones», después de «un intento de volver» al Parlamento.

Con posterioridad, ha admitido, ha mantenido el acta de diputado porque le da «un altavoz», y aunque ha «tardado en reaccionar», le proporciona «unas capacidades» para poderse «defender».

En la entrevista, Blanco ha asegurado que abandonará la política en la próxima legislatura, aunque ha manifestado su intención de agotar la legislatura parlamentaria, salvo una dimisión que sólo contempla en el caso de que se abra juicio oral en el marco de alguna de las denuncias (de la trabajadora y de la diputada Ordóñez) que están abiertas en el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC).

Por último, el diputado regional se ha desmarcado del movimiento Mas Madrid, en el que concurren juntos la alcaldesa de la capital, Manuela Carmena, y el candidato de Podemos a la presidencia de aquella comunidad, Íñigo Errejón.

Aunque ha mostrado su simpatía por este movimiento, ha rechazado el modelo: «ya hemos visto lo que pasa cuando se importan marcas de Madrid», ha zanjado.


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