Clanes, drones y guerra sin fin

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||De la serie CONFLICTOS OLVIDADOS: LOS OTROS REFUGIADOS||

Se cumple un cuarto de siglo de la implosión de dos naciones, pero que en cada caso, recorrieron distintos derroteros. Toda la gente a fecha actual, compara los terribles devenires de los refugiados del Oriente Medio, con la ola de hace 25 años, al acaecer la implosión de la Federación Yugoslava y acuñarse el término de “Balcanización”. Bien pudo ser que el factor de la peor guerra en Europa desde 1945, con el añadido del miedo al auge de un estado islámico en Bosnia, causasen que las cancillerías del viejo continente, optasen por inmiscuirse en los problemas del triángulo Belgrado-Mostar-Sarajevo.

Pero en otro extremo del globo, dentro del cuerno de África, otro estado desaparecía nominalmente y una guerra civil de facto, comenzaba. Conflicto que a día de hoy, perdura. No es otro que la guerra en Somalia, que asimismo desde 2012, se ha expandido a Etiopía, Kenia, Yemen y Uganda. Actualmente, en base a unos principios “buenistas”, se ha incluido a Somalia dentro del “Índice de Estados Débiles”. Se ve que, queda mal llamar a dicha nación, como lo que es: Un Estado Fallido, similar al Irak actual u otros países como Sudán del Sur.

Somalia

Somalia

Desde 1969 a 1991, Somalia estuvo bajo el guante de acero y puño de hierro de Mohamed Siad Barré. El cual con sus múltiples virajes navegó entre los dos mundos de la Guerra Fría: Primero, con el beneplácito de Moscú, para posteriormente y en base a una guerra con la vecina Etiopía por la región de Ogaden, expulsase a los asesores soviéticos y se apoyase en la Casa Blanca en su lucha contra el régimen vecino del DERG. Guerra que causó cientos de miles de muertos, la polarización social -que desde era medieval, ha estado apoyada en los clanes locales- y la destrucción de una economía dependiente casi en su totalidad de la agricultura y pesca.

Tras la caída del Bloque Socialista, Aidid huyó del país y este se desintegró paulatinamente. Todo ello, en base a a división colonial trazada por Reino Unido e Italia en el Congreso de Berlín (1885).

La Somalia Italiana, pasaba a ser la región de Puntland y la otrora Administración Colonia de Su Majestad Británica, se reconvertía en Somaliland. Mogadiscio, la capital del país, pasaba a ser un centro de luchas intestinas, sin gobierno visible y sólo la figura de un poderoso general y señor de la guerra, Mohamed Farah Aidid, como líder omnipresente. Que usó la peor arma (las hambrunas), para subyugar a la famélica población.

El intento de la ONU junto a una fuerza conjunta de EEUU y Pakistán, para pacificar la zona en 1993 (Operación “Serpiente Gótica”), acabó en un estrepitoso fracaso, tal cual narró el film “Black Hawk derribado”. 17 soldados de EEUU y 1.500 habitantes de Mogadiscio, perdieron su vida en 3 días de combate. Junto a ello, se empezó a hablar de un grupo integrista militante, llamado Al Qaeda que ayudó a Aidid a la expulsión de tropas norteamericanas del país. Los siguientes tres lustros, a pesar de la muerte de Aidid en 1996, fueron de una guerra sin cuartel. En la cual los grupos integristas, sustituyeron a los clanes como jueces, jurados y ejecutores de la ley.

En 2006, uno de estos grupos (los “Tribunales Islámicos”), tomó la capital. Lo que causó una respuesta inmediata de la Unión Africana, la cual envió una fuerza de seguridad de Etiopía para expulsar a los integristas. Lo cual lograron, pero los excesos de los soldados ocupantes, causó un malestar de alto calado entre la población local. Ya en 2009, un antiguo líder de los tribunales, Sharif Sheij Ahmed, firmó una paz inestable con el Gobierno Federal de Transición, siendo elegido presidente con unos comicios celebrados en Djibouti. Incapaz de frenar el auge integrista, se apoyó en la inversión externa (principalmente de Turquía, un dato curioso es que el crecimiento macroeconómico del país desde 2007 ha sido de un 11.02%) y la implementación de la Shari’a o Ley Islámica como garantes de justicia social. Fracasó.

Hace tres semanas, un nuevo jefe de estado, que se ha mostrado dispuesto a acabar con la influencia de los clanes y de la filial local de Al Qaeda (Al Shaba’ab – “La juventud”) , tomaba posesión de su cargo en el aeropuerto de Mogadiscio -único lugar a fecha actual, medianamente seguro para los legisladores del país-. Mohamed Abdullahi Mohamed, juró su puesto, para ser recibido con un triple atentado en Mogadiscio, Kismayo y Baido’a. Junto al fallecimiento a causa de una leucemia, del líder local de Puntland, abierto al diálogo. Nos encontramos pues no ante un Estado Fallido. Más bien vemos y veremos, un Estado Inexistente. Donde lo único que importa hoy a Occidente, es la base de drones en Berbera, para desde allí enviar estos artilugios bélicos a sitios en deflagración continua, como Yemen o áreas tribales de Eritrea.

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