“Si no hay fotos, el mundo piensa que todo está bien”: el periodismo de resistencia de la generación saharaui que se resistió a la colonización cultural de Marruecos

EQUIPE MEDIA y EL FARADIO se reencuentra ante el público de La Vorágine siete años después del primer contacto que abrió su colaboración periodística. Los responsables de ambos medios iban a verse el pasado verano, cuando Marruecos expulsó a un equipo que acudía desde Cantabria a documentar los abusos que sufre el pueblo saharaui
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Quien hoy está al frente de la agencia periodística saharaui Equipe Media fue, hace años, un niño de los territorios saharauis ocupados por Marruecos que sentía que vivía en dos realidades distintas. En una de ellas sufría en la escuela un maltrato de los profesores que, notaba, se extendía a todos los estudiantes saharauis –y que era más crudo con aquellos chavales que tenían familia o en la cárcel o en los campamentos a los que se exilió buena parte de la población cuando Marruecos les echó de su tierra.  La inseguridad continuaba en las calles, donde recuerda esa Renault 4 «que secuestraba a la gente!,  y que, cuando preguntaba por él, le decían que  «era un coche que lleva a la gente a pasar vacaciones.”

En casa, mientras, su familia le enseñanzaba, en casa,  el idioma de su pueblo , en un barrio en se notaba esa vida a dos velocidades: “los colonos vivían una vida normal, tenían la tele encendida, con la ventana abierta y la puerta abierta”, mientras ellos vivían con puertas y ventanas cerradas, en especial, cuando -la estampa le sonara a quienes tuvieran familia comprometida políticamente en la España de los años 60 y 70– , escuchaban la radio clandestina saharaui.

Es parte de la historia activista que Ahmet Etanji desgranó el pasado viernes ante el público de La Vorágine, en un acto organizado por Cantabria por el Sáhara –miembro de la Coordinadora Cántabra de ONGDs– que suponía, además, un reencuentro: hace siete años el responsable de Equipe Media protagonizaba una entrevista en público con el periodista Oscar Allende, director de EL FARADIO, en la presentación del documental ‘Tres cámaras robadas’. El verano pasado, ambos periodistas iban a volver a verse, esta vez en el Sáhara ocupado, pero Marruecos frustó ese viaje al expulsarse a la delegación que acudía desde Cantabria, tras varios días de seguimientos policiales y militares.

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«PARA ENTRAR EN ESE CAMINO, TIENES QUE SER CAPAZ»

Del descubrimiento de esa realidad a dos velocidades pasó, pronto, a los 14 años, al activismo: “células clandestinas de estudiantes que hacían pintadas, compartían folletos”. Y que empezó a suponer consecuencias: registros en su casa, detenciones de compañeros. Comenzó a  ser rutina ir a comisaría a preocuparse por otros activistas. Es ahí cuando se produjo esa conversación con su padre, que fue quien le advirtió: “Para entrar en este camino, tienes que ser capaz. Si no eres capaz, no lo tomes”.

No era un intento de disuadirle, de protegerle (ese «no te metas en política» o en «líos» con el que las familias españolas trataban de alejar a sus hijos comprometidos de las garras de la policía franquista), sino, al contrario, un apoyo expreso que notó siempre cerca: «A mí me honra que la policía venga a buscarte porque estás luchando por tu país», le trasladó su padre, añadiendo que «lo que me haría sentir mal es que vieneran a buscarte porque has hecho algo malo». Siempre, como todos en la lucha saharaui, dejando claro que «hay muchas personas que han dado su vida por esta causa». Y con ese mensaje que le hizo sentir aliento y legado: “Si eres capaz y vas a aguantar, sigue adelante.”

Y no fue un camino fácil: ser activista en Marruecos deja huella en los aspectos más insospechados de la vida. Desde personas que no le saludan por la calle por no querer que se les relacione con su labor hasta un poso más invisible que te vuelve reservado hasta con tu propia familia.

Y siempre, siempre, el recuerdo, una presencia viva, a amigos que le han acompañado en la lucha: “Tengo compañeros que desde 2010 no sé nada de ellos. Estoy hablando de compañeros y amigos íntimos. Algunos desde 2017 están en una celda de aislamiento, sufriendo torturas y malos tratos”, enumera, mientras confiesa que piensa en ellos constantemente, en el precio que han pagado. “¿Cómo es su vida?” A veces imagina el paso del tiempo sobre ellos: “¿Tendrá canas? ¿Tendrá cáncer? ¿Estará enfermo?” Son preguntas que no tienen respuesta, pero que, según explica, le acompañan desde hace años.

La pregunta que le surge al pensar en ellos es siempre la misma: “¿Qué les voy a decir cuando salgan de la cárcel dentro de diez años?” No se imagina respondiendo que abandonó. Esa latencia es la que le hace definirse, pese todo lo que cuenta –y algunas cosas que no cuenta, desde la vigilancia, detenciones o malos tratos — como “privilegiado, entre comillas”, porque “no estamos en la cárcel”.

 

DE LAS PINTADAS A LOS MEDIOS

Acostumbrado a moverse entre pintadas, reuniones y manifestaciones (todo ello actividades rutinarias por aquí, prohibidas por allí), a Ahmet Etanji le produjo cierto recelo («¿De qué tonterías hablas? Déjame en la calle, en las manifestaciones. Yo no quiero tonterías»)  la idea de atacar por el frente mediático: en 2009 siete jóvenes –hoy dos de ellos están en la cárcel y otros dos exiliados– crearon Equipe Media. Sin formación académica, sin estudios de Periodismo, pero con un objetivo claro: “denunciar, informar y sensibilizar”. Periodismo de resistencia.

Encontraron en las imágenes un arma poderosísima para transmitir la verdad. Las captaban desde las azoteas: el único lugar seguro –y aún así– para conseguir retratar una manifestación. No siempre entendidos al principio, ni dentro de un pueblo que se siente casi condenado a la lucha armada, ni fuera entre los medios de comunicación desconfiados de todo lo que no viniera o de fuentes oficiales o de otros compañeros (una combinación imposible cuando el que vulnera los derechos es la fuente oficial y cuando uno de esos derechos, la libertad de expresión, es casi inexistente, como refleja no sólo la censura en el terreno, sino las campañas difamatorias contra los corresponsales que escriben para fuera del régimen).

Pero llegó, en todos los planos, poco a poco: desde premios internacionales hasta ser ellos mismos la fuente para otros periodistas –el propio EL FARADIO reproduce desde hace siete años, con firma propia para EQUIPE MEDIA, las informaciones que periódicamente les remite–, y, más allá de medios, el contacto con organizaciones internacionales de derechos humanos a quienes nutren de un amplio catálogo de abusos documentados para sus informes que rompen el relato pacífico de Marruecos: «hemos conseguido que el mundo, o una parte del mundo, sepa lo que está pasando (…) No es suficiente”.

Con su, más que una filosofía, prácticamente un lema, siempre presente: “Si no hay fotos, si no hay vídeos, si no hay testimonios, el mundo piensa que todo está bien. Y no está bien”.

El relato de éxito de EQUIPE MEDIA sigue sin ser un relato de éxito de la lucha de su pueblo. Como sabe todo aquel que lleve décadas siguiéndoles, todo es susceptible de ir a peor: “Desde la vuelta a la lucha armada, la situación se ha empeorado muchísimo.” Habla de “una asfixia total” y de “una situación extrema que yo nunca he visto desde 2005 hasta aquí”. “Nos controlan todo el día”, describe.

Aunque parte de los logros conseguidos por su trabajo y el de todo un pueblo son bastante elocuentes: :“Mi generación ha sido una generación que Marruecos ha apostado por nosotros, para marroquinizarnos, para que fueramos más marroquíes que los marroquíes”. Y, sin embargo, de esos chavales maltratados en las aulas y clandestinos en sus causas salió la Intifada de 2005, que sigue hoy en día en la calle o las azoteas: «les ha salido el tiro por la culata”.

 


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