Leonora Carrington regresa a París: una retrospectiva revisa su exilio, su alquimia y su revolución simbólica
El Musée du Luxembourg, en París. dedica del 18 de febrero al 19 de julio de 2026 una gran retrospectiva a Leonora Carrington (1917-2011), concebida como un viaje a través de los desplazamientos físicos, simbólicos y espirituales que marcaron su trayectoria. La exposición, estructurada en seis secciones, propone una lectura que integra biografía, literatura, técnica pictórica y pensamiento esotérico, y sitúa a la creadora en el centro del surrealismo internacional.
El dossier pedagógico de la muestra define a Carrington como una artista “total”, que amalgamó influencias diversas en un lenguaje propio, y recuerda que fue celebrada en México durante décadas mientras permanecía relativamente poco conocida en Francia, y eso a pesar de la importancia que tuvo esta ciudad para su vida y obra. En este sentido, la retrospectiva se plantea como una restitución histórica y como una invitación a releer el surrealismo desde una perspectiva que incorpora género, exilio y metamorfosis.
La primera sección aborda sus orígenes en la Inglaterra de comienzos del siglo XX. Nacida en el seno de una familia de la alta burguesía, creció en Crookhey Hall entre normas sociales rígidas y las leyendas irlandesas transmitidas por su abuela. Fue expulsada de varios colegios católicos y enviada a Florencia, donde entró en contacto con el arte del Renacimiento . Con apenas quince años pintó la serie ‘Sisters of the Moon’, acuarelas protagonizadas por mujeres poderosas y criaturas fantásticas que ya anticipaban la centralidad de la figura femenina, la invención de mitologías personales y la convivencia entre lo humano y lo animal.
En 1937 conoció en Londres a Max Ernst , con quien inició una relación sentimental y artística que la llevó a instalarse en París. Allí se integró en el círculo surrealista liderado por André Breton y participó en la Exposición Internacional del Surrealismo de 1938, participando del movimiento pero desarrollando su propia voz.
La etapa en Saint-Martin-d’Ardèche, donde la pareja convirtió su casa en una “obra de arte total”, constituye uno de los núcleos narrativos de la muestra. Carrington pintaba muebles y ventanas mientras Ernst esculpía figuras en relieve en la fachada. En el inacabado ‘Self-Portrait with Max Ernst’ (1938), ella aparece como “la mariée du vent”, vestida de rojo y asociada a un caballo, mientras Ernst se identifica con Loplop, su alter ego aviar .
El estallido de la fracturó ese equilibrio. Ernst fue detenido como “extranjero enemigo” y Carrington huyó hacia España. El dossier recoge que, tras sufrir una violación grupal en Madrid a manos de milicianos falangistas, fue internada en un hospital psiquiátrico en Santander, donde fue sometida a tratamientos farmacológicos “extremadamente violentos” en el sanatorio del Doctor Morales (apellido que sigue conservando un parque a su nombre mientras el legado artístico de la artista sigue sin un reconocimiento que sería además desagravio). Aquel episodio marcó un punto de inflexión. Años después lo narraría en ‘En bas’ (‘Down Below’), publicado en 1945, texto clave para comprender su relación con la locura, la escritura y la supervivencia, reflejado también en un cuadro.
Sin el reconocimiento institucional en la ciudad que se niega a darle una reparación que compense su sufrimiento –aunque fuera por asociar su imagen a una artista que hoy goza de aprecio global en forma de exposiciones como esta-, fueron la cultura y el arte las que mantienen viva su figura, como la obra de teatro de Alberto Conejero –quien también dio vida a Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca, enterrado en Ciriego– que, a falta de citas en Santander, podremos ver en Barakaldo.
UN UNIVERSO PROPIO
En 1942 se instaló en México, donde entró en contacto con artistas exiliados como Remedios Varo o Benjamin Péret. México se convirtió en su puerto definitivo. Allí desarrolló una técnica basada en el temple al huevo, heredada de la tradición medieval, y se interesó por la estructura de la predela renacentista, con escenas narrativas organizadas en registros horizontales .
La maternidad y la creación de un hogar reaparecen como temas centrales. En ‘Retrato del Dr. Urbano Barnés’ (1946), pintado en agradecimiento al médico que asistió el nacimiento de su hijo Gabriel, el acto de dar vida se presenta como operación alquímica. El huevo, símbolo reiterado en su obra, aparece como emblema de transformación.
El recorrido incorpora la sección “Le voyage de l’héroïne”, que plantea su trayectoria como una relectura femenina del “viaje del héroe”. El dossier explica que sus viajes físicos e imaginarios, así como la experiencia del exilio y la nostalgia, confluyen en obras que representan la bilocación, es decir, la posibilidad de estar en dos lugares a la vez . En ‘Artes 110’ (1944), la artista flota entre dos orillas, guiada por una rosa de los vientos que simboliza la necesidad de orientación interior.
La dimensión esotérica atraviesa toda la exposición. Carrington se interesó por la alquimia, la cábala, el hinduismo y la psicología de Carl Gustav Jung, así como por textos como ‘Les grands initiés’ de Édouard Schuré o ‘The White Goddess’ de Robert Graves . En la llamada “cocina alquímica”, el espacio doméstico tradicionalmente asociado a la mujer se transforma en lugar de poder y conocimiento. Obras como ‘Grandmother Moorhead’s Aromatic Kitchen’ convierten la cocina en escenario ritual donde se mezclan ingredientes, símbolos mágicos y referencias a la mitología celta y mexicana.
El dossier también identifica motivos recurrentes en su pintura: el rojo vinculado a la magia femenina; el blanco y negro asociados a procesos alquímicos; la huida como gesto emancipador; y la presencia constante de animales, desde la hiena —con la que se identificó en el relato ‘La debutante’— hasta el caballo, su alter ego libre y en movimiento . La artista defendió una identidad no fija, basada en la metamorfosis y la hibridación entre especies, y participó en 1968 en el grupo Mujeres conciencia, anticipando planteamientos ecofeministas.
La exposición incluye además referencias a su producción literaria, escrita en inglés, francés y español, y propone actividades educativas, visitas guiadas y recursos digitales para ampliar la experiencia.
Con esta retrospectiva, París revisa no solo la trayectoria de una creadora vinculada al surrealismo, sino la construcción de un universo autónomo en el que arte, vida y pensamiento se funden en una narrativa de resistencia y transformación.
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