Los vecinos del Prado San Roque y el Río de la Pila advierten: «No nos iremos de nuestro barrio»

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En la cabina del funicular, visible para todos, pone “Ánimo”. Dentro de poco habrá otros mensajes en los balcones del barrio. Subimos a la visita guiada que las Conglomeradas, el ciclo de urbanismo crítico, han organizado por el Prado San Roque y el Río de la Pila.

Las grúas ya se mueven en el entorno del Prado San Roque

Las grúas ya se mueven en el entorno del Prado San Roque

Puede que no todos sus vecinos sepan lo que significa la palabra gentrificación, pero sí conocen lo que es: el proceso por el que los vecinos tradicionales de un barrio son desalojados.

Durante años han visto como el barrio (un auténtico desastre de planificación, fruto de otro Nuevo Santander, el de después del incendio) sufría desatención , falta de limpieza y de reformas.

Y llegó el funicular y lo puso más cerca de todos. Y algunos descubrieron que ahí arriba, en lo que todavía algunos conocen como El Alta, había unas maravillosas vistas a la Bahía de Santander. Y que la zona tenía muchas… posibilidades.

Salimos del funicular. A un lado, hacia la izquierda, el colegio Los Salesianos. Cerca, centro de salud, y un centro cívico. Enfrente, el campo de fútbol del regimiento. Y más hacia allá el Villajunco, y el camino hacia la playa.

Aunque no se sepa lo que significa gentrificación, los vecinos están aprendiendo a marchas forzadas los riesgos del puñetazo del ladrillo.

Es un mal día: se han desayunado leyendo en el periódico que el juez dice que Amparo tiene que abandonar su finca.

Amparo es la vecina de Santander cuyo proceso de expropiación para levantar un vial en la zona de Las Llamas, en la S-20, ha despertado una ola de solidaridad y activismo sin precedentes en la ciudad y que, como ellos mismos reconocen, les animó a montar la plataforma Salvemos el Prado San Roque y el Río de la Pila.

ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO

Desde arriba del funicular, José, el portavoz de la plataforma, junto a Cholo o Gema explican, sin infografías, pero con mucho detalle, los planes del barrio.

En paralelo al funicular, viviendas, parte libre y parte de protección oficial. En torno a 60 viviendas, cuya construcción requiere el derribo de casas y huertas.

Visita al Prado San Roque-río de la Pila

Un portavoz de la Plataforma señala los lugares donde se producirán expropiaciones

El corazón de la zona, conocida también como Entrehuertas, guarda esas sorpresas del pasado de la emigración rural a Santander, a apenas cinco minutos del centro urbano.

Mientras señala los planes, vemos una grúa moverse. Al lado del campo de fútbol del Regimiento se están construyendo viviendas de protección oficial. De las de régimen autonómico, más caras que las normales.

Las cuentas no les salen. Unas 45 familias pendientes de las expropiaciones (porque ya les han dicho que sí, que las habrá), y sólo unas 12 viviendas en ese segundo bloque, ya en obras, para acogerles. A alguno ya le han sugerido que se les ofrecerá algo en La Albericia. En La Albericia. No en su barrio.

Y no sólo no salen esas cuentas tan sencillas. Les ofrecen cambiar pisos que valían unos 140.000 euros por otros que valen en torno a 40.000.

Así que dicen que no están dispuestos a moverse de su barrio. Para ello han constituido la Plataforma, en una zona en la que no hay ni noticias de alguna otra asociación vecinal. Admiten que han empezado a moverse cuando han visto que sus intereses estaban en peligro.

De momento han conseguido algún avance: sus quejas han provocado arreglos en escaleras y en aceras. Todavía queda por hacer: nos enseñan, bajando esas escaleras, fincas llenas de zarzas y malezas.

Surgen las ideas, muchas de ellas de la gente de Conglomeradas: ¿una acción de limpieza de esos espacios, que aunque sean de propiedad privada, podrían ser, como ha pasado otras veces, limpiados por el Ayuntamiento, que le pasaría la factura al dueño? ¿Unas huertas, un mural?

Aquí estaba la casa de Julia

Aquí estaba la casa de Juana

Desde las escaleras, mirando hacia abajo, nos señalan el espacio dejado por dos bloques abandonados en los que se produjeron hasta incendios. El abandono hizo que familias sin recursos acabaran usándolo para vivir, almacenar basura y hacer fogatas.

Y mirando hacia arriba, vemos en otro solar restos de una vida anterior.

Fragmentos del suelo de una vivienda que se cayó, que se vino debajo de pura desidia. Y al hacerlo dejó sin apoyo a la casa de Juana, que se pasó años pidiendo al Ayuntamiento, sin respuesta, permiso para reformarla, con su dinero.

Pero nada. Ni con su dinero, ni, por supuesto, con subvenciones a la mejora de fachadas.

Ahora sí va a haber más presencia municipal: al calor de los anuncios de proyectos urbanísticos, hay proyectos para la mejora, desde la construcción de un boulevard, paralelo al campo de fútbol, hasta nuevos espacios verdes, que complementarán, desde lo público, la iniciativa privada y que los vecinos de siempre corren el riesgo de no poder disfrutar.

Informaciones como esta son posibles gracias al apoyo de nuestros socios. Puedes unirte pinchando en la imagen

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Volvemos al campo de fútbol. La visita termina.

Los vecinos nos han preparado unas tortillas para picar.

Charlamos de los proyectos y de lo cerca que están las elecciones.

Mientras bajamos de vuelta en el funicular, ese que lleva el mensaje de ánimo, miramos, de reojo, como una de las grúas, desde lo alto, se sigue moviendo.

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