“Los niños entienden enseguida que si a un animal se le saca de su hábitat es una situación de violencia”

Municipios de otras comunidades como Valencia o Castellón llevan años celebrando cabalgatas de Reyes sin necesidad de recurrir al sufrimiento que se causa a renos o ¡camellos. Rosa Más, bióloga y activista, de la Plataforma Defensa Animal, describe el maltrato que sufren estas especies
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¿Es posible hacer una cabalgata de Reyes sin que participen renos, caballos u otros animales? En Valencia o Castellón hace años que es así, y el evento no sólo no ha perdido ni lustre, sino que ha ganado al incorporar más espectáculos, mejor decoración o las posibilidades que brinda la tecnología. Más aún, ¿es posible el circo sin animales? Allí, los propios profesionales del circo rechazan algo que hubiera sido impensable hace años, trabajar con animales.

Cualquier niño o niña vería mal que a su mascota se le sacara de su casa y expusiera de forma masiva a gente que no conoce, a altos ruidos y luces y otros estímulos. Es exactamente lo mismo que les sucede a otros animales en estos eventos –algo que sí se entiende con el ruido de los petardos–.

“Los niños entienden enseguida que si un animal llora fuera de su hábitat es una situación de violencia; lo entienden enseguida, es ponerse en su lugar”, explica a EL FARADIO la bióloga Rosa Más, de la Plataforma Defensa Animal, precisamente desde Valencia, donde normativa autonómica y acuerdos municipales hicieron evolucionar las cabalgatas sin que bajara ni un ápice la ilusión que teóricamente preside estas fechas (de hecho, sorprenden las alusiones a mantener la ilusión de la infancia buscando el realismo justo en unas semanas en que familias y adultos se empeñan en crear ilusión desde la expectativa o el artificio).

Rosa Más advierte que los renos y otros animales silvestres empleados en estas actividades –la representación en Santillana, la cabalgata de Santander o Entrambasaguas– son sometidos a confinamiento previo, situaciones de ruido, luces y contacto con multitudes, lo que les genera estrés, miedo e inseguridad. Y el hecho de que parezcan no mostrar resistencia porque no huyan se debe a que el dominio ejercido les ha llevado a la sumisión. Y la “sumisión no implica bienestar”.

“Aceptar el maltrato no es estar bien. Lo que se genera, como mucho, es aceptación”, señala, mientras añade otro elemento que no se ve en las cabalgatas que usan animales: estos ejemplares no suelen estar simplemente en reposo el resto del año, sino que son sometidos a constante itinerancia a otros eventos (circos, rodajes…).

Durante estos períodos, desarrollan una enfermedad que está documentada, la zoocosis o enfermedad del cautiverio, propia de especies en circos, cabalgatas, granjas, etc…: los animales muestran “comportamientos estereotipados, movimientos repetidos, se balancean..”, a veces incluso se autolesionan, y al final tienen una vida más corta.

Rosa Más hace hincapié en cómo estás prácticas van en contra de lo normal, que es saber más según pasa el tiempo: así, mientras la ciencia tiene determinado el sufrimiento que pasan los animales y mientras la tecnología o la escenografía avanzan, brindando nuevas posibilidades a la organización de espectáculos, las instituciones públicas siguen recurriendo al uso de animales para usos más allá de los que se venían aceptando socialmente como la alimentación o el apoyo en tareas agrícolas.

Y sin que siquiera sea imprescindible para el desarrollo de los eventos, como prueba el hecho de su normal celebración posterior en los sitios donde las cabalgatas no recurren a animales.

“En lugar de quitar animales, incorporamos nuevos”, sentencia, mientras destaca que a lo único que están contribuyendo estas prácticas a la aparición de quienes hacen negocio de ello: granjas de animales ajenos a nuestros hábitats (como renos o camellos) que ven nutridos sus ingresos gracias en buena parte al dinero público.

Más aún: la bióloga y activista llama la atención sobre lo que supone esto en términos educativos: mientras durante todo el año se inculca a los menores una serie de lecciones éticas o de valores, y con los animales, sobre un buen trato, con citas como estas lo que se les transmite es que “hay excepciones a hacer lo correcto porque conviene”.

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