Tino Brugos, la Calle de la Solidaridad entre Asturias y Cantabria, del internacionalismo a mil luchas
Hay en Reino Unido un lugar que se llama la Calzada del Gigante y de un lado a otro del río Deva hay una avenida, la calle de la Solidaridad, por la que también transitó un gigante. Debió serlo para que sus pisadas dejarán tanta huella: el rastro de Tino Brugos se encuentra en el nacimiento –y consolidación- de distintos movimientos sociales: internacionalistas, LGTBI, sindicales, memorialistas… en su Cantabria natal y la Asturias en la que trabajó y militó.
Fallecido hace dos semanas, este activista recibió anoche el homenaje de sus compañeros y amigos (las palabras más repetidos) en La Vorágine, el lugar donde ese mismo día tenía programada una charla precisamente en clave internacionalista. Y el día, el 20N, cargado de significado, el aniversario de la muerte de Franco, para quien se definía como un “perdedor de la transición”.
Sus cenizas se esparcerán en el río Deva: la familia invita a acudir a quienes quieran despedir su cuerpo este domingo a las 12.30 horas a Bustio.
“PERDEDOR” DE UNA TRANSICIÓN “DESCARRIADA”
Lo cierto es que al final la voz de Tino Brugos si se oyó en la librería y espacio de cultura crítica, a través de un vídeo con una entrevista que le hizo el colectivo de recuperación de la memoria colectiva cántabra Desmemoriados, uno de los organizadores del homenaje junto al sindicato educativo STEC y el colectivo internacionalista Interpueblos, del que fue fundador.
Su propia voz relató como en su activismo, su historia política, hizo el recorrido contrario al del conjunto del país, pasando de unos inicios en el PSOE –incluso presentando a Felipe González en un mitin en Cantabria—hasta la “extrema izquierda”, y tomando conciencia muy rápido de que según pasaban los años desde la muerte de Franco, el trienio 75-78 que él vivió con “intensidad” y en el que la realidad “iba muy rápido”. Pero “veíamos ya que iba a haber problemas porque había cosas “que no se habían hecho”.
El dolor por la deriva de la transición, todo lo que sucedió tras la muerte de Franco, latía en muchas de las intervenciones de quienes formaban parte de una generación que no pudo tener la ilusión por lo que podía llegar que marcó a los jóvenes del 68 como él a quienes “lo previo a la lucha contra la dictadura me llega dado”.
Lo subrayó Pedro Venero, compañero en los orígenes de Interpueblos, que describió esa sensación de pérdida de rumbo ante una transición “que veíamos descarriada” y como ”Tino lo sabía y por eso siempre estuvo en tensión crítica desde abajo”.
¿Qué como era Tino? Como militante, “muy trabajador”, de los que cuando proponía algo era “porque sabía lo que costaba hacerlo”, y “muy respetuoso” con la autonomía de cada colectivo, sin ser tampoco de los que “contaban batallitas”, sino, al contrario, de los que escuchaban al interlocutor. Culto, “”siempre con un libro en la mano” –y haciendo encaje de bolillos para que entrasen todos en sus librerías–, una “enciclopedia andante”, pero sin ser un “charlista”, “pedante” o caer en la “soberbia” de hacer gala de su “superioridad intelectual”.
LA CALLE DE LA SOLIDARIDAD
Lo de Calle de la Solidaridad –mientras en Santander su PP dilata todo lo que puede los cambios de los nombres de las calles que ensalzan la dictadura- no es nuestro.
Es de su amigo y compañero de estudios y luchas Oscar Corvera, con quien recorrió los primeros números de esa vía, el cambio de Cantabria a Asturias para estudiar, esas clases que siempre podían ser suspendidas cualquier día por la más que posibilidad de que detuvieran por su actividad política antifranquista a su profesora Isabel Tejerina, o ese piso de estudiantes en Asturias en el que, rodeados de libros y folletos, ellos, vecinos de la que sería reina de España en la restaurada monarquía (Letizia Ortiz) hasta ‘fundaron’ el Frente de Liberación de Cantabria.
El resto de compañeras, de luchas y de vida, fueron repasando los distintos portales de esa calle.
Todo empieza con el internacionalismo: el Salvador o Nicaragua eran los frentes en los que esos años se libraban las batallas frente al imperialismo estadounidense, y surgieron movimientos de apoyo popular. Eso marcó su activismo, con participación activa en distintos comités en Asturias, y en Cantabria donde contribuyó a crear organizaciones internacionalistas que –ese es el gran mérito– aún perviven en Cantabria como el Comité de la Solidaridad Interpueblos, cuando “eramos extremadamente jóvenes”, relataba Pedro Venero, en nombre de Interpueblos –uno de los detenidos en el concierto de la Porticada, aunque eso viene después en este texto-.
Y tendría un protagonismo importante, aunque tardío, el activismo LGTBI. Samuel, de Xega, compañero de luchas internacionalistas, relató como pese a todo, durante mucho tiempo los dos no hablaron nunca de otra cosa que les unía: los dos eran homosexuales, algo que él vivía con “discreción”. Estamos ya en los 90, caen muros en lo político y en sus vidas, de modo que empezaron a ser conscientes de la incoherencia personal” y también de que “lo personal es político” y también hay que practicar “la solidaridad con uno mismo”. Y así llegó el activismo LGTBI, con Tino, Samuel, la pareja de Samuel y otro cántabro, Adolfo Saro, fundando Xega (Xente Gay de Asturias), que fue un “revulsivo” para los movimientos sociales asturianos, como subrayaba Carmen, compañera en la Liga Comunista Revolucionaria. “Decía que el movimiento LGTB le hizo mejor persona. Yo digo que él me hizo mejor persona a mí”, expresó Samuel.
Seguiría con la educación –en los sindicatos SUATEA y STEC, a quienes acompañó y enseñó en los últimos años, apoyándoles en todas las movilizaciones del último año frente a la cerrazón de la Consejería en su adecuación retributiva, hasta llegar a la memoria democrática, que le interesaba incluso en los tiempos de amnesia colectiva generalizada, siendo muy activo, por ejemplo, en la querella argentina –una denuncia de los crímenes franquistas planteada desde allá–, junto a referentes como Chato Galante, o la colaboración, desde su memoria y archivo, con Desmemoriados.
UN “MILITANTE INTEGRAL” CON UNA “VIDA INABARCABLE”

Concierto de Carlos Mejía Godoy en la Plaza de Toros (Foto: Interpueblos)
Hay más portales en esa calle llena de luchas para un “militante integral” con una “vida inabarcable” al que “ninguna causa le era ajena”: el V Centenario –sobre el que escribió un exitoso artículo-, la objeción de conciencia o el rechazo a la entrada en la OTAN –en el que fue muy importante, de nuevo, el internacionalismo—fueron otras de sus ‘batallas’, en las que hubo tiempo para el estudio y la reivindicación de la lengua y la cultura asturiana –Carmen, de la Liga Comunista Revolucionaria leyó un texto en asturiano–.
Oo el apoyo a las personas migrantes y refugiadas –que no deja de ser una consecuencia de la visión internacionalista–, como subrayaron en vídeos desde el Programa de Derechos Humanos de Asturias y la Red de Apoyo a Migrantes de Leganés.
Si pensamos en grandes hitos, que en cualquier caso para él mismo serían menores respecto a una trayectoria constante de luchas cotidianas, en esa calle seguramente habría dos grandes monumentos históricos:
-el concierto en la Plaza de Toros de Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina, en plena efervescencia de la solidaridad con Nicaragua y con doblete de citas y alta asistencia de público;
-y la protesta en el Festival Internacional de Santander (FIS) cuando se celebraba en la Porticada por la participación de una orquesta israelí –era 1982 e Israel estaba invadiendo el Líbano-, en la que fue uno de los detenidos. “No quedaba otra” que participar en esa protesta, dijo. La prensa les presentó a ellos como agresores de la Policía.
“AL FINAL DE LA DISCUSIÓN, ESTABAS EN LA MISMA TRINCHERA”
Y sería, evidentemente, una calle con puentes, los que trazó a uno y otro lado del río Deva, que en principio separa Cantabria de Asturias: estudiaba allí, pero en sus visitas de vacaciones, compartía –traía y llevaba- información, activismo; y es el que hizo que fuera clave en la creación de ALEGA –junto a referentes como Charly–; y es el que hace que para él fuera fluido pasar del sindicalismo de SUATEA, sindicato asturiano por la educación pública, a su ‘hermano’ STEC cuando empezó a frecuentar más Cantabria.
Pero esto de los puentes iba más por otra cosa, su actitud ante los compañeros, ante los inevitables conflictos que se producen entre militantes de una organización, e incluso entre organizaciones.
«Discrepar con Tino no era como con otros: se hacía con serenidad, sabiendo que al final de la discusión estabas en la misma trinchera», repasaba su compañera en STEC, Silvia.
Un espíritu al que apelaba Paco Gómez Nadal, de La Vorágine, un espacio al que también se había acercado Tino en este paulatino regreso a Cantabria en el que la palabra que más le escucharon fue “tejer”. Esto “nos obliga a luchar más” y “poner más gasolina en el incendio de la resistencia”.
Durante el homenaje, presidido por su hermano –que le pidió unas disculpas póstumas—y familia, se fueron desplegando todo tipo de nombres de organizaciones políticas de aquellos años, con muchos de los protagonistas entre el público, en el que había militantes de colectivos feministas, de pensionistas, LGTBI, memorialistas o sindicales y que protagonizaron distintos corrillos de lágrimas y recuerdos.
Eso sí, a este “compañero y amigo”, parece que le quedó una asignatura pendiente: conseguir que en el encuentro anual con compañeros de Xega, colectivo LGTBI asturiano, alguien aceptara sus calamares: “no logró el consenso, él que lo buscaba en todas partes”.
VÍDEO ENTERO DEL HOMENAJE:
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