Vecinos de Cartes ofrecen ayuda y voluntariado a la asociación que gestionará el centro de menores extranjeros

Los mensajes de estos días, que oscilan entre el rechazo por falta de conocimiento o directamente el puro odio racista, no son la única opinión que existe entre los vecinos de Cartes
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Va por delante que no hace falta ser vecino de Cartes para opinar sobre la llegada al pueblo de jóvenes migrantes bajo protección de la administración: no sólo porque sea un tema de interés general, de derechos humanos básicos, sino porque es un servicio que se sufragará con fondos estatales y autonómicos, y porque, como sabe cualquiera que conozca el municipio, es un lugar en el que se hace mucha vida en otros puntos de la comarca. El rechazo, cuando no la orden de callar, a cualquier opinión al respecto diciendo que no eran del pueblo refleja una limitación a algo tan básico como el derecho a opinar.

Pero durante varios días, pareció que todo el pueblo pensaba lo mismo, que todos los menores extranjeros no acompañados son  delincuentes y que no les querían. A ello contribuyó tanto el reflejo mediático de lo sucedido como los años previos de trabajo en redes sociales contra este colectivo, y desde luego sumó la inestimable colaboración de la alcaldesa, Lorena Cueto –gobierna bajo las siglas del PSOE; sucesora de Agustín Molleda, secretario de Organización del PSOE cántabro y previsible candidato en Torrelavega-. Fue ella quien lanzó en redes y medios la alarma, la que rechazó su llegada con palabras –no hay servicios, no se dan las condiciones para una acogida– y con hechos –una inspección urbanística que amenazó con el cierre y corte de luz y agua apelando a un documento que podía entregarse más tarde y que escondía la estrategia, fracasada, de clausurar el centro antes de que llegaran–. A más, fue ella quien asoció jóvenes migrantes y delincuencia, al mencionar reiteradamente que en Cartes no había policía por la tarde.

Renunciando a representar a todos sus vecinos, la regidora amplificó las voces que le llegaban contrarias al centro y no escuchó o no hizo por escuchar a quienes pensaban distinto o quienes simplemente no se pronunciaban. El efecto fue inmediato: no sólo la visibilidad conseguida por Vox estos días con un mensaje que es constante en su discurso político y que en este caso venía favorecido por la reacción del Ayuntamiento, que casi diez días después sigue sin rechazar los mensajes racistas de la extrema derecha (7 días tardó en usar la palabra bienvenidos para los menores de edad procedentes de países en vías de desarrollo o con conflicto). En ningún momento pareció tampoco querer dirigirse a la fundación Cuin, que gestionará el centro, una respetada asociación con 30 años de trayectoria que le hubiera explicado su proyecto, basado en la educación y la formación para la incorporación a la vida adulta.

“Nuestro trabajo es generar oportunidades”: así funcionará el centro de menores migrantes de Cartes

Su tardía e incompleta reacción contribuyó a un caldo de cultivo que ha hecho que las voces que piensan distinto a ella y a los críticos con el centro en Cartes se hayan sentido aislados, sufriendo insultos constantes en redes sociales y otros espacios. En medios de comunicación determinados enfoques también han silenciado esas voces, y su opinión no sólo merece respeto sino que no es minoritaria.

Ayer mismo difundíamos la de Sara Puaj, maestra y DJ en sus ratos libres, una voz cualificada no sólo por el respeto que se debe a la libertad de expresión, sino por, en un momento en el que el desconocimiento ha sido sustituido por teorías, prejuicios o predicciones del futuro, un mayor conocimiento de la realidad de los menores extranjeros, fruto tanto de su trabajo como docente como del de su familia en el centro de adultos de Torrelavega, al que recurren muchos extranjeros para formarse, las más de las veces mientras trabajan, y poder mejorar su situación laboral.

“Llevamos años viviendo con gente de otros países sin ningún tipo de problema”

Es una opinión que no es, ni de lejos, la única: desde la fundación Cuin estos días están recibiendo mensajes por todo tipo de vías (llamadas, mails, mensajes en redes sociales) que van desde el apoyo hasta los que le están trasladando directamente vecinos de Cartes, distanciándose de la corriente de opinión aparentemente mayoritaria y asumida por la alcalesa y, más aún, ofreciéndose a colaborar con ellos de la forma que sea: dando clases o proporcionando algún servicio o ayuda básica: «que sepáis que contáis con nosotros»,

Ya en la manifestación a favor de la acogida y en contra de los mensajes racistas del pasado domingo –recibida con insultos por el aspecto y otros tópicos por un grupo de vecinos críticos con el centro y entre los que había presencia de carteles y otros símbolos propagandísticos de Vox– hubo presencia de vecinos de Cartes, como la propia Sara.
O José María, que explicaba a EL FARADIO «que hay otra parte del pueblo que tampoco está en contra de esto porque no vemos ningún problema». «Nosotros vemos que se crea un problema pensando que ya son delincuentes. Eso no casa con nosotros», señalaba, apelando a «demostrar que hay otra visión del pueblo de esta cosa, de este problema que se ha creado». «que no hay pensamiento único». Y rebatía alguna de las objeciones, por ejemplo de la que no puedan vivir en una casa situada en un lugar histórico (el camino real), sin que haya importada antes que ese espacio sufra por la masificación de visitas que el Ayuntamiento ha causado en las últimas navidades con el árbol gigante (en realidad, un andamio) o el papa Noel volador: «se llena de gente por toneladas y no hay ningún problema, yahora 20 niños van a crear un problema, eEso es lo que nos molesta un poco.»
En la misma línea se expresaba en la manifestación otra vecina María,, que está «totalmente en contra de estas aberraciones que está haciendo la derecha». «Los niños no se tocan, no hay más, no hay más que hablar, no se tocan», sentenciaba, mientras confesaba que se sentía «avergonzada.
También matizaba la supuesta mayoría de voces, espoleada por la presencia en medios y una agresividad en redes sociales que muchas veces disuade o desanima a otros que no quieren recibir insultos (es decir, es una forma de limitar el debate y la libertad de expresión). «Yo creo que son los cuatro de siempre que saltan a dar cuatro voces. Creo que realmente el pueblo, si no hay problemas, se mantendría al margen de todo esto», señala, lamentando a su vez: «Yo creía que la gente de mi pueblo era más humana, y al ser mayoría absoluta del PSOE, gente más abierta que se supone, que no hayan parado esta reacción, es vergonzoso». Efectivamente, a estas alturas la alcaldesa no ha hecho ningún mensaje contra el racismo o los mensajes de odio, más bien de alguna manera los ha fomentado.
Otro vecino, Hugo, ha insistido en que la imagen de rechazo no representa al conjunto del municipio y ha defendido una lectura positiva de la llegada del centro de menores: «No todo el mundo en Cartes tiene la misma opinión sobre este tema. Yo creo que es una pena la situación que se está dando. Que haya tantos vecinos con pocas ganas de entender que es una oportunidad para el pueblo». Al contrario, sostiene que «hay que agradecer que seamos elegidos como un pueblo para mujeres y chavales». «Y que cualquier opinión que entorpezca o pueda generar una situación incómoda es un problema, tanto para ellos como para nosotros», advierte, confesando su sorpresa por la respuesta tanto de algunos vecinos como del Ayuntamiento.
El apoyo vecinal también se ha trasladado a las redes sociales, pese al clima hostil que se traduce en constantes insultos que oscilan entre las opiniones sobre el físico –cuesta ver a adultos poner en práctica comportamientos como los que tienen los bullying en colegios e institutos–, el «mételes en tu casa» que es una llamada a callarse –nuevamente, un intento de callar voces que piensan distint—. Y esta semana hemos visto algún mensaje de vecinas que señalaban que «también hay personas en el pueblo que creemos en el respeto, la acogida y la convivencia».
«Estos jóvenes llegan a un lugar nuevo y, como cualquier persona, necesitan sentirse recibidos con un mínimo de humanidad y amabilidad. Quería compartir este mensaje para que se sepa que no todas las voces que se escuchan representan a todo el vecindario, y que también hay quienes apostamos por un recibimiento tranquilo y respetuoso. Por eso, hago un llamamiento a aquellos vecinos y vecinas que piensan de forma similar, para que, si les parece, podamos organizarnos de alguna manera y en algún momento de su llegada, ofrecerles una bienvenida sencilla y amable, desde la calma y el respeto y ayudarles de alguna forma a que sientan nuestra hospitalidad», señalaba, en un mensaje que tuvo amplia repercusión, por supuesto la negativa, pero también bastantes, y en este caso bastantes más, en positivo.
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