La trastienda

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“La trastienda” se titula una de las fotografías que componen la exposición “Patio trasero”, que desde el día 4 de septiembre, y hasta el 17 del mismo mes, puede verse en el Centro Doctor Madrazo, de Santander.

“La trastienda” de la fotografía da nombre a la foto un establecimiento comercial, pero bien podría haber sido el de la exposición misma. Pero, como no, que lo sea de estas líneas.

Tengo Santander, distribuida urbanísticamente, como algo parecido -sálvense las distancias y quedémonos con el esquema-, a unos grandes almacenes, tirando a de lujo: cuenta con un hermoso escaparate, diseñado y adornado por su propia naturaleza, sin perjuicio de algún que otro añadido al decorado, obra de quienes carecen del título de escaparatista.

En el escaparate se encuentra toda la belleza de la ciudad, de la que el observador siente la satisfacción de formar parte. A lo largo del escaparate se abren puertas que dan acceso a los mostradores de los establecimientos “mayores” -¿o “mejores”?-, espacio comercial de pasillos anchos y cómodos de transitar, donde poder adquirir productos sofisticados, y donde prolongar el placer estético, inherente al escaparate, con placeres de otra índole.

Por detrás de los mostradores, la trastienda, donde conviven, no siempre ordenados, mercancía servible y retirada. Cuanto más espaciosa, más desordenada. La trastienda no es paseable. Tampoco es admirable, por lo que no es admirada: de hecho, no está a la vista.

Según esta descripción, la trastienda es el objeto de atención de los fotógrafos de “Patio trasero”, donde la ciudad también late y respira, por más que con ritmo sincopado. En ese respirar y en ese latir se posa la mirada de un colectivo de fotógrafos, que revela la estética de una realidad urbana ignorada, mas con toda su carga de humanidad a cuestas, que no suelen mostrar en Instragan, ni siquiera quienes son la razón de ser de su latir y su respirar. Santander es de las ciudades pródigas en lo urbanísticamente feo. La mirada del fotógrafo, es decir, del artista, es sensible, también, a la estética de lo feo, no tanto para embellecerlo, que sí, como para penetrar en la verdad de una realidad, invisible a los ojos, que quedan deslumbrados por un escaparate, que no invita a conocer cuanto el almacén guarda -esconde- en la trastienda.

Ordenados por Laura Cobo, e introducidas por un espléndido texto, en hoja de la Sala, firmado por el profesor y poeta Fernando Abascal, las miradas de los fotógrafos nos introducen en unos ámbitos de vivencia y convivencia ciudadana, cuyas fotografías deberían figurar en los folletos turísticos, con visitas guiadas programadas. Ni siquiera son “Casco viejo” -o “antiguo”. Pero sí son ciudad: su patio trasero, su trastienda.

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