Cuéntame cómo empezó- 4
Viene de Cuéntame cómo empezó- 3
“Durante tres días, del 11 al 13 de diciembre, atacamos en Haifa y en Jaffa, en Tireb y Yazur. Atacamos y volvimos a atacar en Jerusalén… las bajas enemigas en muertos fueron muy altas”
Así describía Menajem Begin, el jefe del Irgun, el comienzo de la guerra que durante seis meses (1947-1948) devastó Palestina. Pero el objetivo de esos ataques – en los que participaron la Haganah, el Irgun y el Stern – no eran ya los ingleses sino la población Palestina desarmada y desorganizada. Había que librarse de ella y vaciar de palestinos la zona que las Naciones Unidas había adjudicado al futuro Estado sionista. Decir también que, durante esos primeros años tanto el Irgún como el Stern, perfectos mafiosos como eran, reunían fondos mediante el gansterismo, el contrabando, el tráfico de drogas en gran escala, el robo a mano armada, la trata y el mercado negro. El papel de la Haganah, era otro: surtir de líderes al Estado Sionista, unos líderes que serían, durante mucho tiempo, los iconos de un Estado mafioso (Ben Gurión, Moshe Dayan, Ishak Rabin…
Separadas por ácidas disputas, estas tres fuerzas se pusieron rápidamente de acuerdo bajo el mando de la Haganah ante el anuncio de la retirada inglesa. Y empezaron a operar.
La primera etapa consistió en una serie de ataques combinados contra las aldeas árabes que jalonaban la carretera que iba de Jerusalem a Tel Aviv. Esta sangrante campaña duraría hasta marzo de 1948 dejando 1700 muertos (palestinos). Pero la ofensiva a gran escala comenzó el 3 de abril cuando el Palmach tomó por asalto – y arrasó – la aldea de Qastall. Después, le tocaría el turno a Deir Yassin.
Deir Yassin era una pequeña aldea árabe situada a cinco kilómetros al oeste de Jerusalén. No tenía importancia estratégica alguna y sus habitantes permanecían totalmente al margen de la que se avecinaba. En la mañana del 9 de abril, 200 efectivos del Irgún y la Banda Stern entraron a sangre y fuego casa por casa, masacrando a 250 hombres, mujeres y niños, saquearon, violaron, mutilaron cadáveres y los arrojaron a una fosa común…. Había empezado el genocidio.
Si los detalles de la masacre de Deir Yassin merecen un tratamiento aparte cuando se discuta el rol del terrorismo en el genocidio palestino, sus efectos políticos y mi8litares se hicieron evidentes enseguida. Según Koestler; La población árabe fue presa del pánico y escapó de sus pueblos y aldeas lanzando el lastimero grito: Deir Yassin, Deir Yassin. Huyeron de sus casas dejando a medio beber el último café en el pocillo de porcelana”.
Deir Yassin es solo un ejemplo. Pero no sería el último. Mas de 500 aldeas y pueblos fueron arrasados siguiendo el mismo método: Kolonia que se tomó sin lucha y donde se dinamitaron una a una todas las casas. Después vendrían Haifa. Jaffa. Acre…
Por estas mismas fechas Nathan Chowski, un judío que emigró a Palestina en 1906, escribió:
“Los viejos colonos de Palestina podríamos relatar de qué manera nosotros, los judíos, expulsamos a los árabes de sus ciudades y sus aldeas…Aquí había un pueblo que vivió hace más de 1300 años en su propia tierra. Vinimos nosotros y convertimos a los árabes en trágicos refugiados. Y todavía nos atrevemos a calumniarlos y difamarlos, a ensuciar su nombre. En vez de sentirnos profundamente avergonzados por lo que hicimos y tratar de enmendar todo el mal que hemos cometido, ayudando a esos infelices refugiados, justificamos nuestros actos terribles y tratamos inclusive de glorificarlos”