Bajarse en tu parada en el tiempo de pasada

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Ese momento justo después de mandar el mensaje, de buscar la doble raya de aspadas azules y mirar como en la parte superior pone “escribiendo”; de interpretar desde el otro lado que significado tiene cada silencio, cada pausa, cada momento que espera y luego se cronometra en el siguiente pensamiento. Ahora escribo, pero dudo y lo borro y al final lo dejo. Mientras tú al otro lado esperando…A veces has sido tú quien estaba de ese lado de la pantalla. Una especie de Alicia a través de un espejo que te atraviesa y te devuelve el reflejo multiplicado. Pero ahora hablamos desde el lado de quien espera. Tras esos primeros momentos, interpretados desde tus propios universo, el mensaje no llega y te quedas confuso, como quien ve como el autobús que se acerca a su parada, cuando llega, decide, por lo que sea, pasar de largo. Miras la pantalla y confirmas la hora, el lugar, el número del autobús, ves como se aleja…y no hay duda, era él, ese era tu autobús. Debía haber parado, pero se pierde en la lejanía. Salir corriendo, se te pasa por la cabeza, pero te das cuenta de que es imposible y contienes el impulso. Delante de la pantalla, el impulso te vence y, como no ves respuesta, eres tú quien escribe de nuevo un mensaje absurdo que intenta encontrar esa respuesta que no llega. Y de alguna manera lo sabes, pero has decidido esa huida hacia delante, de alguna manera lo sabes, pero también sabes que para ti es demasiado tarde y te dejas llevar al siguiente mensaje, encadenando uno tras otro. Incluso llamas con la idea de inventar una razón que justifique esa necesidad encontrarte en el mismo lado del espejo. Y no sabes en que lado estás o cuantas veces has cruzado. Incluso borras la conversación para quitarte esa sensación de “no debía haber salido corriendo tras el autobús” . Podría haber esperado al siguiente o irme caminando. También te dices que no es fácil entender porqué pasa de largo sin motivo. Te revisas por si te faltaba el billete, si no estabas bien colocado, quizás no te había visto, quizás …Y de nuevo te pierdes en ese circunloquio de posibilidades con el mismo resultado.

Cuando borras la conversación, que más que una conversación parece un monólogo algo disparatado que intenta mantener el equilibrio en ese lado del precipicio abocado a caer en el vacío, sientes que te liberas de la carga, como si no hubiera pasado, como un borrón y cuenta nueva sobre un espacio en blanco. Así, al pasar los días, vuelves a la parada del bus, te dices que todo comienza de nuevo, que quizás ahora pare o te explique el porqué paso de largo las otras veces o porqué cuando para lo hace dándote la sensación de que había sido simplemente que los intervalos que maneja son diferentes a los tuyos, ya se sabe los horarios de autobuses son un caos en tu ciudad. Es como si en tu parada pusiera “al próximo autobús con destino nosotros le quedan 10 mins” y en la suya pusiera el doble o el triple, el caso es que los intervalos varían en una medida del tiempo que impide que coincidas, algo así solo se entiende en el mundo de Alicia.

Mientras, en este lado del teléfono los intervalos se multiplican y la forma de manejarlos también. Quizás no pasa porque la mayoría de las veces va siempre lleno, te dices intentando ponerte en el lugar del conductor. La verdad es que, si te fijas, se les ve siempre así como muy apretados, como sardinas en lata y claro, uno más acabaría reventando. También es cierto, que no lo sabes porque el autobús suele tener los cristales tintados y pasa demasiado rápido para darte cuenta de si va lleno o si está vacío. Y ese lleno y vacío, es donde intentas hacerte un hueco cuando tus vacíos también asoman a tu parada. Porqué es tan difícil a veces salir caminando, sin estar tan pendiente, coger otro autobús, o volver a coger la bici. Porqué es tan difícil estar en este lado de la pantalla, esperando que se haga real lo ficticio, interpretando silencios y distancias, esperando una respuesta que no llega, o que llega tan a destiempo que no te da tiempo a procesarla. Y, al responder, te sale todo un caos de emociones y sentimientos, de historias que se quedaron atrás en todas esas paradas donde no pudiste, donde no quisiste parar y que siempre son la misma. Que ninguna frase es capaz de resumir todo lo que quieres contar y los lugares a donde quieres ir. Te aceleras tanto que te pasas de frenada y cuando intentas volver a la carretera te has perdido entre tantas rotondas, circunvalaciones, cruces de caminos, semáforos y señales que no has aprendido e descifrar o que simplemente no hablaban el mismo idioma que tú.
Y en lugar de ir al lugar que esperabas, acabas un poco mas perdido y decides al fin no subir, sino bajarte en tu parada, “bajarte en tu parada en el tiempo de pasada”.

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