Esta universidad es una ruina

Tiempo de lectura: 28 min

||por RAMÓN QU, periodista y escritor||

Corría el año 1890 cuando el papa León XIII crea el Seminario de San Antonio de Padua de Comillas para la formación de sacerdotes. Y vayan acostumbrándose a los grandes apellidos porque ya desde un principio tenemos nombres de relumbrón: el jesuita Tomás Gómez Carral fue el alma del proyecto y Antonio López y López, primer marqués de Comillas, y su hijo Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas, los constructores de la empresa.

Al edificio inicial poco a poco se fueron añadiendo otros, hasta completar el gran complejo existente en la actualidad – Seminario Mayor en 1882, Seminario Menor en 1912, Colegio Máximo en 1944 y el Colegio Hispanoamericano en 1946 –

Tres fechas más merecen destacarse: El 19 de marzo de 1904, el Papa San Pio X transforma el Seminario Pontificio en Universidad Pontificia; el 24 de enero de 1969, el Papa Pablo VI autoriza el traslado de la universidad a Madrid y la enseñanza a seglares en sus aulas; y el 4 de abril de 1979, son reconocidos por el estado español los nuevos títulos otorgados por la Universidad Pontificia Comillas.

Con su marcha a la capital, quedábanse por primera vez tristes, solos y llorosos los edificios seminaristas y universitarios de Comillas. Sin embargo el Capricho de Gaudí debe de emitir efluvios embriagadores pues pronto surgieron sueños de noche de verano entre autoridades, personalidades y otras gentes de buen vivir. Y así la Fundación Comillas apuntó en el horizonte como ninfa o sirena de rockefellers patrios

LA PRIMERA FUNDACIÓN: EL SUEÑO AMERICANO

El Centro Bellagio es una institución perteneciente a la Fundación Rockefeller y típica representante de esa querencia de los millonarios americanos por patrocinar empresas culturales e intelectuales. Con el pragmatismo propio estadounidense, el Centro Bellagio está concebido como retorta donde mezclan gente del pensamiento con personajes de acción: cerebro y mano unidos para erigir una sociedad más desarrollada, avanzada y justa. Un centro, pues, de teoría y praxis, diferente pero complementario de la universidad tradicional. Por supuesto, todo ello bajo la espada y la cruz del liberalismo.

Universidad Pontificia de Comillas

Dispuestos a seguir este modelo, el 29 de junio de 1993 Caja Cantabria decide adquirir “todo el complejo de la Universidad Pontificia de Comillas, por un importe del orden de 1000 millones de pesetas, a pagar en cinco años (…), con el fin de constituir una universidad de carácter privado en colaboración con los Padres Jesuitas, que aportarán ICADE, y Universidades, extranjeras y españolas, entre las que destacan las de Cantabria, Asturias y León”.

Tras realizar diversos estudios de orden económico y técnico, Caja Cantabria constituye la Fundación Comillas un año después: el 27 de junio de 1994.

A partir de entonces se inicia un amplio programa de búsqueda de apoyos y de difusión nacional e internacional: el rey Juan Carlos, Mayor Zaragoza, Enrique V. Iglesias – Presidente de Banco Interamericano de Desarrollo – Manuel Marín González – Vicepresidente de la Comisión Europea – el escritor Carlos Fuentes, el ex presidente Belisario Betancur, el jurista Antonio Garrigues Walker, México, D.F., Rabat, Tokio, UNESCO, IBM España, la firma J&A Garrigues, Banco Santander, la universidad de Washington y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo… fueron personalidades que apoyaron el proyecto, ciudades en donde se celebraron foros informativos y empresas e instituciones con quienes se establecieron lazos de colaboración.

La financiación necesaria para el proyecto rondaba los tres mil millones de pesetas. Gobierno de Cantabria, gobierno central y Bruselas serían las fuentes del dinero. En noviembre de 1995, Caja Cantabria aprueba los Estatutos de la Fundación con un capital de 270 millones de pesetas y los edificios y terrenos circundantes.

Pero hay sueños de verano que acaban como el rosario de la aurora y en 1997 Caja Cantabria da marcha atrás y pone a la venta las propiedades compradas solo cuatro años antes a la Compañía de Jesús.

Moría así la primera Fundación nacida, en palabras de José Luis Sampedro, para crear: “Un lugar idóneo para retirarse, para pensar, para meditar, para buscar nuevas ideas –reinventar por ejemplo la democracia– y conseguir nuevas formas e instituciones para vivir todos juntos. Y conseguir, en definitiva, que la vida sea más equitativa entre todos, más relacionada con la naturaleza, más armoniosa; en una palabra: más humana”.

EL INTERREGNO: CAJA CANTABRIA Y HOLLYWORDE ENTERPRISE

Al comienzo del nuevo milenio, en años de bajos tipos de interés, el único medio de hacer crecer los beneficios era aumentar el volumen de negocios y reducir gastos. En el primer sentido, Caja Cantabria llevaría a cabo una política muy agresiva, basada en el crédito hipotecario. En el segundo, trataría de aumentar su media de caja, prejubilar a unos 200 empleados y liberarse de tres de sus grandes agujeros: los créditos concedidos a Sniace y al Racing y… la Universidad Pontificia. El mantenimiento de los edificios y 500.000 m2 de la finca costaban a la entidad unos 40 millones de pesetas al año.

Seminario Mayor de Comillas

Si como hemos visto los veranos dan lugar a sueños, la llegada del otoño enfría los devaneos oníricos.

Y así en septiembre y octubre de 2000, en varios medios escritos aparecía este anuncio: “Se vende finca con edificio histórico-artístico”. Con esta escueta leyenda, la Caja de Ahorros de Cantabria ofrecía a la venta el edificio neo-mudejar – a la sazón ya apuntalado –, proyectado por el modernista Joan Martorell, con todos sus aledaños. El precio mínimo se fijaba en 1.500 millones de pesetas.

De entre todas las solicitudes una destacó: la Hollyworde Enterprise – cabezas visibles: Miguel Soriano Serrano, la familia Ruiz de Villa, Emilia Pellón, condesa de Casapuerta – que ofertaba 2.025 millones de pesetas. En febrero de 2001, Caja Cantabria alcanzaba un principio de acuerdo con dicho grupo estadounidense.

El proyecto, claro, supondría la conversión del edificio central en un centro turístico de lujo y el resto en apartamentos. La inversión rondaría los 12.000 millones de pesetas. Recordemos que la Universidad está declarada monumento histórico artístico y el entorno protegido.

Mientras el entonces alcalde de Comillas, el independiente Pablo García Suárez, fiel seguidor del construye que algo queda, no decía esta boca es mía, grupos de vecinos se organizaron temerosos de que la finca de la Universidad Pontificia acabara siendo pasto de urbanizaciones.

Su oposición, pues, no era tanto al proyecto de un turismo de “calidad” y al “hotel de lujo” como, en palabras de su presidenta Yolanda Onís “a cualquier operación especulativa”. En el mismo sentido, José Luis Sánchez Noriega, profesor de la Complutense y uno de los vocales de Pro Comillas declaraba: “La construcción de chalés y apartamentos desaforada no ha creado empleo consistente. Una actividad universitaria continuada todo el año daría estabilidad a los puestos que se crearan alrededor y aportaría riqueza a Comillas. No es que un hotel de lujo esté mal visto, siempre que respete el entorno natural, pero la oferta universitaria es mucho más global”. Este “pero” del profesor de la Complutense iba a tener futuro.

¿HOTEL O UNIVERSIDAD?

El rechazo al proyecto “Hollyworde Enterprise” creció con rapidez. La negativa a la reconversión hotelera y la acusación a Caja Cantabria de apartarse de sus fines sociales fueron el estribillo más coreado por los contrarios a la operación. Y junto a esta tonada comenzó a surgir una nueva melodía: la demanda de que los edificios fueran utilizados para una función más cercana a la que en su origen fueron concebidos – y al propio mandato testamentario del Marqués –. La idea de un consorcio de universidades que implicara al Gobierno regional y central estaba ya en el aire.

Imagen de Comillas captada por un dron. Foto: Aéreo Films Valle.

Campus Comillas

La nostalgia de una villa salpicada de estudiantes de Teología y Filosofía recorrió las calles de Comillas y otros pasillos institucionales. De esta manera, dos rectores universitarios manifestaron de inmediato su conformidad con la naciente idea. José Luis García Delgado, de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) declaraba: “Sería un lugar estupendo para impartir cursos de doctorado a los becados de América Latina o un lugar donde se ofrezcan conocimientos básicos de lo que es España o la universidad española a estudiantes extranjeros que van a pasar aquí una larga temporada”; por su parte Jaime Montalvo, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), manifestaba: “Con contenidos y voluntad política, es muy posible. Deberíamos sentarnos y hablar para impulsar un proyecto importante en un edificio que es un emblema para una región que está muy necesitada de ellos’”

Mientras tanto, el entonces consejero de Cultura, José Antonio Cagigas, argüía: “Si existieran proyectos concretos y no palabras, no tendríamos inconveniente en participar, pero la restauración por parte de una cadena hotelera es la posibilidad real de salvar el seminario más digna”. Por su parte, Miguel Ángel Revilla, vicepresidente del gobierno de Martínez Sieso (PP) y consejero de Obras Públicas de Cantabria, daba la de cal afirmando: “Nunca autorizaré en la finca lo que no sea su rehabilitación”, y la de arena matizando: “Destinar los edificios a otro uso, conservando su estructura, lo considero factible”

Pero las elecciones regionales de 2003 estaban cerca y con ellas vendría nueva coalición y gobierno.

EL PROYECTO DEL SIGLO

La Consejería de Obras Públicas es escaparate florido y trampolín privilegiado, y dio la oportunidad a Miguel Ángel Revilla de cambiar de pareja y ascender de puesto: presidente del gobierno regional en 2003 con la coalición PRC-PSOE. De este nuevo ejecutivo regional saldría el “proyecto del siglo” para Cantabria.

Encargado por el gobierno regional, la Universidad de Cantabria elaboró un borrador sobre el “Proyecto de la Universidad del Castellano en Comillas”. En él se hablaba de la conveniencia de convertir la vieja universidad jesuita en un centro internacional del castellano. El que era llamado en el informe “Instituto de Estudios Hispánicos” debería dotarse de un “programa académico riguroso” orientado a directivos, investigadores, educadores y estudiantes. Se calculaba que podrían asistir a las clases unos 320 alumnos diariamente y alrededor de 3.248 anualmente.

También se preveía la creación de unos 199 empleos directos y 300 indirectos. Para los autores del borrador: “La antigua Universidad Pontificia de Comillas puede concebirse como un verdadero patrimonio histórico y cultural que gestionado de forma coherente y eficiente puede situar a Cantabria como una ‘marca turística’ de enorme relevancia en el ámbito internacional”

Esta panacea dinamizadora del castellano y de la economía regional tendría sus costes. Recordemos algunos números que señalaba aquel borrador:

-El estudio calculaba que solo para la rehabilitación de los edificios el coste inicial sería de 73 millones, de los cuales 42 estarían destinados al Seminario Mayor.

-A esta cifra se añadirían: 14,6 millones en equipamientos, 3,6 para urbanización y 11 millones para la adquisición de los inmuebles más los gastos del proyecto arquitectónico.

-Junto a estas cantidades iniciales, el borrador estimaba un costo de 17,7 millones anuales.

-En la partida de ingresos se calcula que serían necesarios unos 6,3 procedentes del Estado y gobierno regional, 4,2 de la iniciativa privada, 5,2 en concesiones y 1,8 en matrículas.

DÍAS DE VINO Y ROSAS

No se sabe si ya con lata de anchoas en la mano, pero sí con este informe bajo el brazo, Miguel Ángel Revilla asistió a su primer encuentro como presidente de Cantabria con el jefe de ejecutivo nacional: José Luis Rodríguez Zapatero. En la reunión le presentó el proyecto de crear en Comillas un centro de divulgación del español como “el proyecto del siglo” para la comunidad. Su poder de persuasión fue digno del flautista de Hamelín pues no solo arrancó el sí del Zapatero, sino también la promesa de visitar Comillas y su universidad.

Visita al Seminario Mayor: Revilla, Gorostiaga, Agudo, Marcano y Salvador Blanco

Cuentan las crónicas que fue un día soleado de noviembre – 2004 – cuando José Luis Rodríguez Zapatero, Miguel Ángel Revilla, Dolores Gorostiaga – vicepresidente socialista del gobierno regional – y Alfredo Pérez Rubalcaba – a la sazón diputado del PSOE por Cantabria – pasearon en amor y compañía por los venerables edificios neo-mudéjares de la Universidad Pontificia.

Teniendo a sus espaldas las cumbres nevadas de Picos de Europa, y al frente el esmeralda mar Cantábrico, Rodríguez Zapatero, tras reconocer que a Revilla era difícil decirle que no “por su tenacidad, su afán y su simpatía», aspiró con fuerza y placer ese aire fresco y húmedo de Cantabria “cuna de la Historia de España y de lo que representa una forma de ser y de pensar en español».

Tras llenar sus pulmones de tan patrio oxígeno, el presidente del gobierno español afirmó: «Mi presencia aquí viene a subrayar y expresar mi compromiso con Cantabria… y con el futuro en forma de conocimiento, cultura y educación, que son los pilares que hacen girar el rumbo de la historia… Debemos conseguir una fortaleza cultural con dimensión universal». Lo cual, en plata, venía a significar que «No vamos a regatear ni ideas, ni esfuerzo, ni compromiso

Por su parte Revilla, en uno de los días más felices de su vida y ya en la recepción a Zapatero en el Parlamento de Cantabria, aseguró sentirse «profundamente orgulloso de ser español», al tiempo que lamentó que “algunos tienen una especie de complejo de decir España y de decir español».

Para el presidente regional, Cantabria, por más que una pequeña región, es “una tierra que no entra en litigios de si valenciano o catalán», sino que por el contrario quiere «poner en valor el patrimonio común del idioma que hablan 400 millones de seres humanos en todo el mundo» y participar en la cohesión interior de España y en la construcción de Europa. Lo cual traducido a plata pretendía significar que Zapatero «ha venido para certificar que el de Comillas es un proyecto de Estado».

Y como el uno es leonés y el otro cántabro, unidos por «uno de los sitios más bellos que el hombre puede conocer»: los Picos de Europa, y obras son amores y no buenas razones, el gobierno central y el regional ponían un millón de euros cada uno como primera piedra del proyecto del siglo.

LA SEGUNDA FUNDACIÓN: LA HOGUERA QUE IRRADIA ENTUSIASMO

Mientras por un lado se iba gestando una guerra de declaraciones entre dirigentes de La Rioja y de Cantabria en torno a la “cuna indiscutible e indiscutida” del castellano, por otro se trataba de avanzar en la concreción del proyecto de Estado y del siglo de Comillas. La confianza de las autoridades en su realización era grande, y así Revilla no dudaba en declarar: “Comillas es algo absolutamente irreversible…un activo importantísimo para nuestra comunidad autónoma que va a suponer «un antes y un después» para Cantabria… (Y que) no va a tener ningún problema presupuestario”.

Revilla visitando las obras del Seminario Mayor de Comillas

Bajo la batuta de Juan Gimeno Ullastres, tres son los pasos que se plantearán como prioritarios: la creación de una fundación, la compra de los edificios y el comienzo de las obras de rehabilitación.

La creación de la fundación y la compra de los edificios se harán prácticamente “a la limón” a finales de 2005. La nueva fundación recibirá el modesto nombre de Fundación Comillas del Español y la Cultura Hispánica, y será conocida popularmente como Fundación Campus Comillas – apelativo que hubo de quitar por confundirse con la Universidad Pontificia Comillas – o Fundación Comillas a secas.

La compra la hará el Gobierno regional a Caja Cantabria por un precio de 9 millones de euros. La entidad de ahorro asumiría asimismo una donación de 3 millones de euros por su condición de patrono institucional fundacional. La propiedad adquirida por la comunidad autónoma comprendía siete fincas con una superficie total de casi 500.000 metros cuadrados.

Por último, en noviembre de 2007 comenzaban las obras de rehabilitación del Seminario Mayor como sede de la Fundación Comillas con un presupuesto de 44,4 millones de euros y un plazo de ejecución de 42 meses.

En la fría mañana de la colocación de la primera piedra, Revilla declaró: “Lo que hace tres años algunos calificaron de humo, hoy es una hoguera que irradia calor y entusiasmo… (un proyecto) que será el faro y la referencia de Cantabria y España en el mundo sobre el idioma, nuestra gran riqueza cultural”. Un proyecto que, según el presidente regional, era “imparable” y contaba con el apoyo del gobierno de España y de grandes empresas privadas como el Grupo Santander, La Caixa, Telefónica, Caja Cantabria y “otras más de este calibre que vendrán detrás”.

Atentos a sus encendidas palabras estaba un equipo de lujo del que formaban parte: el presidente del banco Santander, Emilio Botín; la vicepresidente regional, Dolores Gorostiaga; el delegado del Gobierno en Cantabria, Agustín Ibáñez; los consejeros de Cultura, Turismo y Deporte y de Economía y Hacienda, Francisco Javier López Marcano y Ángel Agudo, respectivamente; la alcaldesa de Comillas, María Teresa Noceda; el rector de la Universidad de Cantabria, Federico Gutiérrez Solana; Luis Rivero, presidente de Sacyr; José Manuel Entrecanales, presidente de Acciona; Emilio Bolado, presidente de Emilio Bolado y Carlos Hazas, directivo del Grupo Santander… entre otros.

DE HOGUERA  A RESCOLDOS

Las burbujas económicas tienden a engordar hasta que llegan a un punto en que de pura gula estallan. Por el camino, a la manera de sus hermanas del champán, se suben a la cabeza y embriagan ánimos y generan fantasías. Al final la fiesta la pagan los contribuyentes, la resaca la sufren los de abajo y el “que me quiten lo bailao” queda para los de arriba. La burbuja económica de principios de milenio y su estallido en 2008 marca también la ascendencia y caída del proyecto del siglo. Y además con cambio de gobierno a nivel estatal – diciembre 2011 – y regional – mayo 2011 – de por medio.

Todavía en 2009 y en 2010 el vino olía a rosas.

En 2009 se anunciaba que la Fundación de los Colegios del Mundo Unido había elegido Comillas como futura sede en España. El acto de firma del supuesto convenio se celebraría en el Palacio de la Moncloa con Revilla y Reyes incluidos.

En 2010, en consejo de ministros aún zapateril, se aprobaba un acuerdo por el que el Ministerio de Educación concedía a la Fundación Comillas 26 millones de euros para el periodo 2011-2018. Si a esta cifra añadimos los 10,5 millones dados de 2005 a 2009 y los dos millones de 2010 se alcanzaría una cantidad de 38,5 en inversiones estatales en la universidad de Comillas durante el periodo 2005-2018.

Seminario de Comillas

Con el regreso de PP al Gobierno en España y Cantabria, a la Fundación Comillas el vino, bautizado desde casi su inicio, aún se le aguó más; y las rosas, siempre un tanto mustias, acabaron por marchitarse del todo. La crisis pasaba factura y llegaban los recortes.

Nada más alcanzar el Gobierno, Ignacio Diego cantaba las cuarenta y ponía sus cartas boca arriba. Fue al final de una reunión del Patronato de la Fundación. Para el nuevo presidente, algo irritado y al parecer temeroso de Fu Manchú y el peligro amarillo, el proyecto del siglo no merecía tal nombre pues su realidad estaba “muy lejos de los objetivos marcados” y distaba “mucho de los miles y miles, cientos de miles, de chinos que con sus ojos rasgados iban a recorrer Comillas”.

Diego no quería caer en “errores del pasado”, ni iba a “engañar a nadie, ni a tomar el pelo, ni a contar cuentos chinos”, por lo que se planteaba unos objetivos para la Fundación Comillas: “reales, pragmáticos y prudentes, no exentos de ambición pero alcanzables, con seriedad y rigor”

Por su parte, el recién estrenado consejero de Educación, Cultura y Deporte, Miguel Ángel Serna, tras afirmar que la Fundación Comillas era un “gran proyecto”, precisaba que en la actualidad estaba “vacío” y reclamaba “el apoyo institucional de Madrid”.

Un año y pico después – final del 2012 – El consejero Serna hacia balance: en siete años se habían invertido 82 millones de euros, 42 para infraestructuras y 40 para gestión. Para el entonces presente curso lectivo 2012-2013, se habían inscrito 14 alumnos en el Grado de Estudios Hispánicos, cuatro menos que el curso anterior.

En lo que se refería a cursos de corta duración – entre dos y cinco días – se habían organizado un total de 13 en lo que iba de año, frente a un total de 23 en 2009. Según el consejero de educación había un claro “proceso de disminución” que daba lugar a que “25 profesores y 27 personas prestan su servicio a 39 alumnos». Esto se debía a que “el proyecto Comillas nunca ha sido un proyecto serio, ha sido una idea nacida en un bar, que ha costado 82 millones de euros a los cántabros”

A partir de aquí la historia de la Fundación se transforma en una ristra de acusaciones y contra acusaciones – fundamentalmente entre Diego y Revilla –, en una sucesión de fracasos y abandonos – por ejemplo, la renuncia a ser sede de Colegios del Mundo –, en un rosario de dimisiones – Ignacio Gavira Tomás y Tatiana Álvarez como directores de la Fundación Comillas – y, en definitiva, en una crónica de una caída anunciada – incluso física: el derrumbe de tres plantas en el Seminario Mayor en mayo de 2012 –

RELANCEMOS QUE ALGO QUEDA

Pero “gira el mundo, gira en el espacio infinito, con amores que comienzan, con amores que se han ido”, y en las elecciones autonómicas de 2015 el PP pierde la mayoría absoluta y Revilla vuelve a la presidencia regional en coalición con el PSOE y ayudado por la abstención de Podemos.

De inmediato el periodo de gobierno de Ignacio Diego pasa a ser considerado una especie de cuatrienio negro para Cantabria. El objetivo que se marca el nuevo ejecutivo de Revilla es reanudar la obra interrumpida en 2011 y superar estos cuatros años en los que el gobierno de Diego “no ha hecho nada y encima ha torpedeado todo lo que teníamos en marcha”. Entre los proyecto a relanzar está, por supuesto, la Fundación Comillas del Español y la Cultura Hispánica.

Reunión del Patronato de la Fundación, en el Seminario Mayor

Un Revilla encendido recordó ante un Patronato “devaluado por la falta de asistencia”, los buenos tiempos cuando “faltaban sillas” y asistían a las reuniones personalidades como: la presidenta de la Fundación Carolina, el rector de la Universidad de Cantabria, el director del Instituto Cervantes, ministros del Gobierno de España y empresarios como César Alierta, Isidro Fainé o Emilio Botín… Embarcado en los goces de la memoria, que algunos podrían calificar de selectiva, rememoró hitos como: la celebración en el Seminario de la cumbre de la Unión Europea – México , su elección para sede en España de Colegio del Mundo Unido o el compromiso, fielmente cumplido, del Gobierno central en la financiación del CIESE – Centro Internacional de Estudios Superiores del Español –

Ya puestos en el puedo prometer y prometo, Miguel Ángel Revilla se comprometió a “retomar con fuerza» y “volver a dotar de dinamismo” al proyecto. Para alcanzar tal fin se recurrirá a la iniciativa privada y – en lenguaje un tanto neblinoso – se contactará con “gente muy interesada y potente” para entre todos hallar “la mejor fórmula para que esto vuelva a tener viabilidad”

“Si hubiéramos seguido cuatro años más, esto sería otra cosa seguro”, concluyó el presidente regional con una seguridad sin carácter retroactivo pero con espíritu contra fáctico.

Por su parte y para no ser menos, Eva Díaz Tezanos – tomen aire, por favor – vicepresidenta, portavoz y consejera de Universidades, Investigación, Medio Ambiente y Política Social del Gobierno de Cantabria declaraba: “Vamos a volver a poner a este proyecto donde lo dejamos en 2011, vamos a buscar un futuro y hacer que este proyecto se convierta en una referencia en la enseñanza y aprendizaje del español”

Pero lo de “volver a dotar de dinamismo” y “buscar un futuro” resultó ser más difícil de los previsto

Y así, un año y unos meses después, en abril 2017 y en rueda de prensa, Revilla y Tezanos exigían al gobierno central que “dejase de estrangular” a Cantabria y cumpliera sus compromisos presupuestarios. Estos estarían cifrados en torno a los 90 millones de euros – 89.648.088 – para 2016 y no habrían sido abonados todavía. Corresponderían: a la implantación de la LOMCE, la financiación de Valdecilla, la aplicación de la Ley de Dependencia y… el convenio de Comillas. En lo que respecta a esta última partida el montante sería de 16,5 millones no abonados desde 2012. El Gobierno llevará a los tribunales al Estado por este incumplimiento.

En la misma rueda de prensa, Revilla informó de que había enviado una carta a la vicepresidenta del gobierno español a este respecto, ya que Rajoy debe estar “está muy ocupado con los temas de corrupción y con los viajes». Eva Díaz Tezanos, en su turno, propuso al ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, que “antes de quitar la mochila de las constructoras de las autopistas quite la mochila de los 22 millones de Valdecilla, de la implantación de la LOMCE, del incumplimiento de Comillas y del pago de la dependencia”

Triste, sola, llorosa… y suspendida.

La primavera de 2017 será mala para la Fundación Comillas. La astenia la atacará por todos los frentes, llenando de suspiros un cuerpo cada vez más exangüe.

A principios de abril, en respuesta a una pregunta de Ciudadanos, Revilla reconocerá lo “complicado” del presente y futuro del proyecto del siglo. El presidente recordó el convenio de colaboración suscrito por el gobierno de Zapatero, que abarcaría el periodo 2010-2020 y supondría la aportación anual de 3 millones de euros. Dicha aportación se había visto reducida en 2011 a medio millón de euros, y desde ese año… a nada.

Según un informe jurídico de la Fundación Comillas, el gobierno central tiene derecho a una ruptura unilateral del compromiso. Ruptura que consumó en 2014. Sin embargo esto no afectaría a las aportaciones debidas a los años 2012 y 2013, que suponen 5,7 millones y para cuya reclamación la Fundación está dispuesta a ir a los tribunales.

Pocos días después de estas palabras de Revilla, el gobierno regional aprobaba una partida de 4,2 millones de euros para la Fundación Comillas, a la que siguió de inmediato otra de 1,1 millones.

No debió contentar mucho la respuesta de Revilla y el trasiego de millones a Ciudadanos pues en sede parlamentaria pidió una auditoría para detener “la sangría de millones» que causaba la Fundación Comillas, a la que calificó de “un GFB 2”

La madre del cordero de toda la situación era el Informe de Intervención General. En él aparecía la Fundación Comillas como la única sociedad del sector público empresarial con una “opinión desfavorable”.

Las cifras apabullaban:

-41, 5 millones de euros de deuda con el Instituto Cántabro de finanzas, que significa el pago anual de 3.525.000 hasta el año 2031 – datos del informa de 2013 –
-6,5 millones de euros de deuda con la SAICC, y que se prevé en crecimiento para el 2016 – datos informe 2015 –
-Ingresos en 2013: 195.387 euros.
-Gastos fijos anuales estimados: 700.000 euros.

Justo a esto, se daban prácticas irregulares como alquileres inflados, contratos laborales desproporcionados y nulos de pleno derecho, subvenciones indirectas, ingeniería financiera…
Todo esta “delicada” situación económica hacía que el veredicto del informe fuese “desfavorable” y sus autores dudasen de la “solvencia” de la Fundación Comillas.

A Fundación Comillas revuelta, ganancia de…

El dos de mayo el Parlamento de Cantabria aprobó por unanimidad una iniciativa de Ciudadanos, enmendada por Podemos, por la que se insta al Gobierno regional a realizar una auditoría de la Fundación Comillas y la empresa Sociedad de Activos Inmobiliarios (SAICC).

En tan pintoresca y nada frecuente unanimidad, cada grupo parlamentario tenía sus razones, causas y objetivos.

Para Podemos, el proyecto de Comillas “no hay por dónde cogerlo”. Su portavoz, José Ramón Blanco, ironizaría afirmando que en Comillas hay “dos caprichos: el edificio de Gaudí y el fracasado capricho del señor Revilla”. Afirmó asimismo que el dinero público se había “tirado” por una “nefasta e incluso negligente gestión”. La “única salida” para un proyecto que supone una rémora de entre 5 y 6 millones al año a las arcas públicas sería la participación de la iniciativa privada.

El PSOE y el PRC, aunque son los grupos que sostienen el gobierno, también apoyaron la moción. Sin embargo para sus portavoces, Teresa Noceda – regionalista – y Silvia Abascal – socialista – la culpa de la situación de la Fundación Comillas es de los gobiernos de PP tanto regional como nacional, que formaron un “tándem perfecto” y desde el minuto uno” tuvieron como objetivo “cargarse”, “estrangular” y “descapitalizar” el proyecto. También coincidieron en que la empresa es aún “viable” y en que el edificio deber destinarse a actividades relacionadas con la educación y la cultura.

Para el PP, aunque reconoce que vendrían bien, la falta de abono de esos 16 millones es una cuestión “relativamente menor” teniendo en cuenta que el coste global del proyecto es de 77 millones. Para los populares no se puede “echar la culpa a otro de los errores de uno”. La “esencia” del problema “del proyecto del siglo fracasado” sería que se pusieron «los carros antes que los bueyes», al “embarcarse” el gobierno PRC-PSOE en una aventura “muy poco sólida”, en un verdadero “sueño de verano”, sin tener “claro” un proyecto que necesitaría una inversión de 77 millones.

Por último, para el autor de la moción, Ciudadanos, el proyecto del siglo ha sido un «fracaso» debido a que era una «idea trasnochada» que no se «reflexionó» lo suficiente. Su portavoz, Rubén Gómez, recordó el carácter de Bien de Interés Cultural de los edificios de la universidad y la importancia de no “mirar para otro lado” y hacer algo para que no se “caiga”. Calificó la situación como “herencia envenenada” y resaltó la necesidad de “parar la sangría de millones” y evitar que la Pontificia sea «un lastre» para Cantabria. Propuso, además de la necesaria auditoría, elaborar un estudio para determinar cuál es la opción “más rentable” para la actual Fundación Comillas del Español y la Cultura Hispánica. Entre sus imaginativos y reveladores ejemplos estaban: un lugar para albergar cursos universitarios, un museo, un parador, un hotel o un centro comercial.

¿QUÉ HACER?

Ciertamente la Fundación Comillas del Español y la Cultura Hispánica es una universidad sin casi actividad y estudiantes; desde luego es un agujero negro que traga millones de euros del erario público; en efecto, es un monumento histórico en mal estado y que conviene conservar; sin duda, el actual proyecto ofrece pocas posibilidades de viabilidad. Todo esto es la verdad y los ciudadanos de Cantabria deben conocerla.

Es necesario iniciar un amplio debate sobre el ser y destino de la antigua Universidad Pontificia. Debate en el que tienen que participar no solo las instituciones y partido, sino también la ciudadanía cántabra. De otra manera, mucho nos tememos que la vieja Universidad Pontificia acabe en ruinas o siendo un hotel de lujo con apartamentos, centros comerciales y otras mil maravillas del turismo especulativo.

NOTA.- Los datos, informaciones y declaraciones han sido tomados de: documentos oficiales, Wikipedia y diversos medios de comunicación de Cantabria – El Faradio, Eldiario.es, El Diario Montañes y Europa Press –

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1 Comentario

  • Retortillo
    12 de junio de 2017

    Que se investigue qué funciones realizan el Director General- Director Financiero del Ciese y la Directora del Departamento Internacional, para empezar. A ver qué sentido tienen sus puestos de trabajo, cuáles son sus funciones y cuál es el trabajo que realmente realizan que justifique los 58.152,64 y 35.632,80 € brutos anuales que ganan, en un centro con 19 o 20 alumnos de grado este año. Que se justifique por qué se rechaza cualquier iniciativa tendente a captar alumnos extranjeros, o por qué se cobra 2 € a los taxistas de Comillas por entrar en el recinto a recoger o llevar a un cliente y cosas mucho mas graves que habría que contar en breve. En total hay tres direcciones en el centro, parece como de broma, pero parece que los partidos tradicionales están por la labor de seguir con esta sangría. El mayor problema es que el actual gestor es un incompetente sin ningún conocimiento en gestión para dirigir este centro, pero parece que a nadie le importa, tendrá su puesto blindado?

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