Las víctimas del urbanismo (I): “Todo esto va dejando gente por el camino”

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||por OSCAR ALLENDE y GUILLEM RUISÁNCHEZ||

La lección que aprendimos en la Cuesta del Hospital es que lo que haces en tu casa afecta a la de al lado.

La lección que aprendimos en la Vaguada de Las Llamas es que una señora mayor puede movilizar a una ciudad si consigue hacer ver que la injusticia es muy evidente.

Entre el derrumbe en el Cabildo y la expropiación de Amparo han pasado siete años, un Plan General de Ordenación Urbana y la constatación de que hay modelos urbanísticos que dejan víctimas.

Familiares de las víctimas del Cabildo y de Amparo Pérez comparten experiencias

Familiares de las víctimas del Cabildo y de Amparo Pérez comparten experiencias (Foto: JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE)

 

“Todo esto va dejando gente por el camino”, nos dice Lucía Gómez Colmenero, que perdió a su madre en el mortal derrumbe en la Cuesta del Hospital, en el degradado barrio del Cabildo de Arriba.

“A mí, si fuera político en esta ciudad se me caería la cara de vergüenza».

Y nos lo cuenta tomando un café con Marco Santamaría, el nieto de Amparo, la anciana fallecida después de una larga lucha contra la expropiación de su finca en la Vaguada de Las Llamas para levantar uno de los viales de conexión entre la S-20 y el centro.

«No me atrevería a salir a la calle”.

Lucía lo tiene claro: “Que el centro histórico de la ciudad esté en esas condiciones, el centro de una ciudad europea, en el siglo en el que estamos…»

Y conecta dos historias que sabe que tienen mucho en común.

«Que se cayera el edificio donde vivía mi familia, que tengan que desarraigar a esta señora, en las condiciones que lo hicieron, que enfermara. Todo lo que ha pasado es consecuencia de la presión y eso es una vergüenza total y absoluta”.

 

LA CICATRIZ

Ahora en Santander se empieza a ver un hilo invisible, una cicatriz que nos permite recorrer desde la Cuesta de Gumersinda a la Avenida de Amparo. Desde el centro de la ciudad hasta su zona de expansión.

A los hombres de gris les da igual: para ellos toda la ciudad es un Nuevo Santander lleno de oportunidades. No importa si es el centro histórico o la zona de crecimiento.

Porque el Cabildo y Las Llamas son el principio y el final de una pesada línea de Metro que tiene paradas en el Prado San Roque de las expropiaciones, en el Tetuán del incendio, en la senda costera de las obras excesivas y en el Parque Litoral Norte del futuro campo de golf.

DE GUMERSINDA….

Hace siete años. Un bloque de viviendas en la Cuesta del Hospital hizo unas obras de reforma total, pero con licencia menor, que acabaron provocando el derrumbe del edificio de al lado. Murieron tres personas. Hubo un juicio en el que los denunciantes acabaron aceptando unas indemnizaciones insuficientes, porque lo que les esperaba eran años de recursos judiciales de los que impiden cerrar heridas. El Ayuntamiento de Santander dijo que iba a ser acusación particular y lo único cierto es que hubo un juicio y la institución más próxima estuvo bien lejos.

Eso fue el suceso. Pero veníamos de años de abandono, de suciedad, de constructoras acaparando solares. De intentos, entre suaves y agresivos, de acallar a la asociación. Algunos con éxito, por cierto. Después del derrumbe se empezó a hablar de planes, de ARUs, de ARIs, de siglas que se quedaron en aceras levantadas, y de plazas y constructoras a las que les pilló la crisis. No hay nada.

…A AMPARO

Este verano. La Vaguada estalló en llamas en un nuevo incendio, comparable al del 41 por las implicaciones urbanísticas. Una anciana de 86 años movilizó a una ciudad, arropada primero por la PAH y luego por ciudadanos anónimos y por colectivos que empezaron a crecer, la plataformitis, infectados por ella.

Todo por salvaguardar su finca (un vestigio de la época rural de Santander) de las máquinas que están levantando una conexión, otra, para, en un ejercicio de mala planificación urbana, conectar una zona de crecimiento desordenada y desconectada desde hace más de diez años con el centro de la ciudad. Dos minutos de rodeo que, parece ser, se revelaban fundamentales y vitales.

DE GUMERSINDA A AMPARO

De Gumersinda a Amparo van siete años, pero sobre todo, un gran matiz. En el Cabildo estuvieron muy solos, únicamente ellos y sus familiares y amigos más directos. Con Amparo sucedió algo diferente. Tocó una fibra. Cientos de personas acudieron a las protestas, miles firmaron a su favor. Muchos más se enfadaron tras su muerte.

Su causa sirvió de inspiración a otros ciudadanos que se tomaron la pastilla roja, se quitaron las gafas esmeralda y también vieron la cicatriz invisible, la línea de metro pesado que recorre el Nuevo Santander.

Pero sobre todo, va una historia con muchos puntos en común. La familia de Gumersinda cree que, al fin y al cabo, lo suyo y lo de muchos vecinos fue una “expropiación encubierta” tras años de “dejadez” en el barrio, con derrumbes parciales o incendios en edificios vacíos que hacían que la gente “saliera corriendo” del céntrico barrio santanderino. “No se quería que se viera tanto”.

Podemos hablar del urbanismo en Santander y sus víctimas gracias a nuestros socios. Puedes ayudarnos a seguir contando historias como esta pinchando en la imagen

Podemos hablar del urbanismo en Santander y sus víctimas gracias a nuestros socios. Puedes ayudarnos a seguir contando historias como esta pinchando en la imagen

Frente al café, en la calle Alta, a pocos metros del Cabildo y a escasas semanas de la muerte de Amparo, Lucía le da un consejo a Marco sobre los efectos psicológicos de lo que han pasado.

“Aprendes a vivir con ello, os queda un camino duro, esto no pasa. Puedes aprender a llenar tu vida con otras cosas, pero lo que te arrebatan, te faltará siempre”.

Es una de las primeras cosas que le dice. Pero tienen mucho más en común de lo que hablar. Este café les va a dar para mucho.

Próximo: LAS VÍCTIMAS DEL URBANISMO (II): EL MURO DE LA ADMINISTRACIÓN

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