Llega ‘Por la hierba’, el álbum más introspectivo y completo de Ángel Stanich

Será ya su cuarto trabajo, y nos muestra a un Stanich taciturno, poético, sin perder su aura surrealista. 'Por la Hierba', cuarto álbum de Ángel Stanich, se edita este 23 de Enero
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Lo primero que llama tu atención es la deslumbrante portada (obra de Iñigo Sesma), que ya indica un aire de serenata nocturna, de película deslizante a medio gas con fantásticos sobresaltos, como en ese film-noir de New-Wave — avivado por el motorik del krautrock— que es Carretera o trueno, el espectacular single Poquita fe, o la sorpresa genial de Una bachata nueva. Sí, eso: una bachata en toda regla con dedicatoria a alguien que, por suerte, «da sentido a mi insensatez»

8 poemas de introspección y una canción… Inesperada

Y es que, bajo su seductor encaje, celofán electrónico, arreglos sorpresivos y reluciente producción (del propio Stanich y su compinche Juan Torán), estamos ante un álbum marcado por el desencanto entre lo biográfico y lo social, plagado de confesiones más o menos encubiertas: crisis de ansiedad que se entrevén, por ejemplo, en Solo en la ciudad (peligroso paseo noctámbulo, saxo incluido), o excursiones «esco-nucleares» como en Os traigo amor; extrañas canciones de amor camufladas de tributo caribeño (Una bachata nueva), o ecos de Johnny and Mary de Robert Palmer (Carretera o trueno) en el corte más vibrante y extenso del disco (7:25), toda una road movie synth-pop con suspense, pesadilla, y cameos de Abraham Boba («¡bañada por Buñuel!») y Anni B Sweet, la femme fatale —revisitada— del dueto final.

‘Por La Hierba’ es el «Nebraska» (Springsteen) particular de Stanich. Un álbum terapia de choque tras el cuadro de ansiedad que sufrió el autor. Un trabajo más realista, sí. Con un lenguaje más «natural», sí… Y, aún así, no puede dejar de vincular el aleteo de un colibrí con hacer mayonesa, en otra señal inequívoca de surrealismo total, y de marca Stanich.

Más allá de su franqueza, ‘Por La Hierba’ es un disco que sorprende por su innegable despegue musical sobre trabajos anteriores. Desde un principio más electrónico (siguiendo el orden en digital y CD), sembrado de referencias de ayer y hoy (de Lorca a Lamine Yamal), hasta un final conmovedor con el single homónimo (primera pista en vinilo), certera metáfora del desvío arrullada por sintetizadores. Y, por medio: Os traigo amor, esa poderosa nana radioactiva que abrió el melón de su regreso; su reveladora fuga a lo básico, en He ido más allá; esa bomba de ingenio bailable que es Poquita fe; la hermosa y original introspección sobre el interjectivo «Ay» de Super Gris; o esa indescifrable parábola-advertencia sobre el mal profundo de ese «oscuro iglú», nada recomendable, llamada La casa negra… Y, ¡una bachata! Ese género popular que el ermitaño, aunque no te lo creas, es capaz de hacer suyo de tal manera que hasta el homenajeado Juan Luis Guerra podría demandarlo…

Una vez más, como siempre, el álbum precisaría de un manual de interpretación, ya que sus constantes referencias subculturales son parte integral de los temas. Guiños a la música (Burning, Violeta Parra, Radio Futura, Triana…), al deporte menos deportivo (Topuria), a nuestra geografía (la A-2, Teruel, El Sobrón, Legazpi…), o al cine. En éste, mucho más cine (Thelma & Louise, Mulholland Drive, El club de la lucha, Carlito’s Way, Poltergeist, Truffaut…), sin olvidar la juguetona polisemia del título.

‘Por La Hierba’ es un álbum cuyo abrumador poder emocional te empapa, te sumerge… Y emerges mejor persona.

Comentarios del autor

Sobre las canciones-no-adelanto que son parte del LP: Carretera o trueno es una epopeya synth-pop que enfrenta a viejos contra nuevos referentes, en la que el sueño de una noche de amor desesperada termina en necrológica del rock and roll. Sirenas, truenos, meteoritos, cameos (el de Abraham Boba, de León Benavente), y ese sintetizador de bajo —a lo Johnny and Mary de Robert Palmer— que te meten de lleno en esta carretera de los tiempos de estribillo embaucador —a lo ¿Battiato?¿A-ha?¿Blondie? —, y coda sideral… Un epílogo pletórico que se pierde en el infinito del fade-out con la voz de Anni B Sweet de guía celeste.

La casa negra es una logia de blues psicodélico, a medio camino entre Townes Van Zandt, J.J. Cale y The Doors, en la que el ermitaño juega a gurú albergando toda clase de misterio y profecía en este lugar de gustos sombríos… Homenaje subliminal a Los Canteros (Stonecutters’) de Los Simpsons incluido (We do! We do!). Y es que esta es una canción para leer entre líneas, y no probar —bajo ningún concepto— el ponche.

Super Gris es una oda a la tristeza al más puro estilo del pop melódico francés de los 60’s/70’s (Joe Dassin, Michel Polnareff, o las bandas sonoras de Francis Lai) con reminiscencias soft rock a lo America, Todd Rundgren o Bob Welch. De la poética onomatopeya «ay» nace este sentimiento poderoso de dolor, respuesta a todas las preguntas que se van lanzando como dardos al corazón del mundo. Mención especial para los coros angelicales de Eva Menard, muy Nouvelle vague.

Una bachata nueva es un tributo a este mítico género dominicano… Desde Progreso, Yucatán (México), o eso dice. Un canto a la esperanza de amor caribeño —menos romántico y sufrido—, al reencuentro personal y a la paz global, con una inocente ambición. Cuenta con la interpretación a la güira y los bongos del venezolano Johnny Gómez (ganador de un Latin Grammy), como dios manda… Que, en este caso, sería Juan Luis Guerra.

Solo en la ciudad es una balada rock muy en el espectro Springsteen/The War On Drugs, un cuento de perdición urbana de otro Cowboy de medianoche, cuyo título taciturno recuerda a aquella peli de Garci en la que José Sacristán era un atormentado —pero lúcido— locutor de radio (Solos en la madrugada). Es fácil mecerse y perderse «en las autopistas de neón» de esta canción, donde el sublime saxo de Carolina Aráoz hace de romántico hilo conductor. Un Viaje a ninguna parte en el que no hay prisa… Ni tampoco mucha fe.

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