La mujer de La Mancha: Paloma San Basilio cumplió 75 años en el escenario del Palacio de Festivales conversando con don Quijote y Dulcinea

El fin de semana cultural se estrenó en Santander un mini-musical: “Dulcinea”. El cartel era Paloma San Basilio, que a sus 75 años canta -pero poco-, actúa con prisas, se pierde en gestos y salva como puede unos textos cervantinos mezclados con contemporaneidades y diálogos a través de un móvil (¡uno de ellos con Miguel… de Cervantes, por supuesto, que para eso está escrito en el guion!). Al mismo tiempo y hora del estreno, la Fundación Gerardo Diego ofreció un concierto con Falla de referencia en el que se escuchó pequeñas delicias interpretadas por un arpa, un clarinete, una guitarra, una soprano y un ensemble dirigido por Esteban Sanz Vélez. Falla no falla. Cervantes XXI necesita mejorar.
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Fotografías: Javier Naval

Dulcinea – Paloma San Basilio – Sala Pereda – 21 y 22 noviembre – 19:30 horas

22 de noviembre era un día señalado: la actriz y cantante Paloma San Basilio (Madrid, 1950) cumplía 75 años. Su función terminó y sobre el escenario recibió un gran ramo de flores y unas palabras del autor -el director y escritor Juan Carlos Rubio (Córdoba, 1967)-: “Lo que ha trabajado esta mujer. Para nosotros tu eres un gran regalo. Verte es ver a una auténtica artista de primera fila”. Una imagen para no olvidar que el público ovacionó y vitoreó. Un homenaje sonoro. Antes hubo una representación, estreno nacional de la obra Dulcinea en Santander (aunque antes haya sido vista en San Sebastián de los Reyes y programada, luego suspendida, en Ávila. Lo llaman “previa”). Ya está escrito: un mini-musical cuyos textos parecían las piezas de un puzle literario tratando de encajar en ochenta largos minutos (¿ha pensado producción acortar tanto texto reiterado?).

Con una escenografía minimalista -un piano, una escalera blanca de madera con solo tres peldaños y un fondo con nueve molinillos de viento de papel (bueno, no del todo: estaban enchufados ocho de ellos para girar autónomamente, autonomía manchega)- el escenario era una llanura (manchega otra vez, claro) por la que deambulaba Paloma en sus tres papeles. Tres en uno: ejecutiva-actriz del siglo XXI (cambalache con el pianista), Dulcinea como princesa del renacimiento manchego y Aldonza Lorenzo como campesina de El Toboso de un siglo con poco oro.

En un rincón, un pianista del siglo XX con vistas al XXI, ejecutaba melodías y adaptaba pequeños fragmentos musicales a aires griegos, franceses, jazzísticos o lo que el momento pidiera de improvisación. Julio Awad (Buenos Aires, 1977), excelente compositor de música instrumental y canciones para producciones musicales, se lo pasaba en grande, no tanto como el actor que no es como el argentino ocurrente que sí es.

Todo comenzó con una tronante voz en off: José Sacristán introduciendo lo cervantino en un guiño a su doble papel de Cervantes/Quijote en el musical “El hombre de la Mancha” (1997), donde actuó con Paloma. Luego una moderna y agitada ejecutiva -actriz en ensayos- teléfono móvil en mano (celular para Awad) llamaba primero a Cide Hamete Benengeli (personaje ficticio cervantino) para mostrar desacuerdos, transmitidos en otra llamada al propio Miguel de Cervantes (padre literario del primer telefoneado). A estas breves alturas de la noche ya todo empezaba a ser un galimatías y un maridaje entre siglos con poca gracia, muy forzado. Cervantes ya tuvo lo suyo para que ahora le tomen el pelo y digan que tiene que ir al fisioterapeuta por su brazo (chiste malísimo).

Y la ejecutiva San Basilio se transformó en Dulcinea, ese amor idealizado que el caballero Alonso Quijano decía tener. Textos de varias obras de Cervantes iban construyendo su discurso con alguna canción por medio para justificar que todavía hay una Paloma que canta con tonos y tesituras asequibles.

Un cambio de vestuario convirtió a la princesa-emperatriz en campesina: llegó Aldonza Lorenzo (alguien que en el libro no habla) explicándose a sí misma y sus afanes. Y poco argumento más, salvo otra llamada telefónica grabada al autor de la obra Juan Carlos Rubio, sentado feliz a mi derecha. Quedaron los discursos finales, extraídos de la obra de Miguel Unamuno Vida de don Quijote y Sancho. El primero, más enjundioso, trataba del personaje Quijote. El segundo, más corto, de Dulcinea/Aldonza que clama “¿Por qué nunca te atreviste a decirme que me quieres? ¿Por qué no me diste nunca un beso?”. Estas dos frases no están en “El Quijote”, los dos libros que Miguel de Cervantes escribió hace poco más de cuatro siglos, pero dichas ahora parecen extemporáneas (¿o alguien quiere escribir la tercera parte de la novela cervantina?).

Una obra con mucho metateatro dentro que no favorece la fluidez de los textos con sus saltos temporales, referencias de hoy en día, diálogos telefónicos y una encuesta saltándose la cuarta pared que resultó anodina (por no escribir que sobraba). “¿Necesitamos hoy en día, más que nunca, a Dulcinea?” se pregunta el autor. Quizás otras Dulcineas existen hoy en día, pero no parecen que quieran a un caballero andante.

La obra seguirá funcionando con el reclamo de Paloma San Basilio y el buen hacer de un músico que se divierte con su piano de acompañante. Pero les espera una larga travesía hasta mayo de 2027, fecha del cierre de esta Dulcinea que nunca ha hablado y ahora no para de hacerlo.

 

Llueve leve llovizna – Diego y Falla en la Alhambra – Casyc Up – 21 de noviembre – 19:30 horas

“Manuel de Falla me lleva a la Alhambra / -Que le enseñen Granada los amigos / Pero a la Alhambra le acompaño yo- / Llueve leve llovizna”, son los versos que Gerardo Diego compuso tras su visita a la Alhambra con Manuel de Falla en la Semana Santa de 1925. Versos que son el disparadero 100 años más tarde de una velada-concierto en Santander con imágenes de la época, textos y cartas de su correspondencia y música de compositores coetáneos -con alguno que no- del primer tercio de siglo europeo. Ese día del encuentro lloviznaba en la Alhambra, Gerardo nostálgico de Santander, Falla un anfitrión perfecto.

Esta conmemorativa noche santanderina tuvo al ensemble ENSEIC como sexteto, al que añadieron tres músicos invitados excepcionales: José Antonio Domené al arpa, Cristina Galán como soprano y Jaime Velasco a la guitarra. Dirigía y presentaba el compositor afincado en Cantabria Esteban Sanz Vélez. Diseño y patrocinio de la Fundación Gerardo Diego. El programa recorría piezas de Falla (1876-1946), Debussy (1862-1918), Faure (1845-1924), Stravinski (1882-1971) y del propio Esteban.

El silencio inicial pareció no romperse, pues una guitarra evocadora llevó la paz a la sala con acordes de dos compositores interpretados con embeleso por un experimentado Jaime Velasco (profesor de conservatorio que dejó ver un expresivo contento y una gran técnica). Siguió un arpista venido de Asturias que con el instrumento nos trasladaba a otros lugares con un arabesco de Debussy o a una dama en su torre en tiempos medievales (op. 110 de Fauré). Hechas estas dos presentaciones, los solistas se unieron al sexteto y soprano en unos poemas sobre la lluvia de Ángel Sopeña musicados por Esteban (Es…treno). De las difíciles piezas para clarinete de Stravinski salió más que airoso Andrés Pueyo, como lo hizo la voz envolvente de Cristina Galán con la ensoñación de la “Nana” de Falla en una intervención a partir de ella de Esteban (otro estreno).

Música bien maridada con una selección de textos y fotografías que explicaban lo que fue la década de 1920 en la vida de Diego, de Falla y de la España cultural de entonces con vanguardias de una generación del 27 brillante de poetas y músicos. Una velada que se repite varias veces al año con diferentes protagonistas. Unir a Falla con Gerardo Diego y al ENSEIC con sus invitados, es un acierto del diseño de un ciclo que ocurre cuatro veces al año. ¿Qué sorpresas tendrá el 2026? Una segura: más y mejor Falla, pues en 2026 confluyen el 150 aniversario del nacimiento de este gaditano universal y el 80 aniversario de su fallecimiento. Lo escrito: Falla no falla. El ENSEIC tampoco.

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