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Cometas en el cielo

8 de septiembre de 2017. POR

Me senté junto a un sauce en un banco del parque y pensé en lo que me había dicho Rahim Kan justo antes de colgar, como si se tratara de una ocurrencia de última hora. “Hay una forma de volver a ser bueno”. Alcé de nuevo la vista en dirección a las cometas gemelas. Pensé en Hassan. Pensé en Baba. En Alí. En Kabul. En la vida que había vivido hasta que llegó el invierno de 1975 y lo cambió todo. Y me convirtió en lo que hoy soy (pág 10, de la novela “Cometas en el Cielo” de Khaled Hosseini).

“Hay una forma de ser bueno” es el mensaje en clave que recibe el protagonista de Cometas en el Cielo cuando un viejo amigo lo llama un día por teléfono, tras su exilio forzado, y le pide que regrese a Afganistán, su país natal. Pero la  historia de Cometas en el Cielo es mucho más que la historia de una amistad.

Dos amigos inseparables que empiezan a darse cuenta del lugar que ocupan en la sociedad mientras juegan volando una cometa, mientras comprueban como su relación, sus vidas, se ven marcadas por pertenecer a castas diferentes. Pero la lucha de cometas uno de los símbolos de la cultura afgana, consigue, durante unos instantes, lo que tarda el hilo en descolgarse de los dedos que lo aprieta, lo que tarda el viento en desgajarse  de la tela que tropieza, lo que tarda el aire en zarandear el quiebro de sus muñecas, que no haya diferencias, que el horizonte embride al cielo y, a varios metros sobre tierra firme, solo importe eso, el vuelo de la cometa, cuál de ellas logre mantenerse en pie sobre el vacío.

Cuál de ellas mantenga su vuelo en la mirada de quien la sujeta. Pues en Afganistán la gente no solo vuela las cometas, hace algo más, lucha con ellas. Y esta lucha se convierte en metáfora de libertad, de desobediencia a una tradición que estigmatiza, a un mundo que quiere hacer de ellos marionetas. Quizás de esperanza por un futuro mejor, quizás de anclaje identitario, de infancia, de familia, de sueños, de rebeldía, quizás de soledad, de amistad, de vida;  quizás de huida hacia delante, o quizás solo lo sepa quien la mantiene suspendida en el aire. Porque, quizás, en esos instantes, nada importe, solo el vuelo de tu cometa.

 

 

Largos hilos empapados de una mezcla de cola y vidrio con el fin de cortar el hilo de las otras cometas. El resto depende de la habilidad, del aire, de la suerte, de quien la sujeta, porque nada importa de dónde vengas, ni a que casta pertenezcas. Nada importan las guerras, el velo negro que cubre un rostro incapaz de respirar, la tierra yerma arrebatada y expoliada por una historia de luchas de quienes nunca volaron una cometa, de quienes convirtieron su tierra en un tablero de ajedrez. Porque quien nunca voló una cometa es incapaz de entender la libertad que acompaña a los colores que se enfrentan, que se tropiezan, que se enzarzan en una pelea tan justa como lo es viento que las agita.

Más de treinta grupos diferentes habitan esa tierra vacía de la que habla el historiador Mariano de Miguel en su artículo. Esa tierra vaciada por las manos de quienes nunca han volado una cometa, de quienes nunca vieron en ella a sus gentes. Una identidad tribal que prevalece sobre el resto, una identidad hecha de identidades sumidas en el pasado, en el futuro arrebatado  difícil de entender para quien nunca ha volado una cometa, como ellos la vuelan. Un estado fallido que se mira en el espejo de la historia con ojos envueltos en las lágrimas de quien se ve obligado a abandonar su hogar, de quien vuelve con la mirada llena de un mundo que no conocía, de una esperanza por lograr que el vuelo de la cometa sea algo real, planee a ras de suelo  y todas esas esperanzas, todos esos sueños se hagan realidad. Un camino de vuelta que es un nuevo comienzo de personas marcadas por una tradición, por una historia hecha de muchas historias, de muchas cometas bañadas en sangre, una sangre que no vuela, que solo busca un cauce para descansar en paz, para volver a empezar, si las ataduras propias y ajenas. Con la misma libertad que ese vuelo de cometas.

Porque cuando el viento se levanta, y el aire azuza la tela con su empujón insolente, todo es posible, todo está alcance de la mano que sujeta el hilo. Y el pasado ya no cuenta, ni las castas, ni las guerras, ni los códigos que te encierran sin dejarte respirar. Porque cuando el viento se levanta nos regala otra oportunidad, nos muestra que “hay una forma de volver a ser bueno”. Solo tienes que aprender a volar una cometa como ellos lo hacen.

Anexo I: En 2016 se estima que había 1,4 millones de desplazados internos en Afganistán.

En 2017 los refugiados afganos son el segundo mayor grupo de refugiados del mundo bajo el mandato de ACNUR (después de los sirios), con 2´6 millones de personas. El 95.5 % continúan en Irán y Pakistán. Aunque se estima que hay dos millones más de personas no registradas en esos países.

La mayoría de los que lo intentan son adolescentes y jóvenes, algunos aún niños, y muchos viajan solos. La mayoría no serán acogidos y probablemente serán deportados, porque la UE considera que en Afganistán ya no hay guerra y existen “zonas seguras” en el país, a pesar de ser un país inmerso en la violencia desde hace décadas (hoy en día, la ocupación de la coalición liderada por EEUU, las milicias de Al-Qaeda, los grupos talibán y DAESH).

Por Grecia transitaron 200.000 afganos en 2015 y unos 40.000 en 2016, hasta el cierre de las fronteras. Actualmente en el país heleno hay unos 20.000 afganos que malviven en condiciones de extrema precariedad bajo el riesgo de ser deportados a su país, su situación es de total incertidumbre. Son “refugiados de segunda clase” entre las más de 60.000 personas solicitantes de asilo en Grecia. La UE acepta habitualmente peticiones de sirios, iraquíes y eritreos, pero las opciones de los afganos son remotas, no pueden optar a la reubicación…

Los menores no acompañados suponen el 11% de los solicitantes de asilo afganos en la UE (20.000 en 2016), chicos de 14 a 17 años. Huyen de la violencia, la pobreza y el reclutamiento forzoso en los grupos armados. Algunos de ellos son enviados por sus familias a Europa con la errónea creencia de que posteriormente se podrá realizar una reagrupación familiar en algún país de la UE…

Anexo II:   Este fin de semana, en la Feria de las Naciones, Cantabria Actúa desarrollará el I Taller de Creación de Cometas Afganas con la finalidad de construir juntos un icono de la identidad del pueblo afgano, acercar culturas y visibilizar la situación que viven las nuevas generaciones, para comprender el éxodo migratorio de los jóvenes afganos. El taller, para todos los públicos, es gratuito y su inscripción se lleva a cabo al comienzo.  Quizás al aprender, de su mano, a volar una,  comprendamos mejor su historia,  la historia de personas obligadas a abandonar su vida, sus hogares. Los Horarios Son:

Sábado 9.

Mañana: 11:15 am (Inscripciones)

11:30 am. Comienzo del Taller

Tarde:

17:00 pm. (Inscripciones)

17:15 pm. Comienzo de Taller

Domingo 10.

Mañana: 11:15 am (Inscripciones)

11:30 am. Comienzo de Taller

 


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