Unir los puntos
De pequeño me encantaban esos juegos de dibujar uniendo puntos. De mayor veo patrones por todos lados, y me pregunto desesperado si nadie más los ve.
Hace unos días, aparecieron fascistas en Cartes. Energúmenos que gritaban contra la llegada de unas personas que, sin esperanzas, decidieron jugarse la vida en la mar o saltando unas concertinas asesinas para poder tener un futuro.
Hay que estar tristemente desesperado para jugársela a todo o nada. Hay que ser muy poco persona para no ofrecerles una mano, pero ahí estuvieron aquellos gritando mensajes de odio racistas.
Quizá no se podía prever, quizá nadie estaba preparado.
Ese mismo fin de semana, los fascistas habituales de Santander, hacían un nuevo evento para promover mensajes de odio racistas.
Esto se sabía, estaba anunciado, nadie puede negarlo. Vecinos, autoridades, instituciones… todos, por inacción, participamos.
Estos son los últimos puntos, pero se unen con los sucesos de Badalona y Torre Pacheco. En la misma línea están los discursos de Vox o de su idolatrado Trump. Las proclamas que se sueltan en conferencias o apoyados en la barra de bar. Los asesinatos del ICE, el auge de la extrema derecha en América Latina, el imperialismo de Putin, o la represión en Irán. No nos engañemos, no son puntos aislados, unos se unen a otros descubriendo un dibujo global.
Nosotros, los ciudadanos anónimos como tú y yo, tenemos obligaciones como parte de la sociedad civil informada. Sabemos lo que está pasando y no podemos escurrir el bulto. ¿Qué les dirás mañana a tus hijos, nietos o sobrinos?
Quizá nos quede lejos Liam, ese niño secuestrado por los soldados usanos. Pero podemos defender a los que llegan a Cantabria, esos sí están a mano.
Quizá no podamos votar en Chile o Costa Rica, pero aquí hay tantos o más vendepatrias que pretenden distraernos con los que nada tienen mientras nos roban todo lo que nos da dignidad como la sanidad, la educación, la vivienda…
Los fascistas de Cartes quizá no les pudimos prever, pero los de Santander tienen su recorrido. Antes fueron Falange Cantabria y Frente Nacional, y les consentimos montar su bar clandestino sin licencia para atraer a jóvenes y esparcir su odio.
A este tipo de trasnochados, los medios los han pintado siempre de “nostálgicos del régimen”, gente inofensiva que no pueden hacer mal, pero los últimos años han expandido sus garras a Asturias, Castilla o Madrid mientras compadrean con los más extremistas de Francia e Italia, aquellos que son demasiado fascistas incluso para Le Pen o Meloni. Tan inofensivos como un lobo con piel de cordero.
Y de estas aguas aquellos lodos, porque los fascistas no surgen de manera espontánea en Cartes. La historia que se ha repetido durante décadas vuelve en nuestros días: se reprime el avance social, se enfrenta a los anteultimos con los últimos, respuestas sencillas a problemas complejos, individualismo, dedos acusando a los pobres, medios de asustaviejas al servicio de poderosos, política del miedo, corporativismo salvaje aplicado a naciones, apelar a los instintos, privatizar los derechos, machacar a quien intente revelarse… todo de primero de desinformación y de segundo de totalitarismo.
El dibujo que revelan estos puntos es tremendo, pero entre ellos, escondido, hay otro patrón.
Están los vecinos de Cartes que han salido a la calle a decir que a los niños no se les toca.
Están los antifascistas que se plantan constantemente frente a esos nostálgicos (no tan) inofensivos. Está el juez que ordenó liberar a Liam, los que protestan en Irán, Pasaje Seguro, los que resisten contra Rusia. Están los medios que informan y los políticos que no mienten. Estamos tú y yo pensando que algo habrá que hacer, y los niños que vienen por detrás hayan
nacido en Soba o en Marrakech.
En Cartes no todos son fascistas, los vecinos que protestaban han entrado en razón al ver que se les había arrimado la peor calaña, porque una cosa es tener ideas conservadoras y otra muy distinta que te utilicen los “nostálgicos” para promover el odio. Bien por ellos.
Cuentan que 30 de estos trasnochados volvieron este fin de semana a protestar a las puertas de la casa y la Guardia Civil los redirigió al Ayuntamiento aunque no sin mostrarles colegueo… es un paso ¡no se puede querer tener todo! También disolvieron a una peligrosa señora que había osado encararse con los fascistas. Ella, piense como piense es de los míos, de los que trazan otro patrón, de los que defienden los derechos.
Así que así estamos, si nadie actúa los derechos se van pisoteando, primero los de estos chicos, que total son negros y no importan. Luego vendrán los de los pobres, los pensionistas, los enfermos… y para cuando queramos reaccionar los tendremos llamando a nuestra puerta. No nos engañemos, llamarán, siempre llaman.
No tengo respuestas fáciles, pero sé que debo poner un punto y después otro. Por eso, este sábado me uniré al resto de Cantabria en una manifestación que demuestre que esta es una tierra que no consiente el odio, que hay líneas rojas que no se traspasan seas de izquierdas o de derechas y que no queremos a los fascistas con sus injerencias sembrando odio para
recoger beneficios. Todo lo que hacemos se convierte en un punto, pero son nuestros actos y podemos elegir qué patrón queremos que dibujen.
Sin excusas, sin medias tintas, toca posicionarse, ya sea del lado de los racistas o del lado de quienes les enfrentamos, pero ser imparcial no es posible cuando se cuestionan los derechos de las personas.

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