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Droga dura para la máquina por cortesía de Fernando Llorente

16 de abril de 2018. POR

||por GABRIEL ESMERO, autor de TRENTO, de ALAS EDICIONES||

Tuve la necesidad de quitarme de encima la oleada de críticas e indignaciones que me han complicado la vida desde hace casi un año, a raíz de mi primera novela, Trento; novela que la editorial Alas tuvo, según sus responsables, la valentía de editar. Esa necesidad me llevó a buscar otros caminos expresivos, y también escritores que este nido editorial independiente  acoge entre sus plumajes ya mudados.

Y me dije a mí mismo que el color verde intenso me gusta, me da la esperanza necesaria para creer, y curiosamente, el libro de Fernando Llorente, Estimulantes (contra la flacidez del espíritu), es el verde del catálogo. Así que lo compré (los autores malditos también  compramos libros), dispuesto a recuperar el resuello, las ganas de creer de nuevo, de evitar ese  pensamiento maldito de que quizá estuve equivocado.

Una maleta para el viaje de Estimulantes

Ahora puedo deciros que me equivoqué, que a raíz de su lectura me arranqué a escribir de  nuevo únicamente teniendo en cuenta mis, para siempre, puntos cardinales de la creación  literaria. Y eso solo ocurre cuando algo te arrasa, te deja desvalido y te arma, así, para lo que  viene después.

Sin miramientos, sin contemplaciones, como una bala disparada directamente entre las cejas, sin ánimo de encontrar un remanso de paz mínimo que haga dudar de lo que todos  niegan.

Estimulantes es una obra por si misma amplificada, continuación, según pude indagar después, de una colección de aforismos previa, publicada en La grúa de piedra, con el título  cargado de intenciones, Disparos al aire. Amplificada, digo, porque, siendo un puñado de  aforismos organizados alfabéticamente, estos realmente se ríen de nosotros, mejor dicho, nos pretenden deleitar con su ensañamiento directo a las entrañas, y se quieren identificar con esa  colección iniciática, sin conseguirlo. Orden alfabético para destartalar y desordenar lo  establecido y dado por sentado.

Irremediablemente se amplifican sus textos, en continua búsqueda racional que solo encuentran lo irracional, aunque busquen el pesimismo que ya se intuía en los primeros, y la ironía de esos disparos que, a pesar de sus intenciones, estaban protegidos por algo distinto a una mancha en nuestra camiseta.

La necesidad de creer me llevó a este nuevo libro de Fernando, y a esa amplificación que se mezcla con detalles de lo cotidiano, con objetivos claros que no entienden de dianas. Pasan estos aforismos de puntillas por referencias y pensamientos clásicos, modernos, cotidianos, con la intención de dejar huellas perecederas. Conmigo lo consiguen.

He visto, también, cómo el efecto de estos estimulantes, destartala a matemáticos, a ingenieros escépticos, a mujeres que adoran la economía del lenguaje, voltean sin remedio pequeñas mentes dormidas y mentes gigantes adoctrinadas en la costumbre de lo políticamente correcto.

Pero no quiero engañaros, esta obra es droga dura, y como esta clase de sustancia es peligrosa, puede arrasar generaciones enteras, dejar daños de difícil reconstrucción en este  mundo que habitamos y nos empeñamos en verlo desde fuera. Ese mundo que habitamos que  se diluye en nuestra propia existencia y la tormenta de ahí afuera, si acaso no es lo mismo.

He tenido que ajustar la dosis, paladearla en mis momentos decisivos, atender a mi relación  con el dinero, al silencio que me rodea, a reconocer la piel blanca de su sombra, a atender a la pasión de mis momentos como se merece, desde la ternura de los textos y la fiereza salvaje de  la ironía y la postrimería.

Adicción que amplifica el mundo de ahí afuera, porque es necesario para saber dónde escupir, dónde besar, dónde decir basta, dónde reírse de todo, dónde llorar por casi nada, para qué no sirve la ternura cuando ya no se gana nada.

En resumidas cuentas, adicción que  engrandece la basura que somos, que nos empeñamos en ser, a veces sin conseguirlo. Adicción  que nos descubre la vida o un pedacito de su mentira, a golpe de nadería insatisfecha,  según dicen por ahí, adicción que irremediablemente nos pierde en nuestros  múltiples rostros, ¿o no?

Buscaba el color verde, porque necesitaba creer, pensar que no estaba equivocado, que el sol sigue luciendo siempre a mi favor, y encontré vuestro verde, chicos de Alas ediciones, para llevarme a la boca el orden de las cosas, la esperanza deseada, y , sin embargo, me he convertido en el adicto a sustancias peligrosas, y con ello en ese escritor que sigue buscando la existencia en las palabras dormidas.

Amplificador independiente, con ese Fernando Llorente independiente, acompañado por Almudena daCosta y sus ilustraciones que asumen igualmente la amplificación de la nada, dispuesto a todo para conseguir nada, como siempre, como solo es posible vivir, y  escribir, plagado de manchas, de droga, de estimulantes sin cortar, para con convicción, seguir  dando el golpe certero en la mesa.

*Este jueves 19, a las 19 horas, en Librería Gil, en la Plaza Pombo, Fernando Llorente presenta Estimulantes (Contra la flacidez de espíritu), como cierre del ‘Precipicio de belleza tour’


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