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El mundo rural se debilita y muere

17 de junio de 2018. POR

||por JAIME BONACHEA, alcalde de Rasines||

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) considera como municipio rural a todo aquel que tiene una densidad de población inferior a 150 hab/km2.

El problema del despoblamiento rural

Según este criterio, la mayor parte de los municipios de nuestra región entran en la categoría de municipios rurales. Cantabria tiene una densidad media de 109 hab/km2, similar a la del resto de España, pero sólo 23, de los102 existentes, pueden calificarse, en base a ese criterio, en municipios urbanos y, por tanto, 79 municipios (el 80,5% del total) se corresponden con municipios del ámbito rural.

En los municipios rurales habita aproximadamente el 21,5% de la población de Cantabria, esto supone unas 120.000 personas. De ahí que sea importante no olvidarse de la quinta parte de la población de Cantabria.

Si se analizasen las pirámides de población de estos núcleos rurales, se observaría claramente que las personas de estas zonas están cada vez más envejecidas y, por consiguiente, requieren y van a necesitar, cada vez más, mayor atención y, además, más y mejores servicios asistenciales.

En general, todas las administraciones se llenan la boca al asegurar que es muy importante el mundo rural y que están apostando por fijar a la población en el campo.

Sin embargo, y cruel es la realidad, en nuestros pueblos cada vez se manifiesta, con mayor profusión, la pérdida de servicios, al centralizarse éstos en núcleos más grandes pero, sobre todo, alejados de la población rural (servicios sanitarios, servicios educativos, servicios bancarios, servicios de telecomunicaciones, infraestructuras, etc. están desapareciendo recientemente de las zonas menos pobladas).

Se hace difícil que la gente joven apueste por vivir en el entorno rural, sobre todo cuando éste carece de toda una serie de servicios tan necesarios hoy en día, incluso para trabajar.

El abandono de las zonas rurales será cada vez más patente en el futuro. Cuando nos dejen nuestros padres y abuelos, los pueblos morirán y desaparecerán con ellos. Si las Administraciones no aplican políticas transversales que permitan establecer a la población en el campo y núcleos rurales, los pueblos y paisajes que hoy conocemos, que sirven de disfrute para mucha de la población urbana, acabarán muriendo con esa generación que nos antecede. Nuestros paisajes, nuestros bosques, nuestros ríos, nuestra fauna y vegetación dependen de que la vida en el campo perdure en el tiempo.

Si se siguen eliminando servicios a nuestros ciudadanos o no invirtiendo lo suficiente en estas zonas, entre todos seremos cómplices de la desaparición de nuestras raíces pero, principalmente, de nuestro medio natural. De nada sirve que se limiten determinados usos y actividades, aludiendo al impacto en el medio, si no se potencian o aplican políticas que atraigan a la gente a visitar, y por qué no, a asentarse en el mundo rural.

Se hace difícil entender que alguien que vive en la ciudad y que desconoce prácticamente el funcionamiento y necesidades del mundo rural, regule y legisle para el medio rural igual que para el medio urbano.

Esta pequeña reflexión no quiere más que llamar la atención por la pérdida de servicios que estamos sufriendo en los pueblos como Rasines, y que afectan en gran medida a las personas mayores. La pérdida de centros médicos y farmacias, de entidades financieras o comercios, está afectando a la calidad asistencial y de vida de los ciudadanos del mundo rural. Los pueblos, los montes, los valles y los paisajes que actualmente se pueden contemplar, son el principal activo de este mundo rural, tan olvidado por algunos.

 


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