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Aquarius

19 de junio de 2018. POR

Y vuelve a Leviatán a dar la oportunidad al hombre para que se rebele contra su absoluta impunidad. Ya no se trata de la figura mitológica que el filósofo Thomas Hobbes utilizara como fórmula de justificar el absolutismo como el mejor de los gobiernos, como el único posible que entiende la verdadera naturaleza del hombre: Ser un lobo para el hombre. Pero en este caso, este monstruo del antiguo testamento que devora todo lo que a su paso sale a nuestro encuentro de nuevo:

Nadie hay tan osado que lo despierte… De su grandeza tienen temor los fuertes… No hay sobre la Tierra quien se le parezca, animal hecho exento de temor. Menosprecia toda cosa alta; es rey sobre todos los soberbios

Quizás por el empacho de tragarse a miles de seres humanos y ya ni siquiera eructarlos en una noticia a pie de página, en una breve alusión del informativo matinal, mientras bostezas y te llevas el café a la boca para no perder el pulso a una mañana que se presenta con más sueño del que pensabas. De esos sueños que solo quieren dormir un poco más sin importarle demasiado cumplirse o no. Solo dormir un poco más. Un poco más, déjame solo un minuto más le dice a su madre aferrándose a la sábana como el último bastión que le separa de un día que comienza demasiado pronto, tal vez porque la noche acabó demasiado tarde. Y ahí te encuentras entre el café y las tostadas, a medio camino de otro naufragio estomacal. Se te revuelven las tripas y has tomado más pastillas antes de desayunar que un adolescente de esos a los que llaman “poligoneros”.

 

Para que esta excepción se convierta en la regla (de los derechos humanos)

 

Oyes la palabra “Aquarius” en la tele y te suena a bebida energética. Quizás no te vendría mal un trago de eso, total por probar, piensas. Y al volver la vista hacia la tele ves miles de litros de agua salada de un mar inundado de personas. La imagen te resulta familiar, aunque esta vez parecen respirar, no flotan inmóviles, o a la deriva. Hay alguien que ha decidido ayudarles. Subes el volumen de la tele, quizás esta vez no sean “malas noticias”, quizás esta vez no se te atragante en desayuno. Putas pastillas maldices entre dientes al tiempo que te tomas un antiácido, y el día ni siquiera ha empezado. Más de seiscientas personas rescatadas en el Mar van a ser trasladadas al país donde vives. Algunas de ellas quizás acaben en tu ciudad, tal vez, nunca se sabe te tropieces con alguna de ellas por la calle, o sea incluso, tu vecino.

Definitivamente no hablan de una bebida isotónica, hablan de seres humanos que ayudan a seres humanos, de que eso es noticia y lo cuentan por la tele. A estas horas de la mañana no sueles pararte a pensar en cosas tan sesudas, eso se lo dejas a los políticos que para eso les pagan, bastante tienes tú con lo tuyo como para preocuparte encima por la vida de los demás. Y ese maldito dolor de estómago que te va acabar por arruinar un día que ni siquiera  ha comenzado. Sin embargo, esta noticia te reconcilia un poco la vida y a la vez te hace pensar en cuantos “Aquarius” se ha tragado el mar, en cuantos yacen bajo la lápida de una noticia que no se dio, simplemente porque hace mucho tiempo que la gente muera en el mar ha dejado de ser noticia. Ahora la noticia es que se ayude a la gente  a sobrevivir. La noticia es que esas más de seiscientas personas se les dé por lo menos una oportunidad, la de ser nuestro vecino e intentar salir adelante lo mejor que pueda. Sin dejar de mirar la pantalla, piensas que el termómetro de los derechos humanos, de la normalidad, está a punto de reventar. Cuando lo normal se convierte en excepcional algo malo estamos haciendo te repites. Y otra patada en el estómago te devuelve  a la realidad de tu endiablada digestión. No si al final voy a tener que ir al médico, joder. No puedo permitirme otro día más sin ir al trabajo. Ya me advirtieron que a la próxima me ponen de patitas en la calle.

No te puedes quedar a ver la noticia por completo. Se te queda en la retina de la memoria esa cifra que pone un número a quienes han tenido la fortuna de no formar parte de las estadísticas del nunca existió porque al fondo del mar no llegan las encuestas de opinión. Con la tostada aún en la boca y el café destemplado escuchas a uno de esos tertulianos, nuevos oráculos de la posmodernidad, sentenciar con un comentario lapidario: “eso no es más que un acto de postureo político, de propaganda, visibilizar algo así solo buscan ponerse la medalla de los derechos humanos”. Y otra patada te atraviesa el estómago. Apagas la tele y sales a la calle: Ojalá se visibilizase cada acción así, y al hacerlo sirviera para que nos preguntemos ¿dónde está el resto? ¿Qué hemos hecho con ellos? No vaya a ser que la Indiferencia sea  el  Leviatán de nuestros días.


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