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La campaña soñada para el PSOE

23 de abril de 2019. POR

Pedro Sánchez dejó sin respuesta a Casado cuando le recordó las 127 veces que el PP ha votado junto a Bildu.

El PSOE ha hecho un par de cosas bien esta campaña y sus adversarios alguna mal. Por eso a Pedro Sánchez le sonríen las encuestas y seguramente los resultados del próximo domingo. El primer debate electoral ha evidenciado lo cómodo que está Sánchez y eso es producto de cómo ha enmarcado la situación. Habrá muchos indecisos, pero los bolos están pinados.

Un primer éxito fue el claim de la campaña, el primero en presentarse. El presidente convocó las elecciones, le puso fecha y marcó el ritmo con un mensaje: la España que quieres. O mejor dicho, el miedo a que llegue una España que no quieres, la de la triple derecha involucionista, la derecha de Colón, el pacto a la andaluza.

Con ese marco para todos, desde el atril de Sánchez todo es más fácil. No se habla de Cataluña; se habla de la corrupción que desalojó a Mariano Rajoy de La Moncloa. Se habla de la posición reaccionaria contra el feminismo asumida por la derecha del PP pero forzada por la irrupción de VOX; se habla de otro modelo de gobernar, de los viernes sociales.

Por si eso fuera poco, el PSOE está encantado de que planee la duda de un posible pacto con Ciudadanos después de las elecciones. Fue la reacción de Ábalos al cordón sanitario naranja a los socialistas. Esa oferta de acuerdo, desde Ferraz, debilita a Rivera y a la vez evita la caída de Podemos, porque moviliza a la verdadera izquierda. Es decir, ese supuesto pacto PSOE-Ciudadanos es al mismo tiempo clave para que sumen PSOE y Podemos.

Por eso Rivera se pone nervioso cuando lo saca a la palestra Pablo Iglesias y por eso Sánchez no rechaza con contundencia esa posibilidad: no negarse a pactar con Ciudadanos refuerza su centralidad y expulsa a Rivera a disputar votos extremos con Abascal y Casado.

Hasta tal punto conviene al PSOE que se hable de ese pacto que a la mayoría de los analistas se les ha escapado la respuesta que sí dio Sánchez ante la insistencia de Iglesias: habló de un tercer escenario, alternativo a la posibilidad de que pacte la triple derecha o a un Gobierno de coalición de PSOE y Podemos: sería un Gobierno como el de los últimos 10 meses, del PSOE con fichajes independientes. Para eso tendría que ganar, como apuntan la mayoría de las encuestas, de forma incuestionable.

La derecha no ha sabido leer estas elecciones. Lo ha fiado todo a la foto de Colón, a la bandera, alejada de las principales preocupaciones de los ciudadanos: la economía, la precariedad laboral, los recortes en derechos sociales o la corrupción están por delante de Cataluña y la ‘crisis territorial’, según todas las encuestas.

Ni siquiera es capaz de comprometer el discurso de Sánchez con mensajes que cualquier liberal se sabe de carrerilla, como las sombras económicas que podrían derivarse de aumentar el gasto público – y del contexto internacional-.

Y no son capaces porque PP y Ciudadanos han dejado que VOX les levante la mano. Lo dijo con total transparencia el gurú de la extrema derecha mundial, Steve Bannon, en una entrevista que está más a la vista en la corchera de los partidos de la izquierda que en la de los de la derecha: “La victoria de VOX es que ya ha trasladado su conversación a los partidos de la derecha”.

Casado se quedó mudo un par de veces ante Sánchez. Una de ellas al no tener la respuesta (la que sí hubiera dado Cayetana Álvarez de Toledo) sobre las agresiones sexuales. En otra ocasión, el candidato socialista le espetó al popular: “de qué color tiene usted manchadas las manos”, cuando recordó las 127 veces que ha votado el PP junto a Bildu. En un minuto quedó desmontada la hipérbole de la derecha nacional.

Otro ejemplo: en un mitin de precampaña, Abascal dijo que sin VOX, Rivera y Casado no se estarían pegando por ver quien llega el primero a Alsasua. Válido para Rentería o para Vic.

Hay que reconocer a Rivera su habilidad para el debate, pero a veces parece que no ha salido de la liga universitaria. En efectos, en golpes de debate, superó a Sánchez y a Iglesias. Y le robó el protagonismo a Casado, sin duda alguna. Pero la sobreactuación rozó el ridículo con los silencios nada dramáticos de su último minuto (en cualquier programa informativo hay una sintonía que evita el silencio).

Dijo que Sánchez lleva la palabra indulto grabada en la frente (pero Sánchez respondió con el mismo argumento del PSOE que le gusta a Ciudadanos, con el argumento de Felipe González de que no se puede posicionar sobre indultos antes de que haya una sentencia en el juicio al procés); le tiró al socialista el titular de Iceta sobre los indultos; sacó el retrato de Sánchez con Torra, exhibió una tarjeta sanitaria única con una única bandera, la española.

Los mejores efectos especiales fueron los Rivera, pero su trama, las limitaciones de su propio guión, es todo un hándicap que no va a poder levantar. Ciudadanos ha renunciado al centro y a la moderación. Y ese campo será del PSOE.

Si Ciudadanos no fue el más moderado de la derecha en el primer debate televisado, Pablo Iglesias tampoco estuvo en su registro habitual. Dejó la agresividad a las puertas de Torrespaña y salió con la Constitución como si fuera la Biblia. Aunque Iglesias ha impugnado sin cesar el régimen del 78, verle aferrado a la carta magna, en tiempos de amenaza involucionista, no deja de ser un mensaje de seguridad: es lo que millones de españoles hicieron en las horas más escabrosas del golpe de Tejero en el 81.

A Podemos le mueve el mismo deseo que al PSOE sobre Podemos: que no se caiga demasiado. Y hay dos salvavidas que ha agarrado Iglesias con fuerza: uno está contado, el miedo de la izquierda a otro pacto Sánchez-Rivera; el otro son las cloacas del Estado. Porque que se hable de Villarejo más que de Puigdemont y Torra en esta campaña electoral es básico para entender el resultado del próximo 28 de abril.

Esta noche se celebrará el segundo round, en Atresmedia y sin VOX, que seguirá con su efectiva campaña de victimismo en redes sociales. Es muy difícil que cambie el guión y salvo excesos de relajación, más probables que los golpes de audacia, la campaña tocará su fin como empezó: qué España quieres que quede el domingo: un gobierno de Sánchez, pero más fuerte o uno de Casado en manos de Abascal.


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