La alcaldesa de Cartes tarda una semana en pronunciar por primera vez la palabra “bienvenidos” asociada a los menores extranjeros no acompañados
Es mucho y poco a la vez. Pero ha pasado una semana, siete días, de la primera publicación en redes sociales de la alcaldesa de Cartes, Lorena Cueto, socialista de siglas, en la que mostró su alarma por la llegada a su pueblo de una veintena de menores extranjeros no acompañados.
En cuanto el tema pasó de las redes a los medios, la alcaldesa, además del ya manido “castigo”, añadió otro argumento: que Cartes no estaba preparado para asumir a estos 20 nuevos vecinos, al carecer de servicios suficientes para su “plena inclusión”. Esta cifra supone un crecimiento de población del 0,34%. La política que se presentó bajó las siglas del PSOE estaba diciendo que su pueblo no podía con un incremento de habitantes inferior al medio punto.
Fueron unas declaraciones extrañísimas: una regidora presumiendo de un pueblo sin servicios, en unas frases que, es evidente que no pensó en lo que estaba diciendo, también se podían dirigir a cualquier otro vecino que no fuera extranjero. Si una familia estaba pensando instalarse en Cartes, los responsables políticos le estaban diciendo que iban a un sitio sin servicios.
Habitantes del municipio que rechazan la presencia de los jóvenes migrantes han replicado este ‘argumentario’ en sus intervenciones nacionales, asegurando que en el pueblo no hay nada que hacer a esas edades. Vecinos del pueblo contrastan ese relato tan gris sobre Cartes con la profusión de actividades que pregona el Consistorio, deportivas o culturales durante todo el año, intentando satisfacer las necesidades de ocio de un municipio al que en los últimos años se están desplazando familias jóvenes (buscando o tranquilidad o precios más baratos que los de Torrelavega u otros ayuntamientos).
Ha pasado una semana exacta de ese primer capítulo, y este martes, la alcaldesa ha emitido un comunicado con el que ha intentado de alguna forma sacudirse la última polémica generada por su propio Ayuntamiento: el filibusterismo burocrático con el que trató de adelantarse a la llegada de menores con una inspección urbanística y una petición de licencia de actividad con la que se podría haber afectado la actividad, algo más difícil si ya hubiera habido menores dentro, cuya integridad y protección hay que proteger, si no por humanidad, por obligación legal. Pero llegaron los dos primeros y entonces ese requerimiento, con apelaciones a la policía y hasta a cotes de suministro, tuvo menos efecto del que buscaba, aunque tendrá recorrido judicial. La alcaldesa se defiende asegurando que actuó ante denuncias vecinales que, en cualquier caso, son una réplica argumental de su propio alarmismo: además, en todas sus declaraciones previas hablaba abiertamente de la iniciativa municipal a la hora de escudriñar los aspectos urbanísticos del edificio que rechazaba abiertamente desde el día 1.
«BIENVENIDOS» Y CON SERVICIOS
Defensas jurídicas aparte con las que esquivar el marrón –que ha llevado a intervenir incluso a la ministra de Infancia y Juventud del Gobierno central, Sira Rego–, ese comunicado incluye dos novedades relevantes por ser la primera vez que se producen en 7 días.
Una es el uso, por primera vez, de la palabra “bienvenidos”. Hasta entonces se había hablado de “castigo” (luego matizó esas declaraciones).
La otra novedad es que el Ayuntamiento parece ponerse a la búsqueda de cómo proporcionar servicios suficientes a estos menores. Previamente, lo que había dicho es que no se daban las “condiciones” para una “plena inclusión” de estos jóvenes procedentes de otros países más pobres, cuestionando hasta que estuvieran cerca del colegio o que pudieran sumarse a los equipos deportivos del municipio.
Es evidente que el pueblo tenía servicios: colegio, centro de salud, dos centros culturales, parque, instalaciones deportivas, servicios sociales. Es evidente también que en Cartes hay una fuerte impronta comarcal: es normal que muchos vecinos trabajen, estudien o vayan al médico en Torrelavega o Cabezón de la Sal, por ejemplo.
La alcaldesa llegaba a usar la palabra “garantizada” para la acogida a los menores, incluso su «bienestar» y «protección». Afortunadamente, nada de eso depende de ella, algo que ella y su equipo hubieran podido conocer con un mínimo conocimiento de la realidad administrativa o simplemente de la realidad del sector social, los menores extranjeros y la propia Fundación Cuin.
FALTA DE CONOCIMIENTO Y ESCUCHA
Si en lugar de desproporcionar la escucha a la parte del pueblo en la que más han cundido los bulos racistas hubiera mantenido una conversación con esta prestigiosa, veterana y respetada organización de atención a menores vulnerables (sólo lleva tres décadas trabajando), hubiera obtenido revelaciones como que la educación que eligen suele ser formación profesional y la oferta en Cartes no encaja con esos perfiles. La atención sanitaria –evidentemente menos usada por las personas jóvenes—es competencia autonómica, y las competencias en seguridad pueden ser estatales (Guardia Civil) o sí, locales (policía municipal). La alusión a la seguridad (sus últimas declaraciones hablan de «protección») es importante porque, consecuencia de haber atendido más a la parte crítica del vecindario que a otras voces, a estas alturas, quienes más necesidad de protección y riesgo para la seguridad tienen son los menores: la violencia física es lo que sigue siem-pre al señalamiento y los discursos de odio.
Asesoría administrativa o laboral, formación y salud mental y otras disciplinas las aportan también los responsables del centro: es posible que la escasa experiencia previa y la poca relación con el mundo asociativo le hicieran desconocer estos detalles básicos. Otra opción es que directamente evitara comunicarse con la asociación por haber interiorizado los prejuicios que le han trasladado las voces sobredimensionadas a las que ha convertido en representantes de todo el pueblo. Da igual: era una información que también podía haber obtenido de compañeros de partido que han gestionado competencias en políticas sociales y atención a menores extranjeros en Cantabria. Además, los tenían de todos los bandos internos posibles.
La llegada de los menores es una obligación legal, la mayoría de los servicios los proporcionarán otras administraciones y que muchos otros dependen de los profesionales de Cuin: es decir, al Ayuntamiento de Cartes no se le pedía que proporcionara todos los servicios y desde luego, afortunadamente, no está en su mano garantizar la acogida. Simplemente se esperaba que no pusiera trabas, como las burocráticas o, sobre todo, que convirtiera el bello empedrado del camino real en piedrascontra la llegada de unos jóvenes cuyo trayecto ya ha sido bastante largo y difícil sin necesidad de nuevas distorsiones.