Las mujeres de la profesión invisible

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El 17 de agosto de 1907 se constituyó en Stuttgart (Alemania) la Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas con un grupo de 58 féminas, fundando lo que ahora se conoce como la Internacional Socialista de Mujeres.

En este primer encuentro las fundadoras demandaron el derecho al voto femenino. Tres años después, en 1910, tuvo lugar en Copenhague la Segunda Conferencia, donde las alemanas Clara Zetkin y Kathy Duncker, en representación del Partido Socialista Alemán, propusieron celebrar un Día Internacional de la Mujer en conmemoración de esta lucha por la igualdad. Las más de 100 mujeres asistentes aprobaron unánimemente la propuesta.

Como consecuencia de ello, el 19 de marzo de 1911 se celebraron mítines en distintos países de Europa a los que acudieron más de un millón de personas que exigieron el derecho al voto femenino, y al trabajo y formación profesional en igualdad de condiciones.

Una de tantas imágenes que estos días corren por las redes y los mensajes instantáneos.

Una de tantas imágenes que estos días corren por las redes y los mensajes instantáneos.

Como apunte cabe recordar una tragedia histórica, y es que menos de una semana después, el 25 de marzo, hubo un incendio en la fábrica de camisas Triangle Shirwaist, en Nueva York en la que las costureras se habían encerrado para exigir un trato laboral digno.

Más de 120 trabajadoras fallecieron entre las llamas ante la imposibilidad de salir del edificio. Los responsables de la fábrica habían cerrado todas las puertas de las escaleras y salidas. Una práctica común para evitar y reprimir movimientos obreros.

Este hecho marcó para siempre la celebración del Día Internacional de la Mujer, y obligó a realizar importantes cambios legislativos en las normas de seguridad y salud laborales en EE.UU.

Durante el día de hoy se publicarán multitud de estudios y reportajes sobre la situación actual de la mujer, y su evolución en los distintos países del mundo. Qué se ha conseguido, qué país está más avanzado, qué derecho se resiste… Esa información que corre todos los años y que nos permite testar hasta qué punto progresa o retrocede un país, como por ejemplo el nuestro.

Pocos artículos habrá que se acuerden de las mujeres invisibles, aquellas que tiran del carro cuando los demás ya se han cansado y cuyo esfuerzo es siempre ignorando. Ese trabajo que se nota más cuando no se realiza que cuando se hace, que se da por hecho pero que sin él ningún hogar podría funcionar: Las amas de casa.

Podemos hablar de trabajos bien remunerados, de empleos mal pagados, y luego está este. Desagradecido, infravalorado y prácticamente con un porcentaje cero de vocación. Y no digo la cifra absoluta porque el mundo es grande y puede que alguna mujer haya crecido en la segunda mitad del siglo XX con el sueño de ser ama de casa. Y derecho tienen, por supuesto.

Como hija de una de ellas, comprendo el sacrificio y la fuerza de voluntad que requiere esta tarea, el ninguneo que tienen que soportar y la carga que hay sobre sus hombros.

Quitadme al mejor economista del mundo, si alguien sabe estirar el dinero y cuadrar cuentas imposibles a final de mes, esa es una ama de casa. Son las que consiguen, no digo sobrevivir, pero al menos sí mantener a flote sus hogares en esta España en la que dicen que todo mejora pero que no se aprecia en absoluto. Y si no que se lo digan a ellas a la hora de elaborar la lista de la compra.

El irrepetible Quino, creador de Mafalda, siempre acierta sobre qué decir en estas circunstancias.

El irrepetible Quino, creador de Mafalda, siempre acierta sobre qué decir en estas circunstancias.

Son las profesionales más variadas con las que te puedas encontrar. No solo son cocineras, sino que también saben de nutrición, de remedios caseros, de costura, de economía, de conducción temeraria (pero solo cuando es necesario, ¿eh?). Son niñeras, cuidadoras, adiestradoras de animales, y unas banqueras fantásticas.

Nadie mejor que ellas para administrar los recursos financieros y la economía moderna. Tienen esa capacidad de sacar dinero de donde no lo hay, de convertir diez céntimos en veinte y de recortar gastos superfluos, los auténticos.

Porque ellas saben qué cosas son intocables, y dónde poner la línea roja. Pero la de verdad, no esa de la que hablaba Mariano Rajoy y que ya ha movido tanto que ni se la ve en el horizonte.

Por eso mi propuesta va más allá de las típicas en relación a las amas de casa. Ni cotización, ni sueldo, ni ayudas. Necesitamos más de estas mujeres. La igualdad va resultando, ganando terreno. En muchos aspectos ya caminamos codo con codo sin mirar nuestro género, y todos conocemos a mujeres asombrosas que han llegado a lo más alto en sus diferentes profesiones.

Pero en cuestión política ya se ha demostrado que la corrupción no entiende de género sino que tienta a todos por igual, y como tal caen hombres y mujeres indiferentemente. Sobre todo esa clase de políticos y políticas que no se han dedicado a otra cosa, y que aspiran a calentar el sillón el máximo tiempo posible hasta que puedan calentarlo en empresas privadas que previamente han beneficiado.

No, mejor ignoremos a las políticas profesionales. Mi propuesta va más allá: ¡Exijo a una ama de casa como próxima presidenta del Gobierno español! Y mejor ignoro todos los discursos sobre macroeconomía, porque está claro que si todas ellas llevaran las cuentas de su casa como los políticos llevan las cuentas del Estado, no habría nadie que conservara sus casas para que posteriormente les desahuciaran los bancos…

Por lo tanto mi perorata, racional e irracional al mismo tiempo, viene dedicada hoy a ellas. Las que ejercen la profesión invisible y las que no esperan un reconocimiento ni un agradecimiento, sino que enfrentan la vida y las circunstancias tal cual vienen.

Porque su trabajo no está considerado oficialmente como una profesión, y hoy se hablará de las grandes mujeres que han conseguido fama o reconocimiento. Pero ellas, las amas de casa, son las que nos sostienen a toda la sociedad antes de que caigamos, las que tiran de nosotros sin hacer ruido y sin pedir aumentos ni mejoras en condiciones.

Porque simplemente un día decidieron, o sus circunstancias lo hicieron por ellas, que se dedicarían a la labor más ingrata, pero lo harían trabajando duramente, siendo las primeras en levantarse y las últimas en acostarse. Con una fuerza de voluntad y un sentimiento de lucha que todos deberíamos emular para cada profesión que tengamos. Seamos mujeres u hombres.

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