Stranger Things

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Podría ser una de las escenas de Verano Azul, y aquí vienen referencias generacionales para que el lector pueda conectar con la historia y colocarse en ella, como si formara parte, de hecho, un secreto, formas parte. Como decía podría ser una escena de Verano azul con su música de fondo en la que Tito, por eso de ser el más pequeño y el modelo de bici, que al fin y al cabo para quien escribe también es importante, pues eso, que Tito se encontrara en la cuesta de su pueblo, cambiemos Nerja por Villar de Soba, total la cosa parece ir de tomarse licencias, y a lo que iba, un grupo bastante numeroso de personas unas 30 o así, quizás más. Para el Tito de ayer eran adultos, sin embargo, para el Tito de hoy debían ser poco mas que jóvenes de unos 18 a veintitantos años. Todos caminando, como si estuvieran de marcha. Los veía pasar con esa curiosidad que miran los niños cuando ven una novedad y tienen la imperiosa necesidad de averiguar que está pasando, de formar parte de eso. No pasa todos los días y así la aventura está servida. Con la bici  había dos opciones; la Orbea y la BH, pues en este caso era una BH de esas que se le llamaba «de paseo», aunque para mi solo había ese modelo, porque no conocía otra. Recuerdo el día que aprendí a andar en bici, cómo mi padre me sujetaba por detrás y decía, no te suelto, no te preocupes, voy contigo, y confiado de que él estaba ahí acumulaba toda esa seguridad que necesitaba para, sin darme cuenta, acabar pedaleando solo. Al principio, y ver que él no estaba, me temblaron las piernas un poco, luego tras escucharle decir, ¿ves? Si lo estás haciendo tú solo…seguí decidido hacia delante, pero sabiendo, cuando aquello no lo sabía expresar con palabras, que aunque él no estuviera siempre estaría acompañándome. Sentir eso, algo así, es muy difícil de explicar con palabras, pero si has vivido una situación similar estoy seguro de que me comprendes y sabes a qué me refiero.

Como decía, completamente autónomo, en cuanto a los “rodines” (¿Recuerdas?, esas ruedas pequeñas, para principiantes, que se atornillaban a cada lado de la rueda de atrás) se refiere, me infiltré entre ese grupo de jóvenes que no eran del pueblo, pero que por una extraña razón ahí estaban. Y su mirada no era agresiva y la mía era curiosa, pero también acogedora, como quien siente que algo nuevo puede significar algo bueno. La de ellos era similar, creo que es porque las miradas se retroalimentan ¿sabes? Quiero decir que si conoces a alguien y tú lógica sensación de cierta inseguridad, en lugar de transformarla en miedo que luego derivaría en rechazo a alguien que no conoces, la conviertes en esa curiosidad que acoge, que ve en ese cambio una novedad sobre la construir algo más, no sé, me da la sensación de que ahí damos el primer paso para que todo vaya bien, incluso para que si algo va regular o mal seamos capaces de afrontarlo desde un lugar diferente al que alimenta el odio y el rechazo aprovechándose de la situación y que, por cierto, nada le importa ni esos jóvenes ni las personas del pueblo, como y tú y como yo. Somos carnaza para sus intereses.

Volviendo al tema de las miradas, fíjate, creo que a ellos les pasaba lo mismo, su mirada, también sentía esa parte de miedo, inseguridad que puede generar recelo, pero al ver que nada de eso se reflejaba en quien les perseguía con la bici, en seguida permitieron que asomase esa mirada que tenían guardada, protegida, esa mirada abierta que también tienes que cuidar, porque demasiadas veces en el camino te la habían reventado, incluso conocías a quien le habían sacado los ojos por confiarse demasiado, y sentías que debías de estar alerta. Lo bueno de las miradas es que, bien utilizadas, se convierten en un lenguaje universal, que no necesitan ser traducidas en palabras. Y eso, si te fijas ayuda bastante para romper el hielo.

Al pasar lo años y conocer el motivo por que ese grupo de jóvenes habían pasado por mi pueblo, acompañados de una persona que les acogió en una casa habilitada para intentar ayudarles y ofrecerles una alternativa, o un nuevo comienzo, una segunda, tercera o primera oportunidad, porque antes nadie lo había hecho, descubrí que no todas las miradas fueron iguales, que hay miradas que nada más verles les decían fuera, no sois de aquí, no pintáis nada aquí, sois sinónimo de problemas. Otras miradas no eran así, eran abiertas, acogedoras, preguntaban, se acercaban con prudencia si, pero también con ese espacio que necesita comprender y ser capaz de ponerse en el lugar del otro. Esas miradas no decían fuera, sino que decían BIENVENIDOS, somos conscientes de que puede ser complicado a veces, pero también de que tras esas miradas hay un espacio en el que convivir, aprender, enseñar y acoger. Si nos dejamos intoxicar por esas otras miradas de odio que poco les importa nuestra vida en el pueblo, mal vamos. Pero si damos una oportunidad y nos miramos de frente, diciendo con la mirada Bienvenidos, quizás sea, al menos, un comienzo y en su mirada veamos reflejada la misma palabra traducida en GRACIAS.

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