Entre monos anda el juego, un musical con Tarzán revivido no se entiende por qué. “Entre bobos anda el juego”, comedia del siglo XVII revivida: sí se entiende por qué

Tarzán, el musical – Sala Argenta – 16 y 17 de enero – 19:30 horas
¿Qué hace un señor en taparrabos bailando con ocho gorilas a su alrededor mientras se oye una música que sale de una selva de cartón piedra? Quién es se adivina: el señor del programa de mano, Tarzán, anunciado por los altavoces como “desde hace mucho tiempo se conocen historias de un ser humano que es ya una leyenda”. Menos mal que no es una señora pues el mismo programa de mano está ocupado por una novicia austriaca de nombre María, la de Sonrisas y lágrimas. Economía informativa: una hoja, dos musicales.

7 primates 7 (la selva detrás)
Así empezó Tarzán, el musical: nueve primates subiendo y bajando por lianas, dando volteretas y componiendo un pequeño cuadro de baile al ritmo de tambores lejanos. Tras el aplaudido susto inicial el escenario se desplazó a un hogar londinense de 1912 (año de la primera publicación de Tarzan of the Apes, una novela y una serie del norteamericano Edgar Rice Burroughs) donde Charlie Porter -un niño de diez años- quiere ser explorador y escucha la leyenda del hombre de la selva criado entre gorilas. Su padre es un antropólogo que ya ha estado en Africa, lo mismo que la nodriza Isabella y Jane, una chica que va a casarse con William Clayton (hago spoiler: resulta ser el primo de Tarzán, usurpador de las riquezas del Conde de Greystoke y un empresario que quiere destruir la selva a base de resorts para millonarios. ¿Les suena esto de hacer resorts en donde el poderoso quiera?).

La otra selva (Tarzán al fondo a la izquierda)
Viajan todos juntos al Congo (lugar donde habita ese hombre mono) y allí se descubren todos las ambiciones y verdades. Tarzán aparece, vuelve a estar con Jane, retorna al lugar de donde vino de niño (Londres) como vizconde de Greystoke y tras vicisitudes modernas (el asombroso descubrimiento del teléfono por parte de Tarzán) retorna otra vez al Congo. El malvado William descubre sus intenciones, se pelea con su primo, mata a Chita y acaba enjaulado por sus maldades. Un final resuelto con magia y canciones: Chita revive con la ayuda del público (tal cual), el resort va a ser resort pero para científicos (colonialismo de buenas intenciones), Tarzán es rico -ahora ya auténtico Conde de Greystoke – se besa apasionadamente con Jane y canta el último tema: “Un mundo mejor”, canción llena de falsas buenas pretensiones. El mensaje nada oculto es que el mundo está lleno de hombres blancos que deciden todo, destrucción de la naturaleza incluida.
Dos horas de un musical que sobrevive por el tirón del personaje de Tarzán, espléndidamente interpretado, actuado y bailado por Giampaolo Picucci, cantante y artista nacido en Roma en 1993. El resto del elenco (que no se expone para el conocimiento del público) cumple sus tareas entre frecuentes desafinaciones, una dicción muy mejorable (no se le entiende al niño, Eneko Haren) y unas canciones que no son para recordar. El público aplaude cada escena sobre todo cuando hablan en perfecto castellano los gorilas mientras suben y bajan por los árboles o rodean a una compañera Chita que se eleva sobre la tierra para ¡resucitar! Como dice la productora del musical (y del otro que anuncia): “Un musical para toda la familia”. Sí, pero muy infantil y con mensaje colonizador.

Entre bobos anda el juego – Teatro – Sala Pereda – 15 de enero – 19:30 horas
Cuando en 1638 el dramaturgo Francisco de Rojas Zorrilla (Toledo, 1607 – Madrid, 1648) escribió la comedia de enredo Entre bobos anda el juego no sospechaba que cuatro siglos más tarde se iba a seguir representando, incluso con novedades que no se podían imaginar en el siglo XVII, un siglo muy barroco.

Don Lucas y Doña Alfonsa
Retomada por una compañía de origen extremeño -emeritense por más señas- lleva varios años siendo representada por teatros romanos y salas con ganas de divertimento. Después de un aplazamiento el pasado 14 de diciembre se pudo ver y disfrutar en una sala Pereda llena que no se sorprendió de un ruego previo desde el escenario: “Tenemos entendido que en el barroco no había móviles…” y los hubo en sala, pero apagados. Sin más dilación, sonó una jota y comenzó la función.
En escena dos mujeres hablan de sus inquietudes que tienen que ver con pretendientes y un anuncio de compromiso que el padre de Isabel de Peralta ha pactado con el rico del lugar, Don Lucas del Cigarral, adinerado pero muy muy patán. Estamos en Toledo y empiezan a suceder los embrollos que se enredan del todo en la venta de Illescas, a seis leguas de la villa imperial. Allí convergen Don Pedro -el primo apuesto de Don Lucas-, Don Luis -un postulante novio-, Doña Alfonsa -la hermana del ricachón- y Cabellera, un entendido personaje con poco pelo algo bufón. Empiezan los diálogos chispeantes, las situaciones enojosas pero divertidas y se resuelven todos los enredos con una doble boda. Y de vez en cuando la repetida frase de la noche: “Entre bobos anda el juego”.

Mascarilla de muchos siglos
Una versión de Fernando Ramos y dirección de Paco Carrillo con muchos guiños actuales y todo un repertorio de frases de conocidas canciones colocadas oportunamente para causar la hilaridad del respetable: Estar enamorado es – Te estoy amando locamente – Y yo caí, enamorado de la moda juvenil – Anda jaleo… La escenografía destaca por su sencillez y un juego de puertas que parecen sacadas de un videojuego (aquí solo utilizaron una de las tres habituales). Destacar las actuaciones de Pedro Montero como Cabellera (su vis cómica es singular y funciona), los cambios y matices de Beatriz Solís como casadera, la presencia escénica y buen decir de Manuel Menarguez (Don Lucas) y esos bailes, morcillas y cantilenas de Dani Jaen (Don Luis). Una adaptación 2.0 que quiere reivindicar la libertad de la mujer y su derecho a elegir la vida que ha de llevar. Buenas intenciones que se pierden en esquemas de siglos pasados, estos -todo un acierto- vistos con un humor de hoy en día. Una farsa muy agradable.