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	Comentarios en: “No se puede imponer un único relato del fin de ETA”	</title>
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		<title>
		Por: JAVI GONZÁLEZ		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[JAVI GONZÁLEZ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Apr 2017 11:15:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[¿Imponer? ¿Único? ¿Relato? Va a ser que no. Que no cuela. La organización terrorista ETA asesinó a más de 800 personas para tratar de imponer su proyecto totalitario. No lo logró. Afortunadamente no lo hizo gracias a la fortaleza de la democracia y del Estado de Derecho con sus leyes. Y la eficaz actuación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. 
Con el mismo argumento de haber afectado a generaciones se podría entrar en una justificación de atrocidades como la dictadura franquista. O la violencia machista. O la pederastia. 
Esos matices los carga el diablo. Todo lo que no suene a rotunda condena, suena a sibilina justificación. Hablamos de asesinos. De gente fanatizada en el odio. De exterminadores profesionales. De psicópatas asesinos.
¿Un ejemplo? Entre las víctimas tal día como hoy, 15 de abril, pero de 1991,  está la joven Coro Villamudria. Una jovencita donostiarra, que aquella mañana se preparaba, junto a sus cuatro hermanos, a acudir al instituto. Mientras su padre, agente de Policía Nacional, procedía a la revisión metódica de los bajos del coche, la apertura de la puerta del copiloto accionó el mecanismo de la bomba. Y Coro murió mutilada y desangrada. Sus tres hermanos y su padre sufrieron graves heridas. La madre, asomada al balcón, contempló aquella escena. Aquella mañana fue un infierno en la Bella Easo.  
En su reivindicación, los asesinos acusaron al padre de usar a su familia de escudo humano. Y en el colmo de su miseria humana, remataron señalando que Coro quería ser Policía Nacional en el futuro.  ¿Qué hablamos, de asesinato preventivo?
No Borja.  No cuela.  Cada historia de las más de 800 víctimas de ETA encierra tanta o más infamia. Fíjate. Por el mismo precio, tal día como hoy, 15 de abril, pero de 1988, dos agentes de la Policía Nacional, Antonio Gómez Osuna y Francisco Espina Vargas, miembros de una patrulla motorizada, murieron tiroteados. Ambos procedían a identificar a dos sospechosos por tráfico de drogas. Respondían a una llamada que los terroristas habían hecho a la comisaría de Vitoria para denunciar que había varios jóvenes toxicómanos pinchándose. Allí los asesinaron a quemarropa.  Incluso resultó herido uno de los toxicómanos, utilizado como cebo por los propios terroristas. Menuda épica en su acción criminal. 
Sólo tendrías que haberte interesado por desentrañar las auténticas  razones de muchos de esos asesinos para enrolarse en esa siniestra cofradía del terror.  Y se os caería el telón de los ojos.
No se entiende que hagáis tantos esfuerzos por no llamar por su nombre la infame andadura terrorista de ETA. Y dejéis caer insinuaciones que, cuando suenan a intentos de comprender su pulsión criminal, resultan repugnantes. 
No cuela ni siquiera esa apelación a los GAL y al Batallón Vasco Español. Igual de asesinos y criminales y que por ello forman parte del mismo montón de mierda que ETA. Al otro lado, sólo quedamos los demócratas. La gente de bien. Quien se sitúa en medio, en una pretendida equidistancia, está realmente del lado de los asesinos. No de las víctimas.
Lo de que vuelvan los “huidos” es otra de esas perlas que ya delatan a quien las maneja. ¿Huidos en una democracia? ¿No serán en realidad asesinos prófugos de la justicia? Sí. Esos que en la jerga etarra se llaman refugiados. No cuela. 
Por eso el esperpento de la entrega de armas, con los matarifes y sus mariachis convertidos en “artesanos de la paz” fue acogido con absoluto desdén y repugnancia por la gente de bien. Porque sobran esas parafernalias. Quienes nunca hemos empuñado un arma no hemos hecho ostentación de nuestra condición de gente de bien. ¿Cómo no nos va a resultar vomitivo semejante akelarre de los apologistas del odio? De los del “ETA, mátalos”. 
No cuela. Borja. No cuela. Y menos cuando tanto tú, como yo, nos hemos criado y hemos crecido en Euskadi. Amaneciendo a diario con la liturgia del asesinato mafioso. Con el infame “algo habrá hecho”. Con el lacerante silencio. Con la indiferencia. Con la cobardía y el miedo ante el terror. No en vano llamamos terrorismo a la acción de ETA.  Y no se trata de imponer un relato. Se trata de no olvidar. De no ceder al intento burdo de blanquear el pasado de los terroristas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Imponer? ¿Único? ¿Relato? Va a ser que no. Que no cuela. La organización terrorista ETA asesinó a más de 800 personas para tratar de imponer su proyecto totalitario. No lo logró. Afortunadamente no lo hizo gracias a la fortaleza de la democracia y del Estado de Derecho con sus leyes. Y la eficaz actuación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.<br />
Con el mismo argumento de haber afectado a generaciones se podría entrar en una justificación de atrocidades como la dictadura franquista. O la violencia machista. O la pederastia.<br />
Esos matices los carga el diablo. Todo lo que no suene a rotunda condena, suena a sibilina justificación. Hablamos de asesinos. De gente fanatizada en el odio. De exterminadores profesionales. De psicópatas asesinos.<br />
¿Un ejemplo? Entre las víctimas tal día como hoy, 15 de abril, pero de 1991,  está la joven Coro Villamudria. Una jovencita donostiarra, que aquella mañana se preparaba, junto a sus cuatro hermanos, a acudir al instituto. Mientras su padre, agente de Policía Nacional, procedía a la revisión metódica de los bajos del coche, la apertura de la puerta del copiloto accionó el mecanismo de la bomba. Y Coro murió mutilada y desangrada. Sus tres hermanos y su padre sufrieron graves heridas. La madre, asomada al balcón, contempló aquella escena. Aquella mañana fue un infierno en la Bella Easo.<br />
En su reivindicación, los asesinos acusaron al padre de usar a su familia de escudo humano. Y en el colmo de su miseria humana, remataron señalando que Coro quería ser Policía Nacional en el futuro.  ¿Qué hablamos, de asesinato preventivo?<br />
No Borja.  No cuela.  Cada historia de las más de 800 víctimas de ETA encierra tanta o más infamia. Fíjate. Por el mismo precio, tal día como hoy, 15 de abril, pero de 1988, dos agentes de la Policía Nacional, Antonio Gómez Osuna y Francisco Espina Vargas, miembros de una patrulla motorizada, murieron tiroteados. Ambos procedían a identificar a dos sospechosos por tráfico de drogas. Respondían a una llamada que los terroristas habían hecho a la comisaría de Vitoria para denunciar que había varios jóvenes toxicómanos pinchándose. Allí los asesinaron a quemarropa.  Incluso resultó herido uno de los toxicómanos, utilizado como cebo por los propios terroristas. Menuda épica en su acción criminal.<br />
Sólo tendrías que haberte interesado por desentrañar las auténticas  razones de muchos de esos asesinos para enrolarse en esa siniestra cofradía del terror.  Y se os caería el telón de los ojos.<br />
No se entiende que hagáis tantos esfuerzos por no llamar por su nombre la infame andadura terrorista de ETA. Y dejéis caer insinuaciones que, cuando suenan a intentos de comprender su pulsión criminal, resultan repugnantes.<br />
No cuela ni siquiera esa apelación a los GAL y al Batallón Vasco Español. Igual de asesinos y criminales y que por ello forman parte del mismo montón de mierda que ETA. Al otro lado, sólo quedamos los demócratas. La gente de bien. Quien se sitúa en medio, en una pretendida equidistancia, está realmente del lado de los asesinos. No de las víctimas.<br />
Lo de que vuelvan los “huidos” es otra de esas perlas que ya delatan a quien las maneja. ¿Huidos en una democracia? ¿No serán en realidad asesinos prófugos de la justicia? Sí. Esos que en la jerga etarra se llaman refugiados. No cuela.<br />
Por eso el esperpento de la entrega de armas, con los matarifes y sus mariachis convertidos en “artesanos de la paz” fue acogido con absoluto desdén y repugnancia por la gente de bien. Porque sobran esas parafernalias. Quienes nunca hemos empuñado un arma no hemos hecho ostentación de nuestra condición de gente de bien. ¿Cómo no nos va a resultar vomitivo semejante akelarre de los apologistas del odio? De los del “ETA, mátalos”.<br />
No cuela. Borja. No cuela. Y menos cuando tanto tú, como yo, nos hemos criado y hemos crecido en Euskadi. Amaneciendo a diario con la liturgia del asesinato mafioso. Con el infame “algo habrá hecho”. Con el lacerante silencio. Con la indiferencia. Con la cobardía y el miedo ante el terror. No en vano llamamos terrorismo a la acción de ETA.  Y no se trata de imponer un relato. Se trata de no olvidar. De no ceder al intento burdo de blanquear el pasado de los terroristas.</p>
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		Por: Marisa del Campo Larramendi		</title>
		<link>https://www.elfaradio.com/2017/04/14/no-se-puede-imponer-un-unico-relato-del-fin-de-eta/#comment-5847</link>

		<dc:creator><![CDATA[Marisa del Campo Larramendi]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Apr 2017 08:29:54 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[La terminología no es neutral y emplear la palabra &quot;relato&quot; es ya toda una opción ideológica. El análisis histórico, político y social emplea recursos narrativos pero no elabora &quot;relatos&quot;, sino teorías explicativas. El concepto relato conlleva un matiz ficcional y subjetivo que favorece la concepción de que todos los relatos valen lo mismo, son igualmente legítimos, igualmente verosímiles, igualmente verdaderos, ya que: &quot;Cada persona tiene una historia&quot;. Inconmensurables entre sí, los relatos no serían falsables, ni necesitarían ser confrontados con los hechos. Plurales y democráticos, debemos aceptarlos como manifestaciones de la &quot;diversidad de lecturas&quot;. Sin embargo esto sería renunciar a la búsqueda de teorías explicativas acordes con los hechos, puro postmodernismo, pura postverdad. El &quot;relato&quot; sobre ETA por supuesto no debe decir solo que era &quot;una banda de pistoleros matando gente&quot;, pero sí debe partir de una afirmación sin paliativos: ETA era una banda terrorista que trató de implantar sus concepciones políticas matando.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La terminología no es neutral y emplear la palabra «relato» es ya toda una opción ideológica. El análisis histórico, político y social emplea recursos narrativos pero no elabora «relatos», sino teorías explicativas. El concepto relato conlleva un matiz ficcional y subjetivo que favorece la concepción de que todos los relatos valen lo mismo, son igualmente legítimos, igualmente verosímiles, igualmente verdaderos, ya que: «Cada persona tiene una historia». Inconmensurables entre sí, los relatos no serían falsables, ni necesitarían ser confrontados con los hechos. Plurales y democráticos, debemos aceptarlos como manifestaciones de la «diversidad de lecturas». Sin embargo esto sería renunciar a la búsqueda de teorías explicativas acordes con los hechos, puro postmodernismo, pura postverdad. El «relato» sobre ETA por supuesto no debe decir solo que era «una banda de pistoleros matando gente», pero sí debe partir de una afirmación sin paliativos: ETA era una banda terrorista que trató de implantar sus concepciones políticas matando.</p>
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