La periodista cántabra Montse Ferreras presenta este miércoles en Gil su novela “Un camino de ida y vuelta”
La periodista cántabra Montse Ferreras presentará, el próximo miércoles, 11 de febrero, a las 19.00 horas, en la librería Gil de Santander, su novela “Un camino de ida y vuelta”.Se trata de una novela de aprendizaje en la que la protagonista, Eleonora Zamel, se enfrenta a un futuro prometedor al tiempo que salda cuentas con su pasado.
Una historia en clave femenina que se teje con hilos de muy diversa procedencia: infancia, amistad, sexualidad, pareja, ambición, violencia y destino. Todo confluye en una trepidante búsqueda de la identidad en la que Eleonora Zamel trata, a duras penas, de mantenerse a flote. La narración nosconduce a través de tiempos y localizaciones distintas;en medio de recuerdos y vivencias que transitan desde la aldea a la Gran Manzana, y en el contexto de un periodismo implacable y despiadado.
La novela ve la luz después de meses de trabajo y gracias al apoyo de Libros del Aire, una editorial nacida en Madrid, pero afincada en Cantabria, dirigida por el poeta y escritor, Carlos Alcorta, que trabaja con escritores de todo el país y que combina autores consagrados con emergentes.
Montse Ferreras Ibáñez (Polanco, 1977) es periodista y como tal ha ejercido en Cantabria durante quince años, en medios de comunicación (Localia TV, Cadena SER y TVE) y en el gabinete de prensa de la Consejería de Cultura Turismo y Deporte de Cantabria. Ha colaborado en publicaciones nacionales y regionales, y obtenido el premio María Sanz de Sautuola de Microrrelato por Naufragio. En la actualidad es profesora de Lengua Castellana y Literatura.
“Un camino de ida y vuelta” es un excelente debut literario, una magnífica ópera prima en la que se aprecia un duro trabajo de ensayo y error, un largo tiempo de procesamiento en la sala de máquinas, pues estamos ante una novela bellamente escrita, con un ritmo ajustado perfectamente a la narración, una novela que nos habla, entre otras cosas, del impulso vocacional, del desarraigo, de la infancia, pero proporcionalmente contemplada porque no se la trata solo como un momento y un espacio paradisíacos. Montse transita por esa zona ambivalente donde las niñas ya intuyen la violencia del mundo, aunque carezcan todavía de palabras para nombrarla.
Toda buena novela, y esta lo es, supone la materialización de un mundo construido a la luz de ciertas ideas que alumbran y dan vida a su ecosistema como si fuera un sol, por eso en “Un camino de ida y vuelta” estamos ante una historia de transformación vital, es una historia que duele y conforta a la vez. Hay sobriedad expresiva, la tensión es sutil y, sin embargo, creciente. Se apuesta por una contención que corrige, con elegancia, los actos y comportamientos más sórdidos, incluso en el hiato vital que supone la vuelta al origen, pero a medida que el lector avanza en la lectura, este se ve enfrentado al interrogante del ser humano esencialmente zarandeado de nuestros tiempos. Como se deduce de todo lo expuesto anteriormente, prima en estas páginas la reflexión sobre la naturaleza humana. Vemos cómo el desasosiego interno de la protagonista que le hace tomar determinadas decisiones, algunas veces equivocadas, con todo el peligro que eso supone.
Asistimos a una sátira del mundo periodístico a través del injusto sistema de prebendas laborales, contrasentidos, callejones sin salida, un absurdo que, probablemente, quienes llevan años dentro, quienes se pasan la vida deseando otra que no está a su alcance, no son capaces de visualizar. En un mundo este, el de la redacción de un periódico, en cierto modo claustrofóbico, dominado por unas fuerzas externas contra las que no se puede luchar y que imponen el lugar que ocupan los diferentes personajes que en él conviven.
De ahí que nuestra protagonista, Eleonora, ensaye una confrontación que no llega a ser rebelión, pero si un enfrentamiento soterrado con la figura de la autoridad, representada por su pareja. Asistimos en este proceso a un ejercicio narrativo de alta tensión emocional que nos hace preguntarnos ¿Cómo es posible que lo que parecían vínculos indestructibles se desvanezcan en un instante poco después de que la tragedia sacuda sus vidas? ¿Cómo entender que los afectos personales acaben envenenándose? ¿Cómo salir del profundo pozo del autoengaño en el que se ha hundido la protagonista para esconder su verdadero rostro? Las relaciones interpersonales que germinan en este ecosistema ―como he avanzado, la redacción de un periódico― son muy reveladoras. Quedan al descubierto unas reglas de comportamiento más propias del feudalismo medieval, los intereses de por medio, la evanescencia del amor y hasta qué punto pueden fluir con naturalidad o desbordarse las corrientes de simpatía y de complicidad que se dan entre compañeros de profesión.
Frente a eso, Eleonora toma unas decisiones que marcarán el devenir de su vida. Es consciente de que posee un hogar y de que las responsabilidades afectivas que le unen a su padre son irrompibles.