“Llevamos años viviendo con gente de otros países sin ningún tipo de problema”
Sara Puaj (el nombre con el que la conoce la mayoría de las personas que la siguen en redes o han asistido a sus pinchadas musicales) lleva una semana acumulando sensaciones ante las reacciones suscitadas en su pueblo, Cartes, ante la llegada de una veintena de menores extranjeros no acompañados (no frenadas, si no espoleadas, por el propio Ayuntamiento, cuya todavía alcaldesa lo es por las siglas del PSOE).
Está la “rabia”, aunque en realidad es “pena”, “muchísima pena”, según cuenta a EL FARADIO, que le suscitó ya la semana pasada y el fin de semana “ver a gente dando la cara en contra de que abran un centro de menores, diciendo todo tipo de barbaridades de chicos de los que no saben ni quiénes son, ni de dónde vienen, ni cuánto tiempo van a estar, ni por qué están ahí”.
En su caso, su profesión y su experiencia familiar le han brindado un conocimiento sobre la diversidad y las personas de otros países. Cualquier docente tiene ya alumnado de distintos países, incluso procedentes de centros para menores sin familia (Menores Extranjeros No Acompañados, cuyas siglas MENA han sido objeto durante años de una orquestada y financiada campaña de criminalización y desinformación que, a la vista está, ha prendido):
“Qué lejanía de la realidad hay que tener para creer que no llevamos años viviendo con gente de otros países sin ningún tipo de problema”, se pregunta, recordando la experiencia positiva de acogida a familias ucranianas o rusas –una cultura, la eslava, obviamente también muy distinta de la nuestra–.” Y yo no vi esas movilizaciones. Me hace pensar de qué color tienen que ser, de qué continente o de qué nivel socioeconómico para que nos movilicemos durante días para que no vengan”, apunta.
No sólo su trabajo le ha permitido conocer todo tipo de experiencias con familias de otros países: es una especie de orgulloso legado familiar que le ha venido de casa, de una madre docente en el centro de formación de adultos Caligrama (en Torrelavega), un espacio de referencia al que acuden muchos jóvenes migrantes en busca de una mejora en su formación que les sirva para desenvolverse mejor en su nueva tierra.
“Son personas que se esfuerzan muchísimo: trabajan por la mañana, aprenden el idioma, van a clases para sacarse el graduado…”, ensalza, destacando sus “muchísimas ganas de estudiar y trabajar”.
Desde esa perspectiva, desde ese mayor conocimiento de la realidad, es como ha vivido lo sucedido estos días. Pero también llama la atención sobre otro aspecto: la sensación de pensamiento único en contra que se impuso desde el principio en redes y medios –y a la que contribuyó ampliamente la alcaldesa al encender ella la llama y sobredimensionar las opiniones críticas y desinformadas en lugar de representar a todos sus vecinos o buscar una mejor información con la que mejorar la convivencia.
“Nuestro trabajo es generar oportunidades”: así funcionará el centro de menores migrantes de Cartes
LOS «VECINOS DE CARTES»
De hecho, frente a cierto tópico que se ha armado en los medios que han usado el genérico “los vecinos de Cartes”, advierte no sólo de que no todo el mundo piensa lo mismo, sino de que muchos de los participantes en esas protestas casi diarias –un grado de organización sólo compatible con la condición de o no tener trabajo o ser liberado de un partido— no eran caras conocidas para ningún vecino de toda la vida.
Además, observa “evidentes intereses políticos”: durante esta larguísima semana, la villa de los torreones se ha convertido en un mitin de Vox y un plató a su servicio, con visitas de diputados y portavoces, vídeos constantes, carteles propagandísticos con sus siglas, recogidas de firmas y simbología ofensiva (esos dispositivos de suelo peligroso que se ponen cuando se friega y que el partido de extrema derecha usó para señalizar un lugar donde habrá personas menores de edad). En el momento de la entrevista o de escribir estas líneas, la alcaldesa, que ha tenido tiempo para mandar una nota de prensa y escribir un mensaje de Facebook, sigue sin hacer hueco en sus palabras para condenar los mensajes racistas o el uso político-electoral. Una semana tardó en usar la palabra “bienvenidos”.
CUANDO EL AYUNTAMIENTO PRESUME DE NO TENER SERVICIOS
Entre las muchas sensaciones que ha tenido estos días Sara está una especie de sorpresa y enfado por los mensajes del Ayuntamiento sobre la falta de servicios en el pueblo (antes de obstaculizar el centro con burocracia, el Consistorio dijo que Cartes no estaba preparado para la acogida porque no tenía servicios suficientes.
Esas palabras reflejaban el desconocimiento de una realidad impropia de un líder municipal que debiera saber que hay servicios que presta el Gobierno autonómico, como la educación o la salud, y que muchos otros los prestaría la propia Fundación Cuin, responsable del centro, con una experiencia de décadas y que sólo necesitaba del Ayuntamiento se la dejara trabajar).
“Me parece durísimo que el propio Ayuntamiento desprestigie al municipio”, asevera esta vecina. Al igual que (algunos) medios, asociaciones y vecinos han tenido que salir a hacer didáctica de la realidad de los menores extranjeros no acompañados y la migración en general, Sara tiene que salir a recordar algo que debían hacer sus gobernantes, que “Cartes está lleno de cosas”. Hay “actividades, ocio, eventos, instalaciones deportivas enormes, pabellón, campos de fútbol, escuelas deportivas grandes”, enumera, recordando que en el Ayuntamiento “se hartan de hacer publicidad del pueblo, del Camino Real, de Navidad, del pasaje del terror… y luego dicen que no hay servicios”.
“No tiene sentido. Hay infraestructuras de sobra”, insiste, centrándose ahora en los servicios específicamente para jóvenes. Tiene que ser ella quien recuerdo que en los últimos años Cartes y Santiago de Cartes “han crecido mucho” con la llegada de familias jóvenes, muchas de ellas o expulsadas de Torrelavega por sus precios o atraídos por el tamaño reducido y la situación estratégica del pueblo respecto a la comarca y Cantabria en general.
Nuevamente, la alcaldesa puede estar tranquila: en su cambio de discurso cuando la bola de nieve que ella mismo echó a rodar traspasó los Picos de Europa llegó a decir que garantizaría que tuvieran todo tipo de servicios. El primero cuya falta invocó fue la Policía, contribuyendo a la identificación entre migración y delincuencia que hace la ultraderecha en sus mensajes electorales y políticos, y la siguiente competencia que ejerció fue la sanción para cerrar el centro, con amenaza de corte de suministros incluida, aunque esa estrategia para evitar la llegada de menores al dejarles sin edificio ha fracasado.
Pero hay que insistir no sólo en que otras administraciones permitirán brindar esos servicios y en que la Fundación sabe de sobra los centros de FP en los que estudiarán estos jóvenes –como cualquier otro menor del municipio–, sino en que en Cartes, como en muchos pueblos de Cantabria, hay una fuerte impronta comarcal: es normal que muchos estudien, trabajen, vayan al médico o a actividades de ocio o deporte a otros puntos de la comarca.
UN AMBIENTE HOSTIL PARA LAS OPINIONES A FAVOR DEL CENTRO

Manifestación a favor de la llegada de menores extranjeros a Cartes
Sara lamenta que muchos vecinos “tenían una oportunidad de oro de mostrarse como personas solidarias, como cuando hay catástrofes o situaciones difíciles; en lugar de eso, se están dando a conocer en toda España como racistas e intolerantes”. “Me da vergüenza que Cartes salga en medios por un árbol de Navidad o un Papá Noel volador, pero me da aún más vergüenza que salga por rechazar a personas que necesitan ayuda”, sentencia.
Sara llama la atención sobre la construcción artificial de esa sensación de mensaje único, que sería imposible no sólo sin la contribución al mismo del Ayuntamiento entregado a las voces más contrarias, sino por la fuerte violencia verbal que se siente en conversaciones o redes sociales.
“Dentro de mis amistades más cercanas en Cartes no quieren mojarse en público. No han ido a dar la bienvenida ni a rechazar los discursos de odio por miedo a represalias entre vecinos. Viven allí cada día y no quieren ser señalados”, explica, concluyendo que “la hostilidad hacia quien está a favor del centro es tan fuerte que disuade a mucha gente de expresarse, con un clima que “está haciendo que mucha gente prefiera callarse”. Como sabe cualquiera que la conozca, no es el caso de Sara Puaj.
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