“Nuestro trabajo es generar oportunidades”: así funcionará el centro de menores migrantes de Cartes
El Ayuntamiento de Cartes puede estar tranquilo: no tiene que hacer mucho esfuerzo en garantizar servicios a esos menores extranjeros no acompañados para los que tardó siete días con sus noches en pronunciar la palabra “bienvenidos” —esos servicios de los que decía carecer para 20 personas, sin darse cuenta de que si no los hay, no los hay para ningún nuevo vecino, nacional o extranjero—: resulta que existen otras administraciones con competencias y profesionales en cuestiones básicas como educación y sanidad.
El Consistorio, que sigue teniendo como alcaldesa a Lorena Cueto y que sigue representando a las siglas del PSOE, solo tiene que preocuparse de que sus instalaciones culturales y deportivas estén listas, que son competencias que tiene, pese a que solo parecieron preocuparles las policiales, vinculando así migración y delincuencia, amplificando la campaña de bulos y odio junto a quienes no dejan de ser menores de edad. La alcaldesa tenía más competencias, sí, y las ha ejercido, pero sin acertar: la triquiñuela urbanística para cerrar el centro antes de la llegada de los menores no le ha funcionado.
Para tranquilidad de unos (el Ayuntamiento, que se sumó a la desinformación en lugar de combatirla) y otros (los vecinos que sí quieren acoger y que han encontrado dificultades para expresarse ante el clima hostil a sus opiniones al que ha contribuido el Consistorio), los servicios y la atención a los menores extranjeros no acompañados que van llegando a Cartes están a cargo de una entidad social que tiene reconocidos prestigio, profesionales, trayectoria y logros asociados a su gestión.
Le bastaba a la alcaldesa para combatir su propio e imperdonable desconocimiento una llamada de teléfono a la propia fundación a la que ha querido echar del pueblo, pero también a compañeras de partido que por su trabajo en el Gobierno conocen la realidad de los menores extranjeros y el trabajo de la Fundación Cuin: las exconsejeras Ana Belén Álvarez, Eugenia Gómez de Diego y, si los temas internos de partido le impiden hablar con ellas, otras cercanas como Eva Díaz Tezanos o la propia Lola Gorostiaga.
Ante la renuncia del Ayuntamiento, el propio Gobierno de Cantabria o la representación del Estado en Cantabria, oscilando entre el silencio, la disputa institucional y la polémica partidista a explicar este trabajo, han tenido que ser los medios, la ciudadanía y las organizaciones y movimientos sociales las que hagan esta didáctica.
QUÉ ES LA FUNDACIÓN CUIN
La Fundación Cuin es una entidad sin ánimo de lucro cántabra, con programas únicamente en Cantabria. Nació en 1993 con el objetivo de mejorar la vida de niños, niñas y jóvenes con menos oportunidades. Trabajan con menores en riesgo de exclusión, procedentes de familias con dificultades, o chicos y chicas que presentan problemas socioeducativos.
A lo largo de estos 33 años el perfil ha ido cambiando, pero siempre se trata de menores que, por distintas razones, necesitan salir de su entorno familiar y contar durante un tiempo con un lugar seguro donde vivir, explica a EL FARADIO Pedro Tresgallo, presidente de la Fundación Cuin —entidad que es responsable, entre otros proyectos, del exitoso obrador El Lambión, en Revilla de Camargo, donde trabajan precisamente jóvenes que han pasado por sus programas—.
Son perfiles de todo tipo, enumera: menores en situación de abandono, con graves dificultades familiares, con baja autoestima o problemas de conducta, también con cierta discapacidad o que estén cumpliendo medidas judiciales. El objetivo es siempre la preparación para la vida adulta, y eso pasa por la autonomía, incluida la laboral que tendrán que desarrollar. Estos perfiles, al carecer de una red familiar estable —la que apoya, por ejemplo, a cualquier joven mientras dedica cuatro o cinco años a sus estudios universitarios— se inclinan por una formación rápida que les permita trabajar en uno o dos años, por lo que están encaminados a la formación profesional: “nuestro trabajo es generar oportunidades”.
En la actualidad, la Fundación Cuin cuenta con nueve hogares y, tras más de décadas de experiencia, pueden repasar sin titubear numerosos casos de chicos que “han aprovechado esta oportunidad”: gente que trabaja en empresas, que ha puesto en marcha sus propios negocios o que incluso se ha incorporado al equipo de la propia organización, es decir, que pasan de necesitar ayuda a ayudar a otros. “Nueve de cada diez menores que pasan por nuestros hogares tienen una ocupación académica o laboral, y muchos trabajan además de estudiar. El sistema funciona”, señalan desde Cuin.
“Nosotros asumimos la guarda, es decir, el cuidado diario, y desde ese hogar, atendido por educadores sociales, integradores sociales y psicólogos, trabajamos para que estructuren su vida, estudien, accedan al mundo laboral y adquieran habilidades para la vida independiente”, explican.
Ese es el modelo general que lleva tres décadas poniendo en marcha Cuin, con el reconocimiento y apoyo de instituciones, organizaciones sociales que la conocen y acompañan, y aquellos con quienes han trabajado en este camino (colegios, institutos, entidades de tiempo libre…).
EL OBJETIVO
Dado que el objetivo es prepararles para una vida independiente en cuanto lleguen a la mayoría de edad, una de las principales prioridades es la formación. En cuanto llegan, se diseña con ellos un itinerario sociolaboral, adaptado a sus capacidades, habilidades y vocaciones, y en un plazo máximo de cuatro semanas cada menor tiene un proyecto educativo individualizado.
“Ellos expresan en qué sectores se ven trabajando —hostelería, metal, construcción— y buscamos formaciones prácticas y cortas”, señala el presidente de Cuin. La experiencia acumulada les ha llevado a una colaboración con organizaciones especializadas como la Fundación Laboral de la Construcción, la Fundación del Metal, agencias de desarrollo local, así como programas de FP básica o profesional.
De modo que —otro motivo de tranquilidad para la alcaldesa, que estaba preocupada por no tener servicios suficientes y que después ha pasado a decir que buscará garantizarlos— harán lo que hace cualquier estudiante de Cartes que no tenga recursos para estudiar donde vive: desplazarse a institutos, bien de la zona de Torrelavega, Cabezón o Reocín, o bien en Santander o Los Corrales: “irán donde esté la formación adecuada”, y lo harán con el vehículo propio para desplazamientos de la Fundación.
LA LLEGADA
Sus procedencias son muy variadas: vendrán desde Canarias o de Ceuta y Melilla, adonde llegaron de distintas procedencias —si alguien piensa que todo el mundo reproduce el mismo patrón, no solo está simplificando en extremo el mundo, sino que demuestra un desconocimiento de su propia realidad: tampoco en nuestros entornos todo el mundo tiene la misma historia—. Allí hay chicos del cercano y demonizado Marruecos, sí, pero también de Argelia o países por debajo del Sáhara: Senegal, Nigeria, Angola… Es pronto para saber el grado de detalle de quiénes estarán en Cartes, aunque los críticos parezcan tener ya más información que quienes están en contacto con la realidad.
CÓMO ES UN DÍA EN UN CENTRO DE MENORES
En Cartes, en concreto, habrá un equipo especializado en la atención a los chicos que vayan llegando: habrá un director, un psicólogo especializado en acogida, educadores sociales, integradores sociales, auxiliares educativos y mediadores interculturales.
“Estamos hablando de un recurso que funciona 24 horas al día, los 365 días del año, con un equipo de 22 profesionales en total”, señala, con organización laboral y turnos que hacen que la atención sea constante, día y noche.
Durante el día realizan actividades formativas, alfabetización, gestión de documentación, talleres de habilidades, deporte y ocio, logrando, gracias a los profesionales especializados en mediación intercultural, la combinación del respeto a su cultura y su integración en la sociedad cántabra.
Tendrán, como cualquier familia, “una rutina organizada, previsible y supervisada”, repasa Pedro Tresgallo con el tono de quien se lo sabe de sobra porque es lo que vienen aplicando en todos sus centros: “se levantan, se asean, desayunan, colaboran en tareas domésticas, hacen alfabetización, actividades formativas, trámites, talleres, deporte y ocio”. Continúa: “por la tarde hay duchas, cena, tiempo de descanso y al día siguiente se repite una estructura similar”.
MÁS ALLÁ DE LA FORMACIÓN Y EL EMPLEO
No todo será estudiar o prepararse para trabajar. El ocio es parte del desarrollo y socialización de cualquier joven, de modo que, gracias también a la red construida durante su trayectoria, se les podrán ofrecer numerosas opciones, tanto en Cartes como en otros lugares en los que haya actividades que les formen o gusten, como cualquier joven del municipio que no encuentre allí oferta suficiente.
Y, como el objetivo es la integración, a las actividades a las que se apunten no lo harán en bloque: “la idea es que se integren como individuos, no como grupo aislado”.
Desde el Ayuntamiento se había llegado a decir que no habría plazas suficientes si iban todos a los equipos deportivos del pueblo: cada vez se entiende menos el desconocimiento o el pensar que es algo que una entidad profesional no tuviera claro por haberlo afrontado antes, pero, nuevamente, bastaba con preguntar.
Y, nuevamente, como en cualquier vida no solo es trabajar, los cuidados se extenderán a su estado emocional: “Todas las personas llevamos una mochila emocional; estos chicos, en muchos casos, más cargada. Por eso contamos con psicólogos diariamente y con un equipo técnico especializado para ayudarles a gestionar traumas y experiencias difíciles”.
De momento, más allá del recurso al cumplimiento de la ley (muchas de las críticas parecen preocupadas por el cumplimiento de la ley), desde Cuin apelan a un mínimo criterio de igualdad y confianza: “Vivimos en un lugar donde cuando alguien pasa una situación difícil recibe ayuda. Eso es una fortuna. Pedimos confianza y tiempo a la gente de Cartes para demostrar que esto puede funcionar”.
Así que quien siga atascado en el “mételos en tu casa” puede estar tranquilo también. No estarán en la suya, estarán en el hogar de Cuin.
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