La huella del petróleo
Día histórico el 3 de enero de 2026 en el que el ejército estadounidense bombardeó Venezuela y secuestró al presidente del gobierno y su esposa. Desde que por la mañana nos enteramos de la agresión militar hasta la tarde en que el presidente de Estados Unidos dio una rueda de prensa con sus más íntimos colaboradores, quien más quien menos, especuló con que la intervención tendría como motivación el fraude de las últimas elecciones en Venezuela, terminar con el gobierno autoritario de Nicolás Maduro, algunos incluso pensaron que se trataba de una intervención para garantizar los derechos humanos y la libertad del pueblo venezolano.
Nada más lejos de la realidad, después de la rueda de prensa realizada por el presidente Trump, no cabe duda alguna de que la motivación de la intervención militar en Venezuela y el secuestro del presidente venezolano y su esposa es que “fluya”, como señaló repetidamente, el petróleo de Venezuela, que se “gestione convenientemente”, para lo que las empresas estadounidenses son “muy competentes”. Al principio de su intervención, el presidente norteamericano habló de que Maduro era responsable de narcotráfico, dando a entender que el motivo, o mejor, la disculpa, para la intervención y el secuestro era poner a disposición de la justicia estadounidense a un narcotraficante, perdón, a dos narcotraficantes, Maduro y su esposa Cilia Flores. El señor Trump que, si algo bueno tiene, es que no suele disimular sus intenciones, pronto olvidó lo del narcotráfico y destacó lo del petróleo.
En lo que se refiere a las especulaciones sobre la defensa del sistema democrático, las elecciones, los derechos humanos, la libertad, … ni una sola referencia en la larga perorata del presidente Trump y su equipo en la rueda de prensa. Quedó claro que a la administración estadounidense le importa un bledo si en Venezuela hay democracia o no, si las elecciones son limpias o fraudulentas, si se respetan o no los derechos humanos. Me imagino el chasco que se llevaría la oposición venezolana, con la flamante Premio Nobel de la Paz, Corina Machado al frente, escuchando a Trump cuestionar su liderazgo y decir que ella no contaba “ni con el apoyo ni con el respeto del pueblo venezolano”. Trump dio a entender que quien debería tomar las riendas del gobierno venezolano era la vicepresidenta Delcy Rodríguez, es decir, que si la nueva presidenta en funciones se aviene a acordar la gestión del petróleo con las petroleras estadounidenses, “que son muy eficientes”, no tiene porqué cambiar la administración bolivariana de raíz chavista.
Venezuela es el país con las mayores reservas de petróleo del planeta, el 18% del total mundial. Esta enorme riqueza del país fue nacionalizada por Hugo Chávez en 2008 y comenzaron una serie de pleitos con grandes empresas estadounidenses que solicitaban compensaciones. Desde entonces, los EE.UU. han ido imponiendo sanciones a la Compañía Venezolana de Petróleo y al comercio de Venezuela dificultando la modernización de las infraestructuras de extracción y distribución, asfixiando la economía del país, absolutamente dependiente del petróleo. Así, se da la paradoja de que siendo el país con mayores reservas, su producción petrolífera es muy limitada, ocupa el puesto 21 entre los mayores productores de crudo.
El petróleo, siempre el petróleo. Recordemos la intervención militar en Irak en 2003, la tristemente famosa Guerra del Golfo del “No a la Guerra”. En aquella ocasión el motivo de la intervención, o mejor la disculpa, fue que el gobierno de Saddam Hussein contaba con “armas de destrucción masiva”. Después de la invasión y el derrocamiento de Saddam se constató, lo que los inspectores de la ONU ya habían dicho, que no había tales armas. Irak era y es uno de los mayores productores y exportadores de petróleo del mundo. Hoy, dos décadas después de la guerra, Irak es un país sin apenas servicios básicos para su población, destrozado por la guerra, pero es el segundo país mayor exportador de petróleo del mundo tras Arabia Saudí, y el quinto en reservas y en producción de petróleo.
En fin, es la historia de siempre, los intereses de los poderosos rigen este mundo. Si acaso podemos destacar una diferencia que me parece importante, en este siglo los poderosos se saltan las normas internacionales, no necesitan justificaciones ni intermediarios. En el siglo XX, las intervenciones de los poderosos se realizaban a través de terceros. Por ejemplo, en Chile en 1973 cuando derrocaron al presidente Salvador Allende, los que bombardearon el palacio presidencial fue el propio ejército chileno.Hemos sabido después, entonces lo intuíamos, que los servicios secretos estadounidenses estaban tras el golpe militar dirigido por el siniestro general Pinochet. Lo mismo sucedió en Argentina años después. Para conseguir sus objetivos se valían de golpes de estado de los ejércitos de los mismos países. En el siglo XXI ya no es necesario el “disimulo”, directamente se utiliza el propio ejército para quitar y poner gobiernos allí donde sus intereses económicos se encuentran en peligro.
Eso sí, siempre en estos casos hay tontos útiles, aunque las justificaciones sean burdas, siempre hay personajes que justifican lo injustificable. En la invasión de Irak de 2003, los tontos fueron Tony Blair y José Mª Aznar, presidentes entonces de los gobiernos del Reino Unido y de España, que apoyaron la intervención a pesar del clamor popular contra la guerra. ¿De verdad creen que el mundo es un poco mejor después de la invasión de Irak? En el caso de Venezuela, aunque parezca increíble después de la memorable rueda de prensa, también hay y habrá declaraciones favorables a la intervención de EE.UU., no aprendemos.