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	Comentarios en: Winter is coming: el «escalofrío» por VOX llega a Cantabria	</title>
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		<title>
		Por: pepe		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[pepe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Dec 2018 08:59:40 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[La aparición de Vox es tan natural como la de Podemos. La vuelta del fascismo es como la vuelta del comunismo, al fin y al cabo comunismo=fascismo=comunismo, todo lo mismo, extremismos violentos basados en populismos e ideas baratas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La aparición de Vox es tan natural como la de Podemos. La vuelta del fascismo es como la vuelta del comunismo, al fin y al cabo comunismo=fascismo=comunismo, todo lo mismo, extremismos violentos basados en populismos e ideas baratas.</p>
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		Por: Fernando Diaz		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fernando Diaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Dec 2018 17:17:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Es habitual oír o leer entre analistas españoles las “(des)calificaciones” de Ultraderecha -y no digamos de fascista- para referirse a determinados movimientos políticos. Y es más lamentable aún ver que esto se produce sobre todo entre supuestos “expertos”.
De hecho, el término “fascista” ya ha pasado a ser directamente un insulto dirigido a quien está muy lejos de nuestras posiciones, al menos teóricamente.
Pues bien, esto hay que decir con claridad y contundencia que no es correcto. Sin entrar en grandes detalles baste decir que el fascismo tuvo lugar en un país y un momento histórico determinados, bajo un contexto único que no puede ser extrapolable sin caer en errores inasumibles.  Habrá habido experiencias más o menos similares pero con coordenadas diferentes.
El caso es, parece ser, que recurrir a este recurso facilón y simplista sigue resultando una tentación demasiado fuerte para muchos especialistas.

Con lo de Ultraderecha -o Ultraizquierda- ocurre algo parecido. Funciona a modo de estigma político rápido y eficaz, especialmente en estos tiempos tan rebosantes de corrección política.
En España tenemos el ejemplo reciente de Podemos, para los biempensantes: Extrema Izquierda, cuando a duras penas se les puede encuadrar en una Izquierda indefinida de corte más o menos socialdemócrata.

Evidentemente, lo primero que habría que hacer es empezar por dejar claro qué entendemos por Izquierda (o Derecha), para así saber si estamos ante una versión más o menos extrema de dicha posición. Pero esto ya parece demasiado esfuerzo y rigor en una época donde lo que prima es la inmediatez, la superficialidad, la relatividad y el planteamiento posmodernista, es decir: el concepto líquido.

Ahora parece que entra en escena el signo contrario: Vox. Y como agita banderas españolas, ¡ya está! bien fácil nos lo ponen: es Extrema Derecha.
Oigo en la entrevista de El Faradio a Raúl Gil que no, que también son “xenófobos”, yo no detecto odio al extranjero en su programa más allá de estar en contra de la inmigración ilegal, que no es lo mismo.
Que son “machistas”, palabro éste aparte de simplista, se deduce de oponerse a la Ley de VG, en la cual entre otras aberraciones jurídicas se destruye nada menos que la presunción de inocencia para la mitad de la población. 
“Quieren acabar con las Autonomías”. En su programa solo he visto que quieren hacer cumplir la Constitución y  suspender la autonomía catalana (como el PP y C´s) y racionalizar el resto. Propuesta ésta que sospecho tendría un amplio respaldo transversal a nivel nacional.
Y es “antieuropeísta”. Dicho así, sin matices.  Esta postura tampoco parece ya muy original en Europa. Desde hace tiempo habría que buscar con mucha paciencia para encontrar opciones políticas proeuropeas.

¿Que en este partido es posible encontrar algún rasgo de derecha extrema? Puede ser, como ocurre con el PP e incluso C´s, pero de ahí a ponerlo en bloque de forma automática en ese apartado político va un un gran salto con tirabuzón y sin red en el vacío. 

Comprendo que es mucho más cómodo poner etiquetas rápidas que reflexionar sobre estas nuevas realidades en estos nuevos contextos. Las políticas de Trump, y por aquí más cerca, el hecho de estar en contra de la inmigración ilegal, tomar medidas contra el islamismo yihadista, la legislación sexista, poner énfasis en una postura patriótica o incluso nacionalista o criticar el autonomismo ineficaz, por ejemplo, me temo que no convierte a un partido en “fascista”, ni tan siquiera en Extrema Derecha.  

- “Su objetivo”, que es “llegar al poder y destruir los valores que sustentan la sociedad en que vivimos””.

Francamente, este tipo de afirmaciones me parecen, además de alarmistas, poco realistas.


La sensación es que nos hemos convertido en una sociedad infantilizada, donde el fundamentalismo democrático campa a sus anchas. A quien se aparte, o parezca que se aparte, de la ortodoxia democrático-procedimental enseguida se le coloca el sambenito. Especialmente desde la izquierda, perdida como está hoy entre sus múltiples desvaríos y despistes ideológicos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es habitual oír o leer entre analistas españoles las “(des)calificaciones” de Ultraderecha -y no digamos de fascista- para referirse a determinados movimientos políticos. Y es más lamentable aún ver que esto se produce sobre todo entre supuestos “expertos”.<br />
De hecho, el término “fascista” ya ha pasado a ser directamente un insulto dirigido a quien está muy lejos de nuestras posiciones, al menos teóricamente.<br />
Pues bien, esto hay que decir con claridad y contundencia que no es correcto. Sin entrar en grandes detalles baste decir que el fascismo tuvo lugar en un país y un momento histórico determinados, bajo un contexto único que no puede ser extrapolable sin caer en errores inasumibles.  Habrá habido experiencias más o menos similares pero con coordenadas diferentes.<br />
El caso es, parece ser, que recurrir a este recurso facilón y simplista sigue resultando una tentación demasiado fuerte para muchos especialistas.</p>
<p>Con lo de Ultraderecha -o Ultraizquierda- ocurre algo parecido. Funciona a modo de estigma político rápido y eficaz, especialmente en estos tiempos tan rebosantes de corrección política.<br />
En España tenemos el ejemplo reciente de Podemos, para los biempensantes: Extrema Izquierda, cuando a duras penas se les puede encuadrar en una Izquierda indefinida de corte más o menos socialdemócrata.</p>
<p>Evidentemente, lo primero que habría que hacer es empezar por dejar claro qué entendemos por Izquierda (o Derecha), para así saber si estamos ante una versión más o menos extrema de dicha posición. Pero esto ya parece demasiado esfuerzo y rigor en una época donde lo que prima es la inmediatez, la superficialidad, la relatividad y el planteamiento posmodernista, es decir: el concepto líquido.</p>
<p>Ahora parece que entra en escena el signo contrario: Vox. Y como agita banderas españolas, ¡ya está! bien fácil nos lo ponen: es Extrema Derecha.<br />
Oigo en la entrevista de El Faradio a Raúl Gil que no, que también son “xenófobos”, yo no detecto odio al extranjero en su programa más allá de estar en contra de la inmigración ilegal, que no es lo mismo.<br />
Que son “machistas”, palabro éste aparte de simplista, se deduce de oponerse a la Ley de VG, en la cual entre otras aberraciones jurídicas se destruye nada menos que la presunción de inocencia para la mitad de la población.<br />
“Quieren acabar con las Autonomías”. En su programa solo he visto que quieren hacer cumplir la Constitución y  suspender la autonomía catalana (como el PP y C´s) y racionalizar el resto. Propuesta ésta que sospecho tendría un amplio respaldo transversal a nivel nacional.<br />
Y es “antieuropeísta”. Dicho así, sin matices.  Esta postura tampoco parece ya muy original en Europa. Desde hace tiempo habría que buscar con mucha paciencia para encontrar opciones políticas proeuropeas.</p>
<p>¿Que en este partido es posible encontrar algún rasgo de derecha extrema? Puede ser, como ocurre con el PP e incluso C´s, pero de ahí a ponerlo en bloque de forma automática en ese apartado político va un un gran salto con tirabuzón y sin red en el vacío. </p>
<p>Comprendo que es mucho más cómodo poner etiquetas rápidas que reflexionar sobre estas nuevas realidades en estos nuevos contextos. Las políticas de Trump, y por aquí más cerca, el hecho de estar en contra de la inmigración ilegal, tomar medidas contra el islamismo yihadista, la legislación sexista, poner énfasis en una postura patriótica o incluso nacionalista o criticar el autonomismo ineficaz, por ejemplo, me temo que no convierte a un partido en “fascista”, ni tan siquiera en Extrema Derecha.  </p>
<p>&#8211; “Su objetivo”, que es “llegar al poder y destruir los valores que sustentan la sociedad en que vivimos””.</p>
<p>Francamente, este tipo de afirmaciones me parecen, además de alarmistas, poco realistas.</p>
<p>La sensación es que nos hemos convertido en una sociedad infantilizada, donde el fundamentalismo democrático campa a sus anchas. A quien se aparte, o parezca que se aparte, de la ortodoxia democrático-procedimental enseguida se le coloca el sambenito. Especialmente desde la izquierda, perdida como está hoy entre sus múltiples desvaríos y despistes ideológicos.</p>
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